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Anticorrupción, la falsa solución


Los últimos años han sido de escándalos de corrupción que han expuesto con mucha claridad que tipo de personajes son los que han estado ejerciendo el poder público en nuestro país.
La creación del Sistema Nacional Anticorrupción se originó como la salida política de Enrique Peña Nieto después de que las argumentaciones poco realistas que utilizaron él y su esposa intentando justificar la propiedad de la llamada “Casa Blanca” no fueron creídas por nadie y todo esto fue una consecuencia del reportaje periodístico que documentó el origen de cómo adquirieron realmente esa propiedad.
En México la corrupción es socialmente aceptada, la gente se acostumbró a convivir con los corruptos, son sus vecinos, comparten amigos, hacen negocios con ellos, sus hijos son compañeros de colegio; todo mundo sabe quienes son y los tolera, sólo señalan esos enriquecimientos meteóricos e injustificados en privado, no lo hacen abiertamente.
Nunca como ahora la política había producido tantos nuevos ricos, grandes, medianos y chicos, burócratas improvisados y “emprendedores” espontáneos que al terminar los sexenios ya son unos potentados que dejaron la casa de interés social y se fueron a los fraccionamientos residenciales, personajes que en poco tiempo logran fortunas superiores a empresarios que llevan generaciones invirtiendo y arriesgándose.
Los políticos contemporáneos se dieron cuenta de que cada vez era más difícil tomar directamente el dinero de la hacienda pública como se hacía en el siglo pasado, así que empezaron a desviarlo a través de las “empresas” de sus amigos, socios y familiares para que después se los regresaran por otras vías menos comprometedoras, pero igual de ilegales.
No hay mucha sorpresa por la corrupción del “servidor público”, independientemente de que sea el más modesto o el más encumbrado, son valores entendidos, incluso socialmente justificables por la idiosincrasia; esa que ha hecho suyas frases como: “El que no transa no avanza”, “La moral es un árbol que da moras”, “No me des, ponme donde hay”.
En los últimos meses la sociedad ha sido apabullada por imágenes periodísticas de personas esposadas y otras tras las rejas, la mayoría ex empleados de los ex gobernadores más corruptos de la historia; uno de los casos que muestran mayor impunidad es el de Humberto Moreira, un tipo que aprendió a comer con cubiertos gracias a Elba Esther Gordillo y que tiene a buena parte de sus ex colaboradores y a ex socios de su administración declarando en su contra y revelando sus prácticas corruptas ante los jueces estadounidenses y aquí, las autoridades mexicanas lo consideran tan respetable que lo registraron como candidato a diputado, en vez de registrarlo como recluso de algún centro penitenciario.
Los políticos no han entendido que están jugando con fuego, que se encuentran en el momento más crítico desde la revolución, parece que no comprenden que ya tienen hartos a amplios sectores del ejército con sus excesos, que la sociedad les perdió el respeto porque cada vez cuidaron menos las formas, que la comunidad internacional los ve como una banda de rapaces ignorantes y cínicos.
El principal enemigo de la corrupción no ha sido ningún procurador, fiscal o contralor, sino la tecnología, a partir de Internet y del auge de las redes sociales se empezó a masificar la información de los casos de corrupción, la presión cada vez está siendo mayor, ya no basta con callar a muchos medios de comunicación tradicionales que solo elogian a los políticos cuando están en el poder, que los ignoran cuando lo dejan y luego los señalan cuando caen en desgracia; aquí hay la misma tecnología que hizo posible la “Primavera Árabe” y está al alcance de todos, eso lo deberían tener presente.
La corrupción debería ser un asunto de seguridad nacional, ya que no creo que la sociedad se vaya a conformar solo con ver a Duarte esposado y riendo con expresión de psicópata o lanzado sobre el piso de una van para transportar delincuentes, no basta con detener a su supuesta amante y explotarlo mediáticamente como si esa mujer fuera la responsable de todo lo que está pasando, de la inacción de las instituciones y de la complacencia de los nuevos gobernantes que convencieron al electorado con el discurso de la “anticorrupción” mientras sus antecesores siguen en la impunidad.
Si en algo han destacado los políticos mexicanos es en haber construido un sólido sistema de corrupción omnipotente y omnipresente y ahora quieren convencer a la gente que la solución es crear un improvisado sistema anticorrupción para combatirlo, cuando es evidente que las procuradurías y fiscalías no lo han hecho nunca, sencillamente porque los mismos políticos no se los han permitido; creo que están siendo muy ingenuos al pensar que la sociedad les está creyendo, ya que es bastante evidente que el sistema anticorrupción servirá para lo mismo que ha servido el Ministerio Público los últimos siglos.

@ernestoescobosa