MINUTO X MINUTO

A Benítez le salió el tiro por la culata


El pez por su boca muere. La política, la buena política es una de las vocaciones más hermosas del hombre, entendida ésta como vocación social, los que la han manchado son los ambiciosos trepadores, chambistas y logreros, sin principios, sin valores y rijosos.
La política es el consenso, la prudencia, el talento y la vocación de servicio a los demás, y la antipolítica, la politiquería, son los demagogos que sólo se sirven de ella. Pero que nunca han sido gestores de nada, ni le han servido a la gente, sino que son vulgares ambiciosos. Algunos, burócratas de los partidos o de la política.
Entonces, un político es el sujeto capaz de escuchar a los demás, hacer consensos, entender las ideas y puntos de vista de todos, conciliar, lograr que sobre las diferencias, prevalezcan las semejanzas, para lograr las concordancias; ésa es la política fina, no la imposición o la provocación.
Por eso, me extraña que, quien llegó a presidente del PRI, “haiga sido como haiga sido”, todos ya sabemos por qué, sin venir a cuento, haya cometido la pifia de querer ser juez y parte y pretender hacer una extemporánea valoración de las razones por las que perdió el PRI la gubernatura y en la que el único inocente fue él.
Le ganó su narcisismo conocido por todos, no midió el peso de sus palabras y la evidente ilegitimidad de su cargo al haber sido producto de una grosera imposición, imprudentemente despertó tempestades y ahora ya no sabe cómo detenerlas, alegando que ya le den vuelta al pasado, pero se le olvida quien tocó el tema fue él, en la tan desafortunada entrevista radiofónica, que tanto ha dañado al PRI.
Por lo que me nace recomendarle que, cuando hable frente a las cámaras o ante el micrófono, hable a título personal, no hable a nombre de todo el priísmo en el estado, porque genuinamente no es representativo de él. No tiene la autoridad moral para abrogarse la representación real de todas y de todos.
Y se lo pide el que esto escribe que fue presidente del CDE del PRI, dirigente estatal de la CNOP, Diputado local, presidente del Congreso, Diputado Federal y candidato del PRI a presidente municipal de Durango, qué, como a muchos de ése priísmo histórico y actual, no nos gusta su estilo protagónico, provocador y amenazante. Se lo dije personalmente hace más de un año, en un desayuno en el “Portón”, un día después de la toma de protesta de Aispuro.
Me preocupa que no se dé cuenta de las abrumadoras críticas que genera su estilo engreído, megalómano y ególatra, que no haga una mínima evaluación de las reacciones negativas que despierta, de las opiniones a favor y en contra que se ventilan en la opinión pública, que si hace un mínimo análisis no encuentra favorables.
Luis Enrique “Trae muchos fierros en el morral”, ya se le han juntado muchos frentes, es impopular en la sociedad duranguense, la verdadera militancia, las bases priístas no lo quieren, los universitarios que tienen memoria, lo detestan, y, ahora la Laguna, ya se la echó encima. Y así, se atreve a externar en su delirio de grandeza, que será Diputado Federal en el 2018 y gobernador en el 2022. ¿Así cómo?
Que no minimice cuando pretende engañar que todo el priísmo está en consenso en su entorno, cuando estamos viendo a la Comarca Lagunera que son once municipios que se sienten aludidos por sus infortunadas palabras, porque no sólo se refirió a Gómez Palacio, dijo en la conocida transmisión radiofónica, que La Laguna, no había aportado los votos que se esperaban.
Lo que me pone a pensar si pretendió descalificar políticamente a La Laguna o le salió su egocentrismo por torpeza, y se enfrascó, por si fuera poco, en un pleito con el ex candidato a gobernador Esteban Villegas, quien fue más inteligente y político cuando le contestó, que admitía que había cometido errores, pero quizá el mayor de todos, fue haber aceptado que le impusieran a Benítez como coordinador de su campaña. Pácatelas.
Luis Enrique, no puede engañar con sus declaraciones que todo está en calma en el PRI, que todo el priísmo está trabajando, cuando trae tantos infiernitos, que más bien diría, infiernotes y que no pudo evitar la renuncia al partido del empresario y ex Diputado Federal Francisco Monárrez y que no se olvide que, Lety Herrera Ale, no es nada más presidenta municipal de Gómez Palacio, ella es un liderazgo priísta en el estado, en todos los municipios tiene seguidores.
Que tenga presente que Oscar García Barrón, a quien tampoco ha logrado sumar, es el principal liderazgo campesino en el estado, que ponga los pies en la tierra, porque de lo contrario se puede llevar otra sorpresita. Una cosa es que lo toleren a regañadientes y otra que estén unificados en torno a él.
La piel del priísmo está muy sensible por la forma autoritaria en que lo impusieron, que borre de su mente para que ya no le salga por la lengua palabras que hieren a los ex gobernadores, al sugerir que sus seguidores o sus ancestros que están laborando en el gobierno de José Aispuro Torres, incurren en un acto de traición, porque el Derecho al trabajo es sagrado y que él ni nadie puede conculcar o prohibirles, ésa intocada libertad laboral.
Por último, que deje de ofender y lastimar a los priístas en general que laboran en el gobierno insinuando que también son traidores, porque se puede llevar una desagradable sorpresa, bien sabe y no sé por qué le extraña, Pepe Aispuro tiene muchos amigos priístas, siempre los ha tenido, más que Benítez. De eso estoy seguro.
Éste afaire que protagonizó Benítez, fue de cuatro bandas, detonó que se viniera a la capital del estado la senadora de la República y Alcaldesa Lety Herrera con su Estado Mayor para pedirle a Luis Enrique que si abre la boca sea para llamarlos a trabajar y no para dividir más al partido.
Pero de paso, generó otra demanda, la del Notario Público Octaviano Rendón Arce, ex líder del Congreso del Estado y Ex Alcalde gomezpalatino exigiendo la expulsión del PRI, de los ex gobernadores Ismael Hernández Deras y Jorge Herrera Caldera, por “la división que generaron en el PRI”, que al margen de que proceda, es otro daño que deja la compulsión verbal de Benítez.
Aquí reza el adagio popular, “Calladito te vez más bonito” o ¿“Ya cállate chachalaca?