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Abucheos en la 4T

No dejó de ser sorpresiva la manera en la cual, Andrés Manuel López Obrador fue abucheado durante la inauguración del estadio de beisbol, Alfredo Harp Helú. Como tampoco sorprendió la forma en que reaccionó, señalando que lo hacía la “porra fifí”. En otras palabras, ante el clima hostil que sintió por vez primera como presidente de México, respondió adjetivando y polarizando. Fue víctima del mismo contexto que él ha generado.

Desde luego que, más allá de la libre expresión y de la pluralidad de pensamiento, el hecho de presenciar como se sobaja y se mancilla la imagen presidencial no debería de ser algo grato. Episodios como el del pasado sábado ya han sucedido en otras ocasiones. Muy recordados son la sonora descalificación a Miguel de la Madrid Hurtado, durante la inauguración del mundial de futbol México 1986, en el estadio Azteca. En aquel entonces, se dijo que se debió, en gran parte, por la inacción de su gobierno durante los días posteriores al temblor de septiembre de 1985.

Igual de relevante fue la silbatina y abucheos que recibió Felipe Calderón Hinojosa en la inauguración del estadio Territorio Santos Modelo, en Torreón, Coah. en noviembre de 2009. La gente le pasó la factura al mandatario por el dantesco clima que se vivía en ese entonces en toda La Laguna por la “Guerra contra el narcotráfico” que originó Calderón como una de sus (casi únicas) banderas.

En recuerdo de aquella fecha, Calderón reaccionó ante los abucheos a AMLO. En redes sociales opinó: “Lo del estadio pudo haber sido un desahogo pero no estuvo bien. Debemos aspirar a que la tolerancia prevalezca: que se respete al Presidente aunque se discrepe de él, y el Presidente respete a quienes piensan diferente. Si se sigue polarizando y descalificando, no lo lograremos.”

Para la anécdota queda como al inicio del actual sexenio en las giras del presidente a diferentes estados de la República, en los actos públicos era muy notorio el trato diferenciado que recibían el presidente y el gobernador anfitrión en turno: ovaciones al primero, rechiflas para el segundo.

Se filtraría después algún escrito de la gente de MORENA en donde se les pedía a los asistentes que reaccionaran de esa forma. Al presidente porras y aplausos, al gobernador abucheo, rechifla.

Pero sin lugar a dudas ha sido desde” las mañaneras” en donde se ha polarizado el tema entre chairos y fifís. Entre gente que apoya a López Obrador y gente que está en contra de él. Las conferencias mañaneras han sido la tribuna para la descalificación, para la acusación (sin pruebas o fundamentos), para el señalamiento.

El pasado sábado se puso a prueba la templanza del mandatario. Su reacción ante el escenario adverso fue la bravuconería: al tomar la palabra señaló: “no voy a hablar mucho porque hay algunos aficionados de la porra del equipo “fifí”, pero la mayoría de la gente está a favor del cambio”. Además de la rechifla, un sonoro “Fuera, fuera” se dejó escuchar ese día. Acostumbrado a los vítores y los aplausos en la plaza pública, un López Obrador sorprendido se preocupaba más en confrontar: “Ahora sí vamos a pichar, les voy a seguir tirando pura pejemoña, los voy a seguir controlando con liza, con recta de 95 millas y con curvas vamos a seguir ponchando a los de la mafia del poder”.

Fue un duro golpe para la gente cercana al presidente y para él mismo. El bono del 80% de aceptación no le valió para asistir a un evento de gente que asistió comprando su boleto, es decir, sin acarreados, para correr la misma suerte que mandatarios neoliberales, pertenecientes a la mafia del poder: la desaprobación, el oprobio. Se dejó ver como una persona intolerante a la crítica. El pueblo bueno se dejó influenciar por la porra fifí.

López Obrador fue víctima del infatilismo político que, de acuerdo al análisis del propio AMLO, era lo que provocaba que abuchearan a gobernadores de partidos diferentes a MORENA.

El día de ayer, en Tabasco, su tierra, un grupo de trabajadores de PEMEX y del ISSSTE quienes exigieron pagos de salarios por haber sido despedidos, lo abuchearon en el aeropuerto.

De toda esta situación lo que  debería de rescatar como enseñanza AMLO, en primer lugar, es a respetar a seguidores y adversarios o a los que simplemente no están de acuerdo en su visión de Estado. Dejar de polarizar, con su narrativa desplegada en las mañaneras, a los mexicanos. Y el reivindicar la investidura presidencial, para evitar momentos de bochorno como el del pasado sábado.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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