MINUTO X MINUTO

Aispuro y Enríquez, de carne y hueso…


En ocasiones anhelamos que Durango cuente con liderazgos que emulen a Cárdenas, Villa, Zapata o Vasconcelos, algunos preferirían a Churchill, Mandela o Martin Luther King Jr.
Los duranguenses quisiéramos que el gobernador, Dr. José R. Aispuro Torres, tomara las decisiones que a nuestro juicio no ha tomado en el ajuste de su gabinete ya que han sido muy cuestionados muchos de sus miembros, no son todos, pero algunos ya no merecen la confianza de los ciudadanos a quienes dicen servir, a pesar, que se acerca la fecha en que deberá rendir el 1er. Informe de Gobierno y la sociedad vería con buenos ojos un ajuste en el gabinete estatal y se procediera en contra del resto de exfuncionarios que tanto dañaron al erario estatal.
Por su parte, el presidente del ayuntamiento, Dr. José R. Enríquez Herrera se encuentra en un laberinto, que a la vez es una encrucijada entre lo importante y lo urgente, entre el aspecto económico-turístico y lo social-igualitario; el corredor peatonal universitario cuenta con voces encontradas a causa de no haberse consensuado adecuadamente y de manera previa. Otras voces claman por que esos recursos sean aplicados en obras de interés social y de beneficio directo a la sociedad.
Cada uno de ellos cuenta con una visión distinta a la nuestra como ciudadanos, bueno, así lo consideramos en justicia, sin embargo, deberían hacer un esfuerzo por explicarnos, pero, también, esa es mi opinión personal. Desearía reflexionar al respecto.
Vivimos en un mundo muy diferente al contexto tecnológico de la Revolución, la posrevolución o de la Segunda Guerra Mundial, del Apartheid y del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. El contexto actual exige un nuevo paradigma de liderazgo político. Un modelo de “carne y hueso” que sustituya a los personajes infalibles, carismáticos y de superioridad moral que “construimos” en el pasado.
En los viejos tiempos, la imagen de un liderazgo con “características superhumanas” se podía articular con mayor facilidad. Sin redes sociales tecnificadas se tejían historias y leyendas útiles para construir ejemplos de vida. Sin embargo, el fiero escrutinio público de las redes actuales hacia los líderes contemporáneos muestra que son personas vulnerables, con debilidades, como cualquier ser humano.
Es necesario repensar el paradigma romántico de liderazgo político a uno más aterrizado, más terrenal. Me pregunto si tendríamos a Cárdenas, por ejemplo, en uno de los pedestales más altos de habilidad y astucia política, si hubiera vivido en los crueles tiempos del Twitter de hoy.
Una dosis de pragmatismo no significa que tengamos que sacrificar los estándares con los cuales evaluamos a nuestros gobernantes. Cualquier líder político del siglo XXI debería poseer las siguientes cualidades: integridad; humildad; manejo eficaz del poder; eficiencia en la toma de decisiones y adaptabilidad al cambio.
La integridad, la transparencia y la honradez son características no negociables de cualquier líder. La tolerancia es cero hacia la corrupción y la impunidad. Una segunda característica del líder del siglo XXI es la humildad. En la función pública, para servir a la ciudadanía eficazmente, al ego es mejor dejarlo por un lado.
Para algunos, un “líder político humilde” es una ilusión. Para ser realistas, a la humildad hay que sumarle la capacidad de manejar el poder. La política, en cualquier lugar, es un juego difícil. Jugarlo implica una habilidad extraordinaria. Un líder que no sepa navegar las recelosas aguas del poder no sobrevive.
El líder actual debe de dar el ejemplo de eficiencia en la gestión pública. Los avances tecnológicos han permitido que los políticos cuenten con herramientas modernas para acceder a datos que informen mejor sus decisiones y el proceso de diseño de políticas públicas.
La adaptabilidad al cambio es central. Los códigos del orden internacional del siglo anterior ya no son vigentes. Liderazgos que no sepan adaptarse a los cambios constantes del contexto global no podrán contribuir positivamente al desarrollo político y al fortalecimiento de nuestras jóvenes democracias.
El mundo es incierto y fluido. Como ciudadanos estamos más conectados e informados. Esta realidad nos obliga a repensar nuestra concepción de liderazgos políticos. La idealización de liderazgos podrá ser cosa del pasado, pero sigue vigente la idea central: un buen líder piensa siempre en el bienestar de su pueblo. En el legado que deja para sus hijos y nietos.
Nuestros líderes deben ser capaces de enfrentar los desafíos de un mundo en constante cambio y es nuestra responsabilidad. De gobiernos y de ciudadanos. De empresarios y de sindicatos. De jóvenes y de viejos. Debemos exigir liderazgos honestos, eficientes, inteligentes, humildes y pragmáticos. Durango los necesita.

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