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Brotaron las invasiones de colonias populares en los 70’s

Rememorando: Todavía resuena en mis oídos aquella arenga que a través de un “magnavoz” se escuchaba día y noche que ellos acuñaron: “Compañeros, el pueblo unido, jamás será vencido”. “Compañeros, todos vamos a hacer un trabajo colectivo, este terreno ya es de todos ustedes, nadie se retire, se les recuerda que habrá asamblea general a las cinco de la tarde”.
“Compañeros, no caigan en provocaciones; es el pretexto que quieren para reprimirnos, no se alarmen, la comisión negociadora, al frente del compañero Marcos Cruz y el compañero Beto “El Güero”, vendrán a informarnos de los avances en las negociaciones”, esto era con el gobierno de Mayagoitia y con el Ayuntamiento, presidido por Gámiz Parral y por el otro grupo comandado por “Carmelita” y “Lalo”, que finalmente quedó con lo que hoy es la colonia Máximo Gámiz Fernández y proseguían: “Compañera Socorro Palos: encárguese de la comisión de orden; compañera Raquel, avise cuando esté la comida”.
Mayagoitia terminó aceptando como un hecho irreversible ese asentamiento, pero lo llevó a la mesa de negociaciones, en donde ambas partes cedieron en algunos puntos. El delegado de CORETT era Chuy Rodríguez, quien precisamente fue el que había pasado el “tip” a Marcos, de que esos terrenos eran expropiables. Esa delegación (CORETT), por cierto, era una posición que Mayagoitia le había dado al grupo del “Chícharo” Meraz.
Cuando quizá sí estuvo a punto de llegar la sangre al río, fue aquel 15 de septiembre de 1977 por la noche, cuando nuevamente, este grupo de muchachos, al frente de centenares de demandantes de terrenos, invadieron el predio semiurbano propiedad de Don Ángel Ávila; ahí el gobierno reaccionó con mano dura, haciendo uso de un impresionante contingente de la Policía Judicial: los desalojó con el “convincente” lenguaje de la fuerza física. Ahí sí que estuvo peligroso ese enfrentamiento.
Pero posteriormente, también se llegó a un acuerdo, se les permutó con otro terreno. Sin embargo, en el predio de don Ángel, después se permitió la creación de lo que hoy es la colonia “16 de Septiembre”, pero mediante un convenio, se repartió para militantes de la CNOP, la cual yo dirigía, y otra parte para los seguidores de Marcos Cruz, pero la manejó la CNOP, por indicaciones de HMD.
Pero ya entonces la psicosis de las invasiones urbanas habían cundido, pues incluso, los estudiantes y maestros del Colegio de Ciencias y Humanidades de la UJED, una mañana le dieron la sorpresa al gobernador al invadir los terrenos ubicados al final del Bulevar Canelas (ahora Av. Coronel Enrique Carrola Antuna), por el oriente, pues no recibían respuesta a la solicitud de su institución, para que se les donaran doce hectáreas para la construcción de su nuevo edificio. El Ejecutivo no sólo accedió a donarles el terreno, sino que les aumentó a catorce hectáreas.
En menudo predicamento se encontraban el director Roberto Aguilar Vera y el jefe del Departamento Académico y a su vez presidente del patronato pro-construcción del edificio, José Ramón Hernández Meraz, pues el primero había sido seguidor de Don Ramiro Arrieta para la gubernatura; tenía que convencer al mandatario que atrás de esa invasión, no había nada con intenciones políticas, no tenía trasfondo personal.
Y en el caso de José Ramón era más delicada su situación, pues tenía que persuadir al gobernante, que no era deslealtad ni indisciplina, recuérdese que Hernández Meraz había sido legislador y cercano colaborador de Mayagoitia. Ahora el señor destino los había juntado de nuevo, colocándolos a ambos al frente de nuestra Alma Mater.
Y seguía corriendo el tiempo del sexenio de Mayagoitia y también aumentando las invasiones urbanas; un trabajo callado y subrepticio era la tarea diaria de Marcos Cruz, Netzahualcóyotl Cardona “El Netza”, Gustavo Pedro Cortez, Fernando “El Botas” y Primitivo “Toño” Ríos.
Tenían muchas formas de preparar los nuevos asentamientos, de las más efectivas que recuerdo, eran la lucha por la cuota mínima del agua, otra, recorriendo vecindades, una por una, perifoneando con un viejo acumulador y un par de bocinas por la periferia de la ciudad; así recuerdo haberlos visto y saludando en la colonia Maderera, en donde volanteaban y realizaban pintas también contra los excesivos cobros de luz. En fin, poco a poco iban creciendo las marchas.
El proyecto inicial de ellos, no era la ciudad, sino el campo, lo urbano lo contemplaban en una segunda etapa de su estrategia de “Línea de Masas”, sin embargo, se dieron cuenta del gran rezago de vivienda urbana y de la respuesta que tuvieron y decidieron concentrarse aquí.
Hubo una ruptura importante en este movimiento, cuando Chuy Vargas se quiso deslindar de todo este grupo, Marcos nunca quiso enfrentarse con él, no quería desgastarse o exponer su proyecto a mediano plazo e incluso estaba dispuesto a dejar la colonia “Cartolandia”, pero Ramón Durán, que había sido otro de los iniciadores de esa primera invasión, él sí se le enfrentó y materialmente lo combatió y lo venció hasta sacarlo de la colonia, para consolidar lo que hoy es la “División del Norte”.
Tiempo después se dio otra nueva invasión; siguió la colonia “Ley de Asentamientos Humanos” comandada por el lng. Nino Montoya Guzmán, quien fue el primero que intentó invadir el predio “La Virgen”, este líder y maestro de la UJED, era “un hueso duro de roer”, muy persistente en sus objetivos, nunca quiso negociar con el gobierno a través de INDECO, que le ofrecía otro predio a cambio de que dejara “La Virgen”, todavía después de que fue agredido de una puñalada por un desconocido, para amedrentarlo y haber sobrevivido a un derrame interno, aun así se negaba a transigir; no solo eso, sino que cuando estuvo hospitalizado de suma gravedad en el ISSSTE por ese atentado, se molestó al tener conocimiento que su hermano, el Profesor Alfonso Montoya, con quien compartía el liderato de esa osadía, aceptó darle una solución inmediata a esa peligrosa invasión y aceptó los terrenos del ex-campo aéreo. Fue en esos días cuando apareció la incorporación a Gonzalo Yáñez, procedente también del DF.
Es aquí, cuando el gobernador Mayagoitia, después de la invasión de la “Lucio Cabañas” decidió hacer un ajuste a su logística social y política, enviando a José Ramón Hernández Meraz a INDECO, y al que esto escribe lo promovió al liderato de la CNOP. Casualmente, los dos teníamos una amistosa relación con estos cuadros de líderes sociales.
En mi gestión al frente de la añorada CNOP, también le entramos a las invasiones, pues no sólo permitimos sino que alentamos a los cuadros medios y a líderes naturales, a invadir también predios; ahí están las 17 colonias que se crearon en ese periodo: la 16 de Septiembre, la Mayagoitia, la José López Portillo, la PRI, la Ampliación PRI, los Olvidados, la Azteca, la Rosas del Tepeyac; luego, la Miguel de la Madrid, la Armando del Castillo, la González Avelar, etc.

Continuará…

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