Duras batallas contra cáncer



Piel, pulmón, lengua, matriz, ojos, el cáncer no respeta una sola parte del cuerpo humano y la única herramienta que se tiene para evitarlo es llevar una vida sana y mantener un constante chequeo médico.
Ana Lidia Gurrola Rivera, una mujer de 43 años de edad, comparte su historia.
Se considera independiente. Desde que tuvo a su primer hijo no le pide nada a nadie y vive por sus propios méritos. Es divorciada y en estos momentos solo vive de lo que le da su exesposo de pensión alimenticia para su hija en común, Ana Estefanía Garay Gurrola.
Ana Lidia descubrió que tenía miomas con un médico particular quien le sugirió una operación de urgencia, pero sin recursos ella no tenía manera de costear esa intervención. Fue por eso que con estudios de ultrasonido en mano fue con el médico del Seguro Popular para exponerle la situación. No era nada de cuidado pues el médico le explicó que eso se podía solucionar quitando la matriz y ella accedió porque ya no tenía planeado tener más hijos.
Había que realizarse una serie de estudios antes, el médico la canalizó para el análisis de sangre de rutina y el Papanicolaou. Es en este último que le dan malas noticias.
“Me dijo la doctora, salió algo mal, hay que hacer una biopsia y en los resultados salió que tenía cáncer in situ”, dijo.
Es lo último que Ana esperaba escuchar, pero su realidad cambió de la noche a la mañana. La buena noticia fue que había solución, el cáncer en la matriz se podía quitar con la operación que ya le habían ofrecido, porque “in situ” significa un cáncer que está localizado y no se ha movido de un lugar específico.
“No sé qué fue lo que pasó, si fue error del médico, no me dijeron nada, solo me dijeron que no se pudo hacer nada”, agregó.
Ana vio pasar una oportunidad que prometía ser muy valiosa para su recuperación. Después de haber sido operada en Matamoros, Coahuila, su lugar de origen, le comunican que quedó parte del cáncer en la matriz, que les fue imposible retirarlo.
El Seguro Popular en Matamoros ya no podía cubrirle el tratamiento que necesitaba, es por eso que la canalizan con un médico particular quien le dice que le dará tratamiento en Durango a través del Seguro Popular. Ana llegó a Gómez Palacio y de ahí su atención comenzó recientemente en el Centro Estatal de Cancerología de Durango.
“Llegar a una ciudad donde no tienes a nadie es muy difícil, y más aún cuando se enfrenta al cáncer”.
Ana, sola, comenzó a recibir su tratamiento de radiación en el Centro de Cancerología apenas el miércoles 9 de agosto y fue a recomendación de un taxista que llegó al albergue “El Divino Niño”, donde su experiencia fue desafortunada.
“Llegué a ese albergue, nos ponen las reglas de que debemos de estar levantadas desde las seis de la mañana tengas lo que tengas, a las seis de la mañana tienes que estar fuera del cuarto”, explicó.
Con lágrimas en los ojos relató el maltrato del que fue objeto, pues su primera sesión de radiación le trajo efectos muy fuertes y el jueves por la mañana se sentía muy mal. Eso no le importó a la encargada del albergue, Ana quería descansar y se dirigió al cuarto, pero la encargada del albergue la sacó y le dijo “no pueden usar la cama sino es para dormir en la noche”.
Sus compañeras del albergue explicaron que Ana se sentía mal por su tratamiento pero no fue suficiente, “ella me dijo que se sentía uno mal nada después de la radiación y que 15 minutos podía nada más descansar”.
Naturalmente Ana quería salir de ese albergue, pero ¿a dónde?, ella no cuenta con recursos para hospedarse en un hotel, por más modesto que sea.
En el albergue “El Niño Divino”, además de no permitirles descansar durante el día, se les obliga a lavar toda la ropa de cama que usaron antes de irse. Ana con dos meses de haber sido operada en Matamoros, no puede cargar cosas pesadas, pero una señora que también se hospeda ahí, la ayudó.
Le comentaron que había otro albergue cerca del hospital, en calle Carlos León de la Peña, y temerosa de sufrir la misma suerte acudió al lugar. Lo primero que hizo fue pedir que le leyeran el reglamento, y dice que quedó satisfecha pues el trato y servicio que se ofrecen gratuitamente, le han ayudado mucho y le han permitido sobrellevar su enfermedad.
Ana tiene tres hijos, el más grande ya está casado y vive aparte, la segunda hija tiene 18 años y estudia y trabaja, y su hija más chica tiene 11 años, es quien vive con ella y quien ahora la acompaña en su tratamiento contra el cáncer.
La asociación civil Centro de Ayuda Servicio y Apoyo (CASA) fue quien la recibió con los brazos abiertos, y desde la semana pasada ha seguido su tratamiento y ha tenido la oportunidad de que su hija la acompañe.
Ana tendrá que pasar por 25 días de tratamiento. De lunes a viernes recibe radioterapia, dice que ya no ha tenido grandes malestares y gracias al apoyo del albergue que le brinda CASA puede descansar y alimentarse bien.
Su diagnóstico aún es reservado, será hasta después de esos 25 días que sabrá, con la ayuda de nuevos estudios, si los miomas se redujeron o no. Dice que no se le ha informado en qué etapa de progreso está su cáncer, lo único que sabe es que la radiación podría salvarle la vida.

