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Bajo acoso

Las oficinas de la periodista Carmen Aristegui fueron allanadas por ladrones, no fueron unos ladrones comunes y corrientes, fueron dos personas que buscaban algo específico hasta que lo encontraron, era información, eran documentos, eran datos, eran nombres, eran fechas, eran fuentes, eran los instrumentos con los que solemos trabajar los periodistas.
Carmen Aristegui es una de las periodistas más importantes de México con presencia continental y seguramente mundial, una periodista comprometida con la información seria, pero sobre todo crítica, por lo tanto, incómoda para la gente del poder, pero absolutamente necesaria para la sociedad.
Para los que seguimos el periodismo de Carmen Aristegui no nos queda duda que fue el mismo poder político o económico el que ordenó la intrusión de los ladrones a su oficina.
A partir del trabajo de su equipo en donde el encanto presidencial se acabó al hacer público los detalles de la construcción de una de las casas más soberbias por sus desplantes de lujo que haya tenido un presidente de México, y cuya construcción fue ligada al grupo empresarial más favorecido por Peña Nieto desde que fuera gobernador del Estado de México, en un claro conflicto de intereses, Carmen Aristegui se ha visto bajo un acoso tremendo.
Despedida de su exitoso programa de radio en MVS con el pretexto baladí de haber violentado la política editorial, lo cual no es un argumento para despedir un comunicador ya que existes muchas formas de apercibimiento antes de llegar al despido. Para millones que seguimos la información de Aristegui, esta acción no fue más que un acto represivo y un atentando a la libertad de expresión ordenado por el poder político.
Carmen Aristegui ha seguido los actos de corrupción del gobierno federal, documentalmente los ha demostrado, los ha comprobado con imágenes, con testimonios, con testigos, nunca ha sido información inventada, son trabajos serios en los que queda al descubierto ese cáncer que tiene nuestro país que es el saqueo impune, el robo descarado.
También ha hecho públicos actos que si bien no representan acciones de corrupción, si comprometen la conducta ética como es el caso del plagio que Peña Nieto hiciera de párrafos para insertarlos en su tesis de licenciatura en Derecho.
Todo esto ha hecho de Carmen Aristegui una periodista incómoda la cual se encuentra perseguida, vigilada, acosada tanto por el poder político como por el empresarial al que ha puesto al descubierto por sus irregularidades, porque en este país, a una mujer que roba un paquete de galletas o dos litros de leche de una tienda de autoservicio se le encarcela por tres años, y a alguien que roba miles de millones de pesos se le aplaude y no se le puede decir nada porque se corre el riesgo del hostigamiento que incluso puede terminar en el asesinato.
En nuestro país, el poder político, el poder económico y el poder delictivo tienen un férreo control con los medios de comunicación, para ello, compran conciencias, corrompen, amenazan, persiguen, hostigan, acallan, amedrentan, provocan la autocensura y siempre habrá los seudoperiodistas funcionales a esos poderes que se unen al aplauso indigno o a la justificación vil cuando algún comunicador es agredido.
Basta saber que en la última década según organismos como el Comité de Protección a Periodistas, Artículo 19 o Reporteros sin Fronteras, en la última década en México han muerto cerca de cien periodistas y 17 están desaparecidos lo que hace que el periodismo crítico sea de muy alto riesgo.
Solo diremos que el 79% de los periodistas muertos o desaparecidos cubrían fuentes relacionadas con el crimen organizado.
El 29% sobre corrupción
El 21% temas políticos
12% temas culturales
6% sobre derechos humanos
3% sobre deportes
El 90% de estos atentados esta impune, protestar contra estos hechos, condenar la agresión a Carmen Aristegui es defender la libertad de expresión y defender el ejercicio profesional del periodismo. O no.

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