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En un instante le cambió la vida

Para Silvia Georgina Rangel Escárzaga, el mes de noviembre del año 2016 quedará marcado para toda su vida, y es que en esa fecha ella y su esposo sufrieron un accidente carretero tras una distracción de segundos, en el percance carretero él murió, ella quedó con secuelas de por vida.

En este espacio daremos a conocer su testimonio de cómo fue el accidente, los difíciles momentos que pasó después de éste, el entrar en un cuadro depresivo muy profundo, y la nueva oportunidad que Dios le está brindando por vivir.

Georgina y su esposo Óscar Rodolfo Herrera Alvarez Tostado, fueron a Querétaro a un Rally de Harley, una vez terminado el evento, el 21 de noviembre del año en mención, emprendieron el viaje de regreso a Durango, sin embargo, en un instante todo cambió.

“El cambio en mi vida ocurrió a partir de un accidente que sucedió en cuestiones de segundos, una distracción, mi esposo y yo veníamos en motocicleta, fuimos a Querétaro a un evento precisamente de motos, la distracción fue por checar la maleta, mi esposo venía manejando, veníamos por la autopista y él volteó a ver cómo venía la maleta, al regresar la mirada hacia el frente, ya teníamos el muro de contención prácticamente encima, ya no pudo evitar el impacto y tras éste yo salgo dispara cerca de 15 metros, mi esposo se aferra a la moto solo que él murió casi al instante”, dijo Georgina con una voz entrecortada.

Tras el percance, ella fue trasladada a Querétaro, sin embargo, su atención médica no fue de inmediato, pues en un par de nosocomios no la quisieron recibir por cuestiones burocráticas, siendo hasta la madrugada del día siguiente en que en la clínica del IMSS de ese estado la pudieron intervenir quirúrgicamente, y fue hasta que dieron con su número de seguro social.

Ella sufrió fracturas expuestas en la pierna izquierda y en la pelvis, además severos golpes internos, reportándose su estado de salud como grave, incluso los médicos daban pocas esperanzas de vida, y es que en un momento dado, los mismos galenos pidieron a sus familiares que se despidieran de ella puesto que dudaban que fuera a sobrevivir.

Georgina, estuvo internada por algunos días en el IMSS después en un hospital particular de aquella entidad en donde poco a poco se fue recuperando, sin embargo, aún no le pasaban la noticia de que su esposo había fallecido en el lugar del accidente; en un momento dado, le informaron solo que en ese momento no lo pudo asimilar, fueron momentos complicados, dice.

“Mi casco se partió, pero gracias a éste pude sobrevivir, el accidente fue sobre la autopista Querétaro – San Luis Potosí y fue como a las tres de la tarde, me dicen que la ambulancia tardó en llegar como una hora, que es más o menos el tiempo que llevábamos de camino, yo me entero que mi esposo falleció hasta 17 días después; me han realizado hasta ahorita siete cirugías, traigo placas de titanio, clavos y cicatrices, pero ya no me da ni miedo ni pena platicarlo ni que me vean así, poco a poco he ido superando este trance”.

“A los pocos días de estar internada allá (Querétaro), y después de que mi familia da conmigo porque no les podían dar razón de dónde me encontraba, platican con los médicos, uno de ellos le dice que ahí ya no hay nada que hacer por su hija, es necesario que la trasladen a un hospital de tercer nivel si es que quiere que su hija sobreviva porque aquí no hay ni las herramientas ni lo que se necesita para poder intervenirla, después me trasladan al Hospital Ángeles, en donde la atención médica fue mucho mejor”.

Una vez que notaron mejoría en ella, decidieron trasladarla a Durango, quedando internada en el Hospital La Paz, en donde continuó su tratamiento, ahí comenzó el trabajo del ortopedista.
Al paso de los días comienza su recuperación física aunque con muchas complicaciones y consecuencias, sin embargo, el aspecto mental se vino abajo y cada día era peor, hasta llegar un momento en entrar en un cuadro depresivo de incluso llegar a quitarse la vida.

Llegó la etapa en que no quería ver a nadie, no quería comer, ni salir de casa, ya no quería nada, solo pensaba en lo peor.
Por fortuna, ni su familia ni sus amigos y amigas la dejaron sola, comenzaron a motivarla, comprendió la situación en la que se encontraba, hasta que llegó un buen día en que cambió su forma de pensar, fue en ese momento en que decidió comenzar a dejar todo atrás y volver a la vida.

Inició su proceso de rehabilitación apoyado en todo momento por el ortopedista; primero a levantarse de la cama, a comenzar a usar silla de ruedas, a dar pasos cortos, hasta que pudo tener más movilidad, luego entró al gimnasio y aunque aún tiene mucho dolor, día a día está haciendo lo necesario por vivir.

En este proceso de rehabilitación, se le abrió una oportunidad laboral, fue contratada en la compañía de Seguros Quálitas, en donde ha recibido el apoyo de la directora de dicha compañía para que supere sus traumas, y para que de alguna manera lleve un mensaje a quienes conducen un vehículo a motor pero sobre todo a quienes conducen motocicletas.

Ella mejor que nadie sabe que los accidentes ocurren en cualquier instante, y en ese instante cambia la vida por completo, a Georgina, la vida le brindó una segunda oportunidad.

“Entré a trabajar a esta compañía muy motivada, es una gran compañía, se preocupa mucho por la concientización en la prevención de accidentes, se preocupa mucho por sus promotores, sin embargo, llegó un momento en que me alejé, como que iba a entrar de nuevo a un cuadro depresivo, por fortuna, Azucena Medina Robledo, quien es la directora, no me soltó, me motivó mucho, me apoyó, y ahora lo que estoy haciendo es dar mi testimonio sobre mi experiencia de vida con la finalidad de que las personas tomen conciencia de que los accidentes se pueden prevenir. Ahora sé la importancia de contar con un seguro de vida, ahora sé la importancia de usar casco si vas en moto, de usar el cinturón de seguridad, de no contestar mensajes ni llamar por teléfono, ojalá y que mi experiencia vivida llegue a muchas personas para que tomen conciencia”.

 

 

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