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ACF desmitificó la gubernatura

José Aispuro Torres ha sido otro gobernador desmitificando la alta investidura para imprimirle más sencillez y el saludo de mano lo conozca o no, la extiende a todos los asistentes, ya nos tocará al final de su sexenio referirnos de su estilo y espíritu de servicio. 

Don Armando se reveló como uno de los mejores fraseólogos contemporáneos de México sin temor a hipérbole, soy de la convicción personal que Del Castillo Franco pasará a la historia política de Durango con justicia, no sólo por la indiscutible obra con una gran vocación urbanística, sino que habrá de trascender en muchas generaciones y será recordado con agrado, porque todavía nos hace reír cuando rememoramos su chispa y buen humor ante cualquier circunstancia. Para todo tenía una frase.

Por eso, su lluvia de frases y sus instantáneas ocurrencias sólo serían equiparables con otro hacedor de frases como el maestro e ideólogo del siglo XX Jesús Reyes Heroles. Éste las soltaba con un tono político, mientras que Don Armando recogía sabiduría de los pueblos rurales, más natural y  campestre y con simpatía traía a cuento lenguaje de antaño que, cada vez que abría la boca, era para tatuar de manera sintetizada cada momento.

“¿Cuál imagen?, ¿cuál? Que se cuiden los artistas que se preocupan por su imagen. Yo no soy artista, yo soy yo y digo mi verdad. ¿Mi imagen?, si no quiero ser artista…” decía ACF.

Más sobre el ingenio del exmandatario:

“Mire señora, en vez de andar haciendo bola con esa criatura llorando con las pompis de fuera, vaya a darle teta y a preparar una sopa caliente para su marido, que ya casi es hora de comer”.

“Es su casa y es la casa de todos, pero aquí nadie grita más que yo, y eso a veces”, se escuchó en voz de Don Armando alguna vez, en su despacho.

“Quiubo mi artista”, “quiubo mi tigre”. Lo primero lo decía a los jóvenes que se sentían cautivadores; lo segundo a los que se sentían muy bravos.

“Oiga, Don Armando, ¿Se ha puesto a pensar que cuando usted se muera lo pueden enterrar en la Rotonda de los Hombres Ilustres?”, así le dijo un zalamero, no recuerdo quién; pero Don Armando, antes de un segundo, le replicó: “oiga, mi amigo,… ¿Se ha puesto a pensar que ahorita no quiero ser el muerto de ningún panteón?, por muy ‘ilustre’ que me la prometan, ahorita entre los vivos soy el más realizado, no me hable ahora  de la  muerte por favor”.

“Solo los pendejos o los improvisados se marean, hasta arriba de un ladrillo”.

Ya como exgobernador, cuando visitaba a su hijo Alejandro en esta ciudad, cuando venía del aeropuerto y volteaba a ver el gasoducto casi ignorado, abandonado y oxidado, decía:

“Ahí lo tienes, el gasoducto es el monumento a mi pendejés. Yo le creí a los empresarios durangueños que con el gasoducto iban a venirse corriendo las industrias”.

La siguiente expresión se la dijo al secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari, con una gran dosis de irreverencia:

“Nos prometieron a los durangueños el bosque de Viena y nomás nos dieron dos arbolitos”.

Me cuenta el Lic. Moisés Moreno, quien fue Director de Averiguaciones Previas durante todo el sexenio de Don Armando, la siguiente anécdota:

Un día, los directivos de la Barra de Abogados de Durango, que era presidida por el Lic. Jaime Carranza, fue recibida por el gobernador a petición de ésta, quien se iba a quejar de abusos de autoridad del Mayor Fidel Arteaga, entonces Jefe de la Judicial. Se generó un diálogo más o menos así: “Señores abogados, bienvenidos. Tomen ustedes asiento. En estos momentos me despojo de mi investidura como Gobernador del Estado, para hablar de abogado a abogado, de tú a tú, díganme ustedes para qué soy bueno”.

Y empezaron una retahíla de las diversas quejas de las supuestas anomalías cometidas por este funcionario y sus colaboradores, y cuando le dijeron que transgredía gravemente la ley en distintos asuntos, Don Armando rápidamente les contestó con mucha seriedad:

“Ah, qué grave es lo que me están informando. Esto lo tendrá que saber el Señor Gobernador”.

Continuará…

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