MINUTO X MINUTO

No a la simulación democrática en el PRI


Como bien sabemos, para la solución de un problema, tenemos que empezar con reconocerlo, y, debemos admitir, que el PRI no está pasando por sus mejores momentos. Todo lo contrario. Y para grandes males grandes remedios.
O nos democratizamos de a de veras o nos van a rebasar los nuevos tiempos, ya no se trata solo de vencer a toda costa y con el uso de mil cosas” así, de lo que se trata es de convencer y gobernar con legitimidad, porque si no es así, tendría aplicación la máxima de la Roma antigua, “Vencisteis, vencisteis… Pero no convencisteis”.
Ése es el problema, que cada vez, surgen en el país, gobiernos con menos representatividad y hoy corremos el riesgo de que a partir del 2018 seamos un gobierno con menos del 40 por ciento de los votantes a su favor o llegar al extremo en los tiempos de Felipe Calderón, que gobernó con un dudoso 30% de los que votaron.
Si es verdad lo que pregona Gloria Ivonne Ortega de que el PRI ha perdido en los últimos seis años, un millón setecientos mil electores que votaron a su favor, estamos en el escenario que de los más de 16 millones que obtuvo Enrique Peña Nieto en el 2012, ahora contaríamos con menos de doce millones de votos. Más que grave es la situación que obliga a hacer grandes cambios al interior de este partido.
No podemos entrar a la cuarta elección presidencial del siglo veintiuno, comportándonos todavía con la cultura política del siglo XX, más aún, que en el 2018, está en juego no sólo la Primera Magistratura del país, con sus 500 diputados federales, 128 senadores de la República y nueve gubernaturas.
Sino que, por primera vez, conforme a la última reforma política, se llevará a cabo la reelección de diputados locales en treinta estados de la República como es el caso de Durango y en algunos, también de presidentes municipales, síndicos municipales y regidores. Serán más de 2 mil quinientos cargos en disputa electoral.
Lo anterior, propiciará seguramente un mayor involucramiento no sólo de su militancia sino de la participación ciudadana en la próxima jornada electoral, y para lograrlo, es menester hacer una gran convocatoria nacional para elegir al candidato a la presidencia de México, como ya se hizo con Francisco Labastida y Roberto Madrazo en 1999, y nada pasó.
Bien sabemos que en ésa consulta abierta a la que convocó el partido a la que Madrazo bautizó con un “Denle un madrazo al dedazo” ahí el gobierno de Ernesto Zedillo operó con una democracia simulada a favor de Labastida y que por esa razón no entusiasmó a la sociedad como se esperaba y el “fenómeno Fox” se impuso.
Pero tenemos la experiencia de cuando se resolvió la candidatura interna del partido a la gubernatura aquí en Durango en aquel diciembre del 2003, mediante una consulta ciudadana con votación insaculada entre Don Carlos Herrera Araluce e Ismael Hernández Deras, el hecho de haber abierto la selección de su candidato, le dio una gran legitimidad y entró a la elección constitucional con mucha mayor fortaleza.
Por eso, no pienso que sea descabellado que el PRI haga el ejercicio de elegir a su candidato a la Presidencia de la República mediante una consulta directa y abierta a los militantes y sociedad en general con urnas que se instalen en las principales ciudades del país. Ése puede ser el gran acuerdo de la XX Asamblea Nacional de agosto próximo.
Así mismo, que sea a través de una consulta directa y abierta para elegir los candidatos a diputados y senadores. Y que los candidatos que queden en segundo lugar en proporción del padrón de cada estado, sean quienes ocupen los primeros lugares en la lista de plurinominales sucesivamente en su circunscripción. Ya no serían electos por dedazo y sí tendrían realmente representatividad. Y en éste caso de candidaturas plurinominales, sí abrirían una gran puerta a la sociedad, para que participen candidatos externos o ciudadanos y así participen personajes locales con aceptación social.
Creo también, que debemos retomar los requisitos para poder ser candidatos a presidente de la República y gobernadores de los estados, que estipulaban nuestros estatutos de los años noventa y que fueron eliminados, que consistía en haber ocupado previamente un cargo de elección popular de mayoría relativa.
Es más, yo llevaría este requisito hasta para poder ser presidente del CEN del partido y presidentes de los comités estatales. Y para el caso de presidentes municipales del partido, que sea por elección abierta en donde participen candidatos ciudadanos para darles un espacio partidario a los liderazgos naturales o líderes sociales.