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Viven con miedo a los derrumbes

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La erosión, el sol y las lluvias, continuamente desgastando la tierra que las sostiene, mantienen bajo constante riesgo e incertidumbre a los vecinos del cerro de la colonia Rosas del Tepeyac, quienes ya viven bajo condiciones extremas al no contar con una vivienda y calles dignas.
Hace poco más de un año, una piedra de grandes dimensiones y decenas de toneladas estuvieron a punto de matar a los moradores de la vivienda de Doña Dolores Rivas, quien vive en privada de Xóchitl de la citada colonia, cuando en el cuarto posterior una gran roca derribó la barda y penetró en la casa.
El lugar se encuentra en la privada, sobre Tláloc, casi esquina con Sahuatoba, de la colonia Rosas del Tepeyac.
De lejos puede verse el nuevo Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe y hay una perspectiva de las colonias del norte de la ciudad, entre ellas la Morga, Maderera, Santa María y Lázaro Cárdenas.
Para llegar ahí hay que subir por algunas piedras y lodo. Es la única privada sin escaleras de cemento o pavimento hidráulico; algunas calles tienen subidas caprichosas que con trabajos pueden subir los habitantes, más aquellos de avanzada edad.
Doña Dolores tiene más de 40 años que llegó al lugar construido sobre las faldas del cerro y recuerda que era un cuarto construido sobre las piedras y si se animó a vivir ahí fue por mera necesidad, ahora es su patrimonio el que está en juego.
“Nos vendieron a mi esposo y a mí un cuartito construido. Lo demás lo levantamos conforme teníamos dinero y aquí estamos. Sí tenemos miedo de que alguna otra roca pudiera desprenderse y se lleve todas las casas y jacales, pocas son totalmente de material porque cuentan con cuartitos de madera y lámina”, dice Doña Lola.

PAISAJE PELIGROSO
Al subir a la azotea de una de las casas, cerca de la de Doña Lola, puede apreciarse un bello pero peligroso paisaje. Piedras calizas de gran tamaño con fisuras y algunas adornadas con grafiti. Hay una cuya perspectiva desde abajo pareciera estar sujeta de nada y cuya base pudiera colapsar en cualquier momento, tiene una “esvástica” con aerosol azul y blanco.
Bajo unos árboles hay una pequeña covacha o cueva, de aproximadamente seis metros de profundidad. Cuentan los moradores del lugar que tuvieron que bloquear con una roca la entrada para evitar fuera nido de malvivientes o hicieran alguna fechoría mayor con algún inocente.
Protección Civil Municipal acudió aquella vez cuando se desprendió la roca y la demolió pero no han regresado.
Cada vez que llueve la privada se convierte literalmente en un río, el cual va deslavando la roca y convierte el acceso en un lugar peligroso, sin contar que el agua deteriora la piedra que algún día puede simplemente caer y arrasar con todo a su paso.

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