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¿AMLO estará agitado?

Agitación en sicología es un trastorno emotivo que se caracteriza por una hiperactividad corporal desordenada y confusa.

Seguramente, conoce a algunos que viven así, yo también y creo que en esa situación se encuentra el presidente electo Andrés M. López Obrador, son seres agitados, instalados en una galopante decisión de vivir estresados, y se confunden al creer que es el único medio para alcanzar lo que desean. Y los hay, hay personas que eligen voluntariamente vivir agitados.

Lo cierto es que la agitación no representa ningún punto admirable ni digno, de un liderazgo exitoso, más bien representa la pérdida de control sobre uno mismo y sobre todo lo que le rodea.

Pero se confunde. Por alguna razón, vivir agitado es sinónimo de la gente ocupada, cuando en realidad es sinónimo de la gente desordenada y confundida y lo peor, no es la conducta, ni tampoco los fuera de tono, de lugar, la toma de decisiones rápida y poco atinada, los cambios de humor, las directrices sin rumbo que eligen, la petulancia, la agresividad, el imperativo dominante aún en el error. No, lo peor no está ahí, lo peor es lo que sustenta esas conductas, lo que está detrás, lo que está en el interior. Lo peor es lo que está ahí haciendo mella en los pensamientos y en las emociones: eso es lo que preocupa o lo que debería de preocupar.

La agitación es sinónimo de una perturbación emocional, algo que irremediablemente parece no poder resolverse por sí solo si no se acepta.

Hay personas que prefieren confundir la agitación con la movilidad eficiente, para así no tener que asumir que algo no anda bien, que algo entorpece su paz mental y su capacidad para hacerse cargo de sus pensamientos y de sus emociones.

Y a ciencia cierta no se sabe qué detona la agitación si un pensamiento o una emoción equivocada, lo que sí queda claro es que ambos se encuentran imbricados y ambos surgen producto de un rechazo a sí mismo y al medio en el que se desenvuelve quien lo padece.

Por eso no… la agitación no es una habilidad del que se dice muy activo o muy astuto o muy eficiente. La agitación es más bien un problema que vale la pena atender antes de que sea más perjudicial para quienes lo viven. La agitación es falta de aceptación, es evasión.

El estado natural de los seres humanos debería de ser la paz, el equilibrio, y eso sólo se logra a través del autocontrol, a través del control de los propios pensamientos, de saber priorizar y ponderar las circunstancias que nos rodean diariamente.

La hiperactividad es producto de la ansiedad, la ansiedad es producto del miedo y éste suele ser producto de pensamientos equivocados.

No todo y no siempre será perfecto, en realidad nada debe serlo, por lo general cada situación ofrece grandes áreas de oportunidad para ser lo mejor que pueda llegar a ser y esa es su perfección no la que hemos imaginado o querido, sino lo que debe ser y nos corresponde. Y no, no todo está en nuestras manos ni depende de nuestras acciones.

El miedo puede originarse de muchas maneras, sin embargo, la principal siempre será la falta de confianza en uno mismo y en el curso de la vida; y es solamente uno mismo quien decide dejar de confiar en él y en las circunstancias.  El miedo es una elección personal.

Por eso, hoy le invito a confiar en usted y a saber diferenciar la agitación de la eficacia, porque no son sinónimos y por supuesto que no es el estado correcto en el que debamos vivir. El equilibrio es la base del éxito y de la felicidad, no se deje sorprender por todos aquellos que no han podido controlar su mente ni sus emociones y eligen vivir sumergidos en la no aceptación. Quien vive agitado, vive temeroso.

Confiamos y contamos con la esperanza de que la agitación del próximo Presidente de la República que su agitación sea pasajera y que una vez que asuma su encargo retome el camino de la armonía, la paz, la sabiduría, la paciencia, la tolerancia y con firmeza ejerza el poder con decisiones tomadas inteligentemente, sin espavientos, ni altanerías. Que sepa escuchar a su equipo y se medite sobre la mejor solución para cada asunto. Que no sea como hasta ahora que él es el sabelotodo que consciente o inconscientemente impone su sentir. Ojala, por el bien de México y todos los mexicanos.

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