MINUTO X MINUTO

Terapia con ritmo

Terapia con ritmo



La estimulación infantil por medio de melodías fomenta el desarrollo mental, afectivo y motor, cuenta el musicoterapeuta Pablo Torres.

“Es una actividad que se disfruta, pues no hay niño que no muestre interés en el sonido. Eso nos permite entrar en su mundo y hacer maravillas con su desarrollo porque la estimulación musical no tiene límite”, comenta el especialista.
Lo mismo lo recomienda para embarazadas -un tratamiento antes de la semana 20 y otro para la etapa final- que en niños de hasta 8 años de edad.

Así, por ejemplo, al compás de la guitarra y un par de tecomates (vasijas), los bebés de entre cero y 2 años se divierten en un espacio diseñado para desarrollar sus capacidades mediante canciones entonadas por sus papás.

Con ello, en lo cognitivo, se fortalece la memoria de los pequeños, aumenta su creatividad y se desarrolla el pensamiento matemático.

Por otra parte, en lo afectivo, los padres entienden el proceso de desarrollo de sus hijos, comparten tiempo de calidad y realmente fortalecen vínculos.

“Hace que entiendan al otro. La música logra una formación de valores y, además, de percibir la sensación de movimiento desde gatear, correr y, finalmente, dominar un instrumento”, menciona el director del Centro de Estimulación Musical.
Tras integrar la música a la vida de los bebés, es posible darles lecciones de algún instrumento.

“Es maravilloso verlos a los 6 o 7 años. Aquí hacemos conciertos en los que interpretan a los grandes, como Beethoven o Vivaldi. Desarrollan mucho el oído y su capacidad mental en todas las áreas”, dice.

En especial, estas técnicas resultan útiles para infantes con autismo, síndrome de Down o trastorno de déficit de atención.

“Para un niño autista, la música es el mundo. Es la mejor terapia. Nosotros tenemos casos de autistas bien regularizados porque la música integra, en él, todo aprendizaje significativo. Para ellos se aconsejan más de dos sesiones por semana”.
 
MÁS ALLÁ DEL SALÓN
Érika Acosta y su esposo, Jorge Velasco, llevan a Enzo, su primogénito, a la musicoterapia desde que tenía siete meses. La consideran una actividad muy completa y útil, pues lo que ahí aprende lo practica en casa o en el parque.
“Lo que más disfruto es el tiempo exclusivo que tengo con mi hijo; nos conectamos y nos entendemos”, cuenta Érika en entrevista.

“Primero juegan libremente con juguetes mientras escuchan música, después cantamos una canción y recogen lo que utilizaron. Esto complementa la educación porque en casa cantamos la canción y él recoge sus juguetes; después nos saludamos y comenzamos a cantar”.

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