MINUTO X MINUTO

Agravios


Gerardo Blanco

El artero ataque al reportero Luis Pineda del periódico Victoria de Durango es una afrenta al medio periodístico en Durango y México, representa una flagrante violación a los derechos humanos y a las garantías de todos los ciudadanos, los hechos ocurrieron el martes 17 en las afueras del CBTIS 130 donde elementos de la Policía Investigadora de Delitos, que depende de la Fiscalía General del Estado, dijeron que realizaban un operativo con motivo de denuncias de los vecinos por unos vehículos sospechosos donde se presume que viajaban hombres armados hasta los dientes y que con ello atendían una denuncia anónima.
Los sucesos que nos ocupan ocurrieron como a las 13:45 del día, cuando Luis Pineda circulaba por la vialidad conocida como bulevar Politécnico Nacional y a la altura del centro educativo se percató de la presencia de varias unidades de la PID y del movimiento de los elementos que hacían una revisión a un vehículo compacto, el reportero que iba a la caza de la noticia sacó sus armas de trabajo, el teléfono celular y la libreta para cumplir su cometido. Los elementos de la Policía Investigadora de Delitos se sintieron “vigilados” y arremetieron contra el reportero, despojándolo de su celular y arrancándole el gafete que portaba colgado del cuello y malmodeándolo.
Para ser más explícitos, palabras más o palabras menos, los elementos de la policía le arrebataron su teléfono, le borraron todas las imágenes de su trabajo, le arrancaron el gafete y al grito de: “Te va a cargar la chingada, hijo de tu chingada madre, qué no sabes quiénes somos, nosotros sí sabemos quién eres y te vas a chingar junto con tu familia”, sin duda que los gritos y los jaloneos impactan a cualquiera y el reportero tuvo miedo por la acción gangsteril de los malos elementos policiacos.
Nunca pensaron los policías que esa acción generaría reacciones de periodistas y comunicadores duranguenses que siempre han sido agraviados por realizar esa noble labor periodística.
La cruda realidad de los sucesos deja ver el comportamiento real, prepotente y despótico de los elementos de los cuerpos policiacos, quienes argumentando la llamada “secrecía” de sus labores tienen como mala costumbre arremeter contra los comunicadores y esa costumbre la han transformado en ley no escrita que la aplican cada vez que se les pega la gana e impiden el trabajo de quienes se dedican a este hermoso oficio del periodismo.
Sin embargo, los jaloneos y el despojo del teléfono celular a Luis Pineda es la gota que derramó el vaso, el coraje y la irritación de los comunicadores que han manifestado su apoyo y solidaridad al reportero ultrajado por los energúmenos.
Los “gorilas” disfrazados de policías investigadores basan su “ley” en el poder que les representan las armas y los equipos que los protegen para no ser identificados, en los uniformes apantallantes y en el poder que les confieren las armas y el anonimato, al viejo y rancio estilo del “Rambo” norteamericano, se sienten héroes de la película y piensan que todo lo pueden hacer y que son intocables.
El asunto de Luis Pineda vino a destapar la cloaca apestosa que ronda a todos los comunicadores con los elementos policiacos de todas las corporaciones de seguridad, quienes creen y piensan que por pertenecer a los cuerpos de seguridad se convierten en “intocables”.