UN ACTO DE AYUDA
CASA es una asociación que lleva 20 años de trayectoria, y su fundación obedece a otra historia de cáncer, la que vivió la fundadora y actual presidenta, según lo que platicó Mayra Liliana Marrufo Sada, administradora de CASA.
Esto comenzó con la intensión de ayudar, bajo consejerías, a jóvenes para evitar el aborto. Sus primeras acciones fueron la orientación a jóvenes y adultos pero los servicios se ampliaron a raíz de que la presidenta de la Asociación tenía una hija con cáncer.
Ella pasó por todo el proceso difícil de tener a un familiar enfermo, acompañarlo en su tratamiento y vio que existía la necesidad de atención a todos los familiares de personas con cáncer por la soledad y tristeza que se vive.
Así es como surge la idea del comedor y hace diez años se sirven más mil 200 platillos al mes a personas de escasos recursos que están recibiendo tratamiento en los hospitales y a sus familiares que los acompañan. No se trata solamente de alimentar el cuerpo, en el comedor de CASA también se alimenta el alma, pues los comensales comparten su historia, reciben consejería y son acompañados en su duelo.
Siempre hay algo más que hacer y CASA no se quedó hasta ahí, había un proyecto, contar con un albergue para personas de escasos recursos, especialmente niños con cáncer, pues vieron que muchos tenían que recibir tratamiento por un lapso prolongado y no tenían en donde quedarse.
Surge el albergue Mi Casa tras la ayuda de Rafa Jaime Jaramillo, primer triatleta invidente, sobreviviente de cáncer. Él pierde un ojo de niño y más grande descubre que el cáncer volvió y tiene que deshacerse de su otro ojo para sobrevivir.
Rafa decide dedicar su vida a algo productivo y se entrega de lleno al deporte. Hace tres años contactó a la asociación CASA y les propuso realizar una carrera para recaudar fondos para ayudar a los niños con cáncer.
No hay dinero que alcance para ayudar a los niños con cáncer y lo más redituable fue iniciar con el albergue.
Se recaudó dinero suficiente para pagar la renta de un año para el albergue, pero no tenían mobiliario, sin embargo a base de donaciones pudieron abrir y poner a disposición de la gente más necesitada este servicio.
Hoy el albergue sirve para hospedar a niños, niñas y mujeres solamente, pues el acceso a los hombres es más riesgoso, reconoció. Sin embargo al mes se atiende a un aproximado de 60 personas.
Entre consejerías, alimentación y albergue, CASA apoya a más de mil 600 familias al mes, y la intensión es ir por más, contar con un lugar propio para poder ampliar su espectro de ayuda, pues hoy el financiamiento se logra en base a recurso de Indesol y donaciones.

CIFRAS
Mario Lugo Nevares, director del Centro de Cancerología en Durango, compartió que en el primer semestre del año se han recibido 437 pacientes adultos nuevos.
Desafortunadamente la mayor parte de las personas que acuden al Centro tienen un cáncer en etapa tres, con tumores ya muy avanzados y, a decir del médico, esto es producto de que no hay una detección oportuna porque no se tiene la cultura de realizarse un chequeo médico anual.
El 30 por ciento de estos 437 pacientes nuevos corresponden a cáncer de mama, ubicado como el cáncer más frecuente que se recibe, le sigue el cervicouterino, de piel, de próstata, colon y recto.
En el caso de los niños son 34 los pacientes que han llegado por primera vez, prácticamente la mitad son casos de leucemia linfoblástica aguda, pero la buena noticia es que este tipo de cáncer se puede curar con mayor facilidad.
¿Por qué un chequeo anual?, la respuesta es simple, un cáncer detectado oportunamente, en su primera etapa, tiene un 95 por ciento de probabilidades de curación. Cuando un paciente acude con un cáncer en etapa cuatro es cuando su tumor ya tiene diseminación, es decir, se ha producido metástasis y el mal de ha expandido a varios órganos del cuerpo. Estos últimos son pacientes a los que solo se les puede ofrecer un tratamiento paliativo.
“El problema en México es que nos llegan en etapas avanzadas y por eso no podemos repercutir en la baja de la mortalidad del cáncer”, subrayó.
En Durango, un total de 56 pacientes han muerto a causa del cáncer en el primer semestre del año, de ellos 11 fueron niños, 26 mujeres y 19 hombres.
No puede existir miedo, pena o desidia, porque el cáncer no a va a perdonar y medicamente no se puede hacer nada más que detectarlo a tiempo para que no tome la vida de un paciente. En ese sentido, no hay que perder de vista que el cáncer es una enfermedad desastrosa, pero no imposible de vencer, siempre y cuando se detecte a tiempo.

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