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Pesa carga de su hijo con parálisis cerebral


Tiene 30 años, pero su condición es de un menor de tan solo dos años.
Difícilmente camina y está totalmente a cargo de su madre. Ellos viven en una pequeña casa de madera en la colonia La Ponderosa.
María del Rosario tiene más de 60 años de edad y desde hace más de 10 años habita una vivienda de madera, plástico y cartón en la referida colonia, pero siente que sus fuerzas no bastan para poder con la obligación de su hijo.
La habitación no es muy grande, apenas pide 3×3 metros y sólo hay dos camas, una matrimonial y una individual. La primera es para doña Chayo y Manuelito, quien, por la adicción de su padre a las drogas y el alcohol, tiene una malformación en el cerebro que ya venía pronosticada y ahora el joven de 30 años está destinado a estar acostado o a una silla de ruedas, con pocas posibilidades para valerse por sí mismo.
Hay un ropero saturado de ropa y encima del mueble de madera una televisión de la cual Manuelito no pierde detalles de las imágenes y sonidos.
La cama individual es de otro de sus hijos que trabaja de albañil y es quien provee gran parte del ingreso para satisfacer las necesidades primarias de la familia, en ocasiones, para darle a su hermano y a su madre, se queda sin comer o no lleva lonche al trabajo.
“Es difícil. Yo sola y algunos de mis hijos son los que me ayudan a salir adelante. De lo contrario no se qué habría pasado conmigo y Manuelito. Hay días que no tenemos nada que comer y ya alguno de mis muchachos nos da para alguna tortilla, frijoles y chilito, pero Manuel no come picante. Es como un niño de dos años de edad que debo estar al pendiente de él”, advierte doña Chayo.
Por si fuera poco, un compadre se arrepintió de haberle prestado la casa que habita y ahora se la reclama, aunque la Coesvi ha estudiado el caso que puede solucionarse fácilmente mediante un acuerdo y que el terreno pase a patrimonio materno.
“Quisiera que alguien me ayudara, que me apoyara. Soy muy grande para trabajar y no puedo dejar sólo a Manuelito, no tengo quien me lo cuide. Además requiere de muchas atenciones, cuidados. Además de su alimentación lo que más le hace falta son pañales para adulto, porque es prácticamente un bebé y nadie lo va querer como yo ni a cuidarlo”.
De nuevo siente que la voluntad le falta y las fuerzas también. Llora y se desespera.

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