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Posadas, festejo desvirtuado

1-investigacion

Son pocas las familias que las celebran con espíritu religioso

 

Josélo Fuentes Delgado

Fiestas, pachangas, celebraciones, convivios decembrinos, festejos navideños, de cualquier forma se le ha llamado a las tradicionales posadas, para convertirlas, en todo, menos en la conmemoración cristiana de la espera al Nacimiento del Niño Jesús y el peregrinar durante esos días de José, María y Jesús, desde  Nazaret hasta Belén, como registran los Evangelios en la Biblia.

Líderes religiosos y representantes de la Iglesia Católica, reconocen en la total ausencia de prácticas de reflexión, fomento de valores, las buenas costumbres y la tradición en estos nuevos festejos donde predomina la música a todo volumen, excesos en la ingesta de bebidas alcohólicas y hasta drogas para justificar la alegría “artificial” y desmedida de una fiesta, sin la presencia de Dios como centro de la celebración.

Actualmente a todo festejo en el mes de diciembre se le denomina preposada, posada o hasta postposada, cuando la denominación real son festejos decembrinos, convivios navideños, pero no las tradicionales Posadas, que dicho sea de paso están en peligro de desaparecer a partir del desarraigo de la práctica en hogares mexicanos, quedando sólo en algunos barrios y colonias personas que de buena fe y con mucha voluntad mantienen vivas las tradiciones por décadas.

Colonias, barrios y fraccionamientos como en el tradicional  Barrio de Analco, la colonia Maderera, El Huizache I y II, así como el Barrio del “Tepeyac”, en calle Guadalupe en las inmediaciones del desaparecido “Mercadito” o Mercado “Independencia”, son de los pocos lugares, a excepción de templos y parroquias, donde encuentran aún arraigo las populares posadas en la capital donde participan chicos y grandes, evitando que mueran.

FUSIÓN DE CULTURAS
El “Panquetzaliztli”, es el 15vo mes del calendario Azteca, del 17 Diciembre – 5 Enero y tiene que ver con el nacimiento del dios  de la guerra, Huitzilopochtli. Durante este mes que se festeja la transición al invierno, ya que las celebraciones comienzan desde nueve noches antes de la entrada del invierno que correspondiente al 12 de Diciembre, después de esta fecha se realizan nueve noches con procesiones ó marchas nocturnas que terminan aproximadamente por el día Coatl (21-22 de Diciembre). Este periodo es  muy similar y coincide con  los festejos navideños en Europa.

De acuerdo a los textos de historia, durante la conquista española, para facilitar la Evangelización cristiana de las culturas y pueblos indígenas dicha  festividad fue reemplazada, como otras figuras, cultos y creencias prehispánicas.

Se habla que gracias a Fray Diego de Soria, surgen las primeras posadas en el México colonial cuando en 1587 solicita autorización al Papa Sixto V para realizar en todas las iglesias de la Nueva España misas de aguinaldo entre el 16 y el 23 de diciembre y en las que también se representaría la llegada de la Navidad.

Estas celebraciones cobraron tal fuerza que ya en el siglo XVIII se realizaban tanto en las iglesias como en muchas calles del país y cobraron arraigo en barrios y colonias, hasta llegar a las familias donde actualmente se practican pero amenazan con extinguirse.

Actualmente, en las posadas actuales los invitados se dividen en dos grupos, el primero se quedará en el interior de la casa y representará al posadero; mientras que afuera de la casa estará el segundo grupo representando a los peregrinos pidiendo posada. Entre ambos grupos cantan “villancicos”, donde unos piden posada, mientras otros la niegan; al cabo de unos cuantos versos los posaderos son convencidos de dar posada y dejan entrar a los peregrinos.

CELEBRACIÓNES SIN DIOS
“En estas fechas, toda celebración con motivo de la Navidad, su centro debe ser Dios, prepararse para la llegada del Salvador y dejar que entre en nuestros corazones, en nuestro hogar, en el trabajo, naciendo con Él de nuevo y entregando lo mejor de nosotros mismos”, declaró el arzobispo, José Antonio Fernández Hurtado.

En su reflexión con relación a las posadas, señala el Jerarca  que si bien han perdido sentido las celebraciones para derivar en supuestas posadas, donde hay de todo menos el amor a Dios, debe retomarse  y ver el sentido real y verdadero de la evangelización con los actos de un buen cristiano, en el amor a los demás, la tolerancia, el fomento de valores y las tradiciones.

“La máxima para este periodo de espera, de consolidar el amor a Dios y a los demás es el compartir. Compartir nuestro tiempo, nuestras pertenencias, lo que tengamos y no lo de sobra, sino el dar además de lo material lo espiritual. Visitar al preso, al enfermo, al abandonado, reconciliarnos con quien tuvimos alguna discusión, practicar la misericordia en este año dedicado a ella”, dijo.

Por su parte, Sergio Saucedo, sacerdote colaborador en el templo de la Divina Providencia, resaltó el trabajo hecho con niños de la Parroquia en este sentido de arraigar la verdadera celebración de las posadas y el tiempo de espera previo al gran día cuando nace Jesús “El Salvador”, en condiciones muy humildes.

En las posadas del templo se habla un poco acerca de los que son.  Se da una explicación a los niños, rezamos y pedimos posada con los peregrinos como debe de ser. Ahora son ocasión para el relajo, para beber, celebrar todo menos el Nacimiento de Jesús y el tiempo de espera en la renovación interna del espíritu, lejos de la cena tradicional, de los regalos, lo importante es el motivo y par quien será esa celebración.

MÁS DE 50 AÑOS DE TRADICIÓN
Es en el Barrio del Tepeyac, en calle Guadalupe donde hace más de 50 años la tradición sobrevive y varias familias no la dejan morir para organizar las posadas en cada año con la participación de vecinos del lugar, incluso con la participación de personas y niños de otras colonias y barrios de la capital.

Una maestra jubilada, de nombre Aurelita (+), tenía muy arraigada la tradición al punto de promoverla con los niños de la calle y preservarla con cantos y la práctica tradicional del pedir posada, rezar en cada domicilio y entregar un modesto aguinaldo, o alguna fruta como las naranjas o cañas a los niños que acudían a rezar.

A principios de la década de los ’70, Doña Raquel Delgado Juárez (+), retomó la tradición para realizarla entre vecinos de la calle y su familia. Fue hasta la noche del 18 de diciembre de 2013 cuando falleció, después de rezar por la tarde su posada “rosario en mano”, para continuar a la fecha sus hijas con la organización. El 25 de diciembre de ese año cumpliría los 74 años pero su memoria sigue en la costumbre de una tradición que se resiste a desaparecer.

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