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“Todo se acabó con el incendio”

En el albergue indígena ubicado sobre la calle de Alberto Terrones, entre Paloma y Aquiles Serdán, están asentadas aproximadamente 60 familias, entre hombres, mujeres y niños, sin embargo, todos viven en condiciones deplorables y de miseria.
Dicho lugar, hace una semana fue devastado luego de que un incendio terminara con prácticamente todo, dejando aún más en vulnerabilidad a las decenas de familias que ahí se encontraban y quienes al paso de los días, simplemente limpiaron su espacio, y se volvieron a instalar; a la fecha, la mayoría de éstas decidió regresar y comenzar de nuevo.
El señor Juan Mendía Soto, uno de los encargados del albergue, comentó que si antes del incendio la pasaban mal, ahora están viviendo en peores condiciones.
“Ahora la estamos pasando muy mal, pues así como lo ven, las casitas que teníamos ya no existen, todo se acabó con el incendio que sucedió hace una semana, todo era de cartón, de madera, de lámina, y por eso todo prendió fácilmente, a lo mejor si hubiera sido de material, nada de esto hubiera pasado, ahorita están casi todas las familias, casi todos nos regresamos a este lugar, pues no hay a dónde ir”, dijo Mendía Soto.
Comentó que después del incendio, cada familia limpió su espacio y de a como pudo hizo su cuartito, unos se acuestan en el suelo, otros donde pueden con lo que les quedó, y es que la gran mayoría perdió todas sus pertenencias.
“Aquí estábamos cuando pasó el incendio, nos asustamos, yo estaba hasta acá atrás, y luego luego las llamas alcanzaron todo, yo nomás agarré a los chiquillos y los saqué, después saqué la camioneta que está ahí, acá por la calle de Porras, pero todo se nos quemó”.
Cabe mencionar que este terreno es propiedad de la comunidad de Santa María de Ocotán, por lo que familias de los 32 anexos tienen el derecho de hacer uso de ese lugar.
Por temporadas, familias vienen a radicar a la capital del estado, luego se regresan a sus comunidades, por lo que dicho albergue siempre está lleno.
En lo que respecta a los niños, quienes por cierto son la mayoría, en su natural inocencia no miden la magnitud de la situación de pobreza en la que se encuentran, ellos simple ven pasar el tiempo, aprovechan la luz del día para jugar, y si se puede para comer, ellos, ahí viven en su mundo, y como dicen ahí, ya les llegará el momento de trabajar, eso sí, a temprana edad.
En el interior del albergue hay dos escuelas, es decir, un par de espacios habilitados como aulas en donde les imparten su educación preescolar y primaria a los niños que ahí habitan.
El señor Mendía comentó que se tienen instructores de sus mismas comunidades quienes les imparten clases, éstos avalados por la Secretaría de Educación.
Uno de estos espacios también fue alcanzado por las llamaradas, causándole serios daños.
El entrevistado dio a conocer que cuando había bosque allá en Santa María de Ocotán, había dinero para las familias, pero nomás se lo acabaron los que fueron a explotar el bosque, se declaró la veda, y las familias se comenzaron a quedar sin dinero.
Al paso del tiempo, dijo, las necesidades fueron creciendo, por ello, decenas de familias tuvieron que salirse de sus comunidades y se vinieron a la capital del estado, asentándose en el albergue indígena.
Cabe agregar que son las mujeres las que más salen a trabajar, hay aquí personas que les dieron trabajo en sus negocios, los hombres trabajan en menor medida y en lo que pueden.
“Hace años cuando había madera, había dinero y con eso se pudo comprar el terreno en donde ahora está este albergue, aquí no pagamos renta, pero sí debemos pagar los otros impuestos como el predial”.
Se pudo constatar que desde hace muchos años no se ha pagado el impuesto predial, además de que la luz la están agarrando de forma irregular.

SIN CERTEZA JURÍDICA
A decir del entrevistado, este terreno, aunque es propiedad de la comunidad de Santa María de Ocotán, no cuenta con las escrituras que les pueda brindar una certeza jurídica.
Y es que en la Comisión para el Desarrollo de los Pueblo Indígenas solo les prometieron que les arreglarían el tema de las escrituras, sin embargo, han pasado los años y no les han hecho caso.
Así mismo dijo que no les han ofrecido ayuda después del incendio, es por eso que aún siguen viviendo en condiciones deplorables.
Se da a conocer que debido a sus costumbres, éstas no les permiten realizar algunas de las actividades que el resto de la ciudadanía las hace con normalidad, un ejemplo es la sociabilidad.

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