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Acontecimientos que estremecieron a la opinión pública

Secuestro del empresario maderero Pepe Rincón

No habían transcurrido más de dos semanas de haber iniciado su mandato gubernamental Armando del Castillo, cuando fue sorprendido con un escandaloso suceso inédito por aquellos tiempos en Durango: el secuestro de uno de los empresarios más importantes en el ramo forestal, José Antonio Rincón Arredondo.

Se encontraba en la Ciudad de México el gobernador cuando le llegó la noticia. El que esto escribe asistía a las sesiones de la Cámara de Diputados federales, acabábamos de iniciar el período de sesiones, corría el mes de septiembre. Como era mi costumbre, me reportaba casi a diario con el Gobernador a su casa y desde que lo escuché por el auricular sentí la voz de manera diferente, entre serio y preocupado, tenso.

Contestándome casi con monosílabos, me pidió que lo alcanzara en el hangar de donde usualmente despegaba la aeronave que le facilitaba Abdón Alanís, que en el trayecto a Durango me platicaba un problema que había sucedido. Y así lo hice.

De paso les contaré que fue durante ese vuelo del DF a Durango -cómo olvidarlo- que me notificó su deseo que me fuera a presidir el partido en la entidad. Me reiteró que inicialmente había pensado en mí para la oficialía mayor de gobierno y en virtud de que le había pedido me dejara terminar la diputación federal y que pensara en mí para presidir mejor el PRI en el estado, lo que quedó pendiente por decidir.

Ya antes había propuesto a Alfredo Arrieta, radicado en la Ciudad de México, para la dirigencia partidista, pero Gustavo Carbajal Moreno, entonces presidente del PRI nacional, se lo había vetado; tenía mala impresión de él cuando había sido su colaborador en la Secretaría de Reforma Agraria. Así me lo dijo, además que le ponía el “pero” de que estaba desarraigado de Durango.

¿Por qué crees que te pedí me acompañaras en el vuelo? Era para notificarte lo anterior. Ya no quiso insistir en ese proyecto político con Arrieta, pues posterior a esa gestión, fue cuando yo le pedí la presidencia del PRI. Modificó su propuesta ante Carbajal.

Luego de afinar detalles y concretar el asunto político y quiénes quería él que me acompañaran en el comité directivo estatal, Zina Ruiz como secretaria general y Carlos Badillo Soto a la oficialía mayor.

Me sugería otros nombres para dirigir la CNOP, el movimiento juvenil y la agrupación femenil del PRI, a lo que le pedí, que si ya me estaba dando la confianza política de soltarme el volante de un carro, me lo soltara con todo y llantas.

Le pedí apoyarme con un equipo de confianza y, ya calado, que como presidente del partido me permitiera siquiera sugerir al nuevo dirigente de la CNOP que era mi sector y del único donde podía opinar. Así quedó José Francisco Solís Muguiro, lo mismo le pedí me autorizara dejar en el ANFER a la maestra Albertina Barbosa, quien en esos momentos era la coordinadora de colonias populares del ayuntamiento de Durango; y en la dirigencia juvenil a Gabriel Arce, quien me acompañaba en el liderazgo de la juventud cenopista.

El gobernador accedió con generosidad y comprensión. Ellos fueron los dirigentes juvenil y femenil del comité estatal que presidí, con todo el apoyo y me atrevo a decir, con todo el cariño de don Armando, quien siempre me resultó claro su vena paterna, que lo hacía ser pródigo en consejos, recomendaciones y orientaciones. Siempre cuidando a sus pupilos para no meter la pata.

Con la llegada del otoño llegó el primer secuestro

En seguida cambió bruscamente de tema y confieso mi sorpresa al contarme su preocupación y el motivo de su rápido retorno a Durango, el secuestro de dicho empresario maderero y la sicosis de inseguridad que se estaba propalando.

“Me están calando estos cabrones, esa ya me la sé. Estrenan a los gobernantes para medirlos cómo sortean los conflictos, pero me van a conocer” dijo don Armando. No, dijo a quiénes se refería, yo creo que ni él sabía quiénes eran los autores; pero, naturalmente, se refería a los delincuentes que seguramente pensaban que como llevaba unos días de gobernador y estrenando nuevos jefes policiacos, no tenía todavía los hilos de la seguridad pública.

Al arribar al aeropuerto de la ciudad de Durango ya lo estaban esperando el jefe de la policía judicial del estado Fidel Arteaga y el subjefe José Duran Valenzuela. Lo pusieron al tanto de los pormenores y los avances de la investigación, así como las posibles pistas. Del aeropuerto se trasladó a la casa del hermano mayor de la víctima y socio del mismo, Miguel Rincón Arredondo. Allí hablaron a solas. El desenlace todos lo sabemos.

Continuará…

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