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Durango, a 25 años de la visita del Papa Juan Pablo II

1-papa-1Después de subir a los altares, la figura de Su Santidad Juan Pablo II, “El Papa Viajero”, Durango recuerda hace 25 años la presencia del Pontífice que dejó gratos recuerdos entre los corazones de duranguenses y visitantes, católicos y no católicos, al evocar tal acontecimiento.
Lo que a principios de 1989 era un rumor, el 2 de agosto del mismo año era confirmado por el entonces arzobispo, Antonio López Aviña: “Juan Pablo II vendría a Durango en su segunda visita a México”, con todos los preparativos para el gran evento que pondría en el mapa nacional e internacional a Durango.
Entre los actores que mantienen fresco el recuerdo y tuvieron un importante papel dentro de la realización del evento, además de empresarios, comunicadores, miembros de la Iglesia Católica, asociaciones civiles, fueron el alcalde capitalino en ese momento, Jorge Clemente Mojica Vargas, hoy director general de Victoria de Durango y el exgobernador, José Ramírez Gamero, ahora dirigente local de la CTM.
Cada uno desde su particular punto de vista y compromiso tuvo un papel relevante como funcionario, pero cuentan ahora la parte humana y vivencial de los preparativos y el día en que convivieron por unas horas con el Santo Padre.

RECUERDO IMBORRABLE
Sentado en el sillón de su despacho donde adornan las paredes varias fotografías acompañando a Su Santidad aquel día, rememora con agrado cuando recibió la noticia de parte del arzobispo López Aviña y la confirmación directa del Presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, destacando ambos el acontecimiento sin precedente para la historia del estado.
Con miles de personas en las calles desde temprana hora en toda la ruta que recorrería Su Santidad, señala el exgobernador que todo estaba listo y preparado con meses de anticipación y la primera impresión al recibirlo en el aeropuerto fue enigmática y tocó su espíritu: “Fue impresionante para mí y para mi familia. La mirada tan primorosa que tenía cuando nos saludaba. Tuve la oportunidad de saludarlo varias veces y nos tocó la fortuna de ser de los estados en donde durmiera Juan Pablo. Estuvimos en el Arzobispado, al Cereso, con los empresarios y la Misa. Mi madrecita, en paz descanse, tuvo la dicha de recibir la Comunión del Santo Padre, eso lo recuerdo bien y me quedó grabado”, advierte conmovido.
Al referirse a los internos del Centro de Rehabilitación Social No. 1, afirma que aún hay quienes recuerdan con agrado un hecho que les cambió la vida y transformó para siempre, por su sencillez, por su humildad, “era un hombre lleno de bondad y de cariño”.
En el acto del Ricardo Castro destacó el mensaje a los empresarios y que tuvo mucho eco en todo el país. Igualmente la ordenación de un centenar de sacerdotes aquella tarde fue un hecho conmovedor, muchos duranguenses recibieron también la comunión ese 9 de mayo”.
“Los duranguenses nos quedamos con la enorme satisfacción de tener la visita de un hombre que indudablemente tarde que temprano tendría que ser santo, con un gran amor a todos los mexicanos y a todos los duranguenses. Me siento muy orgulloso de haberlo tenerlo aquí, de saludarlo y tenerlo unos momentos aquí”.

DURANGO NO FUE EL MISMO DESPUÉS DE SU VISITA
El compromiso no era menor. Era una tarea difícil contar con cerca de medio millón de católicos para recibir al Santo Padre y estar a la altura de todos los servicios, logística, seguridad y coordinación con autoridades estatales y federales para que todo saliera a la perfección con saldo blanco.
Alcalde en su tiempo, Jorge Clemente Mojica Vargas señala que la coordinación fue impecable, más que por el compromiso de que salieran bien las cosas por el ánimo y buenos deseos que mostraba la gente de participar y hacer historia con su granito de arena aquellos días, 9 y 10 de mayo de 1990, hace ya 25 años.
“Fue realmente una distinción para mí que me tocara, siendo alcalde del municipio de Durango, que nos visitara Su Santidad Juan Pablo II. Hubo una planeación de casi nueve meses para que todo saliera bien y trabajar con las diferentes instancias en aquel momento”.
Sostuvo Mojica Vargas que la visita despertó un gran ánimo e interés de la población, no solamente duranguenses sino de diferentes entidades del país que acudieron para ver al Santo Padre.
“La presencia de Juan Pablo II logró unificar a los duranguenses y nos demostró que con armonía e identidad podemos lograr muchas cosas para alcanzar un fin. Fueron muchos días de trabajo, pero hubo más satisfacciones que aún conservamos de aquellos días”.
Entre las anécdotas que recuerda el exalcalde, es que a pesar de lo arduo del trabajo principalmente para los trabajadores municipales que tuvieron a su responsabilidad los servicios al público, no cobraron las horas extras, día y noche, aun y cuando las jornadas fueron extenuantes y sin embargo por servir al fin de la visita estuvieron a la altura del compromiso y resaltaron el evento que puso en el plano nacional e internacional a Durango”.
Ahora una vez que alcanzó el rango de Santo dentro de la Iglesia Católica, refiere el director general de Victoria de Durango que los valores que proclamó y recordó Juan Pablo II en los eventos en que pudo dirigirse a quienes lo escucharon, están vigentes: paz, unidad, servicio a los demás, unidad familiar, ayudar a los que menos tienen, son valores que deben de retomarse y no perder vigencia ahora menos que nunca.

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