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“19 de septiembre, lección de solidaridad”


Saludo con afecto a mis fieles televidentes de “España TV”, y lectores de “Victoria de Durango”.

Otra vez 19 de septiembre, otra vez el Sismo y la tragedia nacional, otra vez a prueba de solidaridad de los mexicanos. Efectivamente, éste martes 19 de septiembre de 2017, a las 13.14 horas se registró un sismo de 7.1 grados en la Escala de Richter, según el Servicio Sismológico Nacional con epicentro en el Estado de Puebla, coincidiendo con la Conmemoración del 32 Aniversario del terremoto de 1985, en la Ciudad de México; y a 12 días del sismo ocurrido en Oaxaca y Chiapas (7 de septiembre), con intensidad de 8.1 grados. Ésta historia, se ha repetido una y otra vez: el terremoto que se sintió en la Ciudad de México, el 28 de julio de 1957, el cual tuvo una intensidad de 7.8 en la Escala de Richter, colapsó el Ángel de la Independencia (escultura de la Victoria Alada, cubierta de oro, de 6 metros de altura, inaugurada en 1910 para conmemorar el Centenario de la Independencia), se cayó desde un pedestal situado sobre una columna a 35 metros de altura, despedazándose contra el suelo.
El Sismo dejó una estela de 54 muertos; la máxima tragedia fué el derrumbe de departamentos de un edificio en la Avenida Álvaro Obregón, esquina con la calle Frontera, de la colonia Roma. En dicho derrumbe murieron 40 personas, y el Arquitecto que construyó el edificio, se suicidó en la cárcel, pues no soportó las acusaciones y remordimiento de conciencia, pues los materiales usados en el inmueble, no fueron los adecuados. La vida continuó, pero hubo más temblores, entre los más fuertes: en 1964, 1972, 1976; y en 1979 el cual fué de 7.5 grados en la Escala de Richter, sólo duró unos segundos, mediante los cuales se derrumbaron las instalaciones de la Universidad Iberoamericana, sin pérdidas de vidas humanas, afortunadamente. Hasta llegar al jueves 19 de septiembre de 1985, oficialmente, el Sismo de la Ciudad de México, tuvo una intensidad de 8.1 grados en la Escala de Richter. Su epicentro se localizó a 50 km de la Costa, frente a los Estados de Guerrero y Michoacán.
Sin área de influencia fué de más de 800 mil km cuadrados, afectando a los Estados de Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, México, Puebla, Hidalgo, Veracruz y el Distrito Federal (hoy CDMX). La zona que resintió más los efectos del Sismo, fué la Ciudad de México, en donde la densidad de población es mayor que en otros lugares. El terremoto del 85, dejó un saldo entre 10 y 25 mil víctimas (fallecidos y desparecidos); dañó cerca de 3 mil edificaciones, de las cuales 800 tuvieron que ser derrumbadas; asimismo, 50 mil familias perdieron su hogar. El terremoto del 85 destruyó el Centro Médico Nacional, el más grande del país. Y como documentan en su Libro “Brigada Plácido Domingo” los escritores Emilio Díaz Cervantes y Dolly R. de Díaz, Durango no fué ajeno a ésta tragedia, ya que la muerte y desaparición de un buen número de ciudadanos duranguenses, despertó la conciencia de ayuda de los empresarios madereros locales, quienes enviaron varios camiones con madera a la Ciudad de México, para la reconstrucción donde hiciera falta, en clara muestra de solidaridad duranguense con los damnificados.
Recordemos, que nuestros paisanos, tradicionalmente se hospedaban en tres hoteles: Regis, Casa Blanca, y Versalles. El Hotel Regis se colapsó, explotó y se incendió, sin dar oportunidad de salvación a sus ocupantes, muy pocos lograron salir. El Hotel Casa Blanca quedó en lamentables condiciones, y el Hotel Versalles se derrumbó en forma instantánea. En el 85, el sismo impactó en las instalaciones de los medios de comunicación, y por ende en la información, las principales instalaciones de Televisa se derrumbaron, falleciendo decenas de trabajadores, el Lic. Jacobo Zabludovzky transmitió desde el teléfono de su automóvil, ya que no pudo pasar a su centro de trabajo en Televisa, y al avanzar lentamente por las calles de la Capital mexicana narraba lo que veía; dando forma a un trabajo magistral, el cual se convirtió en el mejor reportaje que se hizo de la tragedia que enlutó a la Ciudad de México.
Y de manera especial, el reconocimiento de los mexicanos para el Tenor Plácido Domingo, quien personalmente y entre los escombros del temblor, encabezó una Brigada de doctores, enfermeras, voluntarios, jóvenes y adultos. Y gracias a su fama, atrajo la atención internacional, y por ende la ayuda de varios Países. Hoy (2017), el panorama es totalmente diferente, ya que México tiene un gran avance en materia de protección civil, el Presidente Peña Nieto encabezó operativos muy precisos y de gran presencia de ayuda oportuna, primero en Chiapas y Oaxaca (7 de septiembre); y posteriormente el Sismo del 19 de septiembre. Hoy, los medios de comunicación, especialmente la televisión, realizaron un trabajo magistral en la cobertura de los trabajos de rescate y ayuda a las víctimas del desastre. Hoy, 32 años después del sismo del 85, el Grupo de “Los Topos”, continúan presentes en la brega, formando pequeños grupos de rescate para ayudar donde haga falta, en México o en cualquier parte del mundo.
Y qué decir de los elementos del Ejército Mexicano y Fuerza Aérea, así como de La Marina y Fuerza Armada de México. Mi reconocimiento para el Plan DN-III-E, en cual se basa en cinco puntos básicos, los cuales son: 1.- Búsqueda y rescate de personas; 2.- Evacuación de comunidades en riesgo; 3.- Administración de albergues; recomendaciones a la población; y 5.- Seguridad y vigilancia de las áreas afectadas. Y finalmente, destaco la solidaridad de los mexicanos, la cual sorprende una vez más a propios y extraños. Efectivamente, hoy la solidaridad vecinal, se muestra ante las fuerzas naturales que arrasan todo. El poder de los vientos y el agua de ríos o arroyos desbordados, los cuales no se detienen ante nada. La solidaridad ante los sismos de gran intensidad, que provocan destrucción total. Una vez más, la ayuda del pueblo se manifestó de todas las manera posibles; familias enteras llevaban canastas con pan, termos con café, atole o arroz con leche, los papás cargaban y los hijos repartían. Jóvenes, adultos, hombres y mujeres se adueñaron de las calles, llevando medicinas, agua y comida; en medio del peligro, haciendo interminables cadenas humanas para retirar escombro a mano limpia y con el corazón por delante.
Hoy, una vez más, en medio del desastre surgen ejemplos heroicos que permanecen como testimonio de la voluntad inquebrantable del pueblo de México, que sin duda, supera la fuerza de la Naturaleza. Gracias y enhorabuena.

gustavonevarez28@hotmail.com