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Alianzas…

Observatorio-CiudadanoLeticia Herrera Ale va aplanando su camino, como ya se dice: de Gómez Palacio a Lerdo hasta llegar a Durango, su trabajo es como ir hilvanando lentamente la costura final. Al parecer en el gobierno se ha aceptado que en la decisión final mucho tendrá que intervenir el Centro. Para el Gobierno federal, aparece un escenario de alianzas, no basta contar con la mayoría en la Cámara de Diputados, hay otros asuntos que necesariamente requerirán de aliados para el segundo trienio del gobierno.
No lo sé, pero “en política, política, todo es negociable”, decía Don Fernando Gutiérrez Barrios, y dentro de ese contexto, aparecen los doce estados que en 2016 deberán elegir gobernador y en la lista está Durango. ¿Qué tanto requiere negociar el gobierno? Sólo lo sabe el Presidente, por lo pronto el PRI estatal irá en alianza con sus comparsas tradicionales el Verde y el Panal.
En la acera de enfrente, se manejan cautelosamente, no quieren sorpresas, ya están curados de espantos y saben cómo se las gastan los que ostentan el poder. Su trabajo es hormiguita, pero abierto, sin ostentación, sin desgastes y conocen la forma con que sus contrincantes “cooptan” a los votantes el día de la elección. En el próximo proceso electoral se tratará de llevar el mayor porcentaje de electores a las urnas, mucho se tendrá que sacudir la apatía de otras elecciones, hay un estado de ánimo escondido, hay mucho en juego y sobre todo, hay fuertes heridas que hay que restañar, algunas quizás buscarán la cura en la venganza, palabra que cobija muchas acepciones en la política en Durango en estos momentos. ¿Qué tanto afecta esto a uno u otro candidato? No lo sabemos, lo que sí es que hay saldos pendientes que difícilmente serán cubiertos. Por eso las elecciones del próximo año para Durango tomarán una importancia pocas veces vista.
Veamos ahora el entorno general. Decía el poeta Jorge Luis Borges: “No nos une el amor sino el espanto”. Ricardo Anaya, del PAN, señaló: no se puede ni debe seguir compitiendo sin alianzas. Son un componente esencial para repensar el futuro.
Y si el PAN quiere hablar de alianzas, su única opción real es con el PRD. En un escenario en el que el priismo, sin duda, continuará con su coalición con el Verde y Nueva Alianza -y quizás con Encuentro Social-, las opciones reales de alianzas son entre el PAN y el PRD -con los que se quieran unir en torno a ellos- para competirle seriamente al PRI y a Morena.
El año próximo habrá doce elecciones estatales: yendo cada uno por su lado la oposición no ganará nada. En el 2010, las coaliciones PAN-PRD le terminaron dando el triunfo en Oaxaca, Sinaloa y Puebla. En esos tres estados se renuevan las gubernaturas, además de Aguascalientes, Zacatecas, Tlaxcala, Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas, Chihuahua, Veracruz y Durango. En ninguno de esos estados Morena tiene presencia y, salvo los tres en los que hubo coaliciones en el 2010, en todos los demás gobierna el PRI que allí volvió a ganar los comicios intermedios de junio pasado. La única forma de que el PAN y el PRD sean competitivos es yendo juntos, por lo menos, en la mayoría de esos estados.
Por supuesto que existen dudas en los dos partidos sobre la viabilidad de esas coaliciones y, también, hay sectores duros, o cuyos intereses pudieran ser afectados por una alianza de ese tipo. Pero en términos de política real, ni panistas ni perredistas tienen muchas otras opciones: quizás el PAN podría ganar Puebla, por el peso y la estructura de Rafael Moreno Valle; quizás en Oaxaca, José Antonio Estefan podría sumar el voto antipriista, pero fuera de esos estados ningún otro puede ser ganado, sin alianzas, por alguno de los partidos de oposición.
Pero el tema no es el 2016 sino el 2018. Y para ello se necesitan adecuar las candidaturas. Si algo aprendieron los partidos de los comicios pasados es que ya no podrán ganar unas elecciones presidenciales sólo con la fuerza de sus maquinarias partidarias, algunas de ellas muy menguadas, por cierto. Sí se requieren maquinarias y recursos, pero, sobre todo, acompañamiento ciudadano. Por eso resultan atractivas las candidaturas apoyadas por los partidos, pero que obtengan otro tipo de respaldo. Basada en ese tipo de criterios y con candidatos adecuados, una alianza PAN-PRD podría ser muy viable: por lo pronto, juntos e incluso después de esta mala elección, tendrían una base de cerca de 32 por ciento de los votos para comenzar sus campañas. Con buenos candidatos el porcentaje podría crecer.
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