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Buscar caminos para detener la violencia

Andrés Manuel López Obrador sigue arriba en las encuestas, según las tendencias publicadas en varios medios nacionales. José Antonio Meade, virtual candidato del PRI no parece jalar muchas simpatías, pudiera no haber sido buena elección. Al señor Meade no se le escucha buen discurso, ni se le ve carisma, ni fortaleza de partido, ni empatía social; pero puede ganar, porque los absurdos en política si existen.
A López Obrador lo han atacado de muchas formas y siempre sale fortalecido, ciertos o no los ataques no lo han debilitado, ahora tiene ventaja según las encuestas hasta de diez puntos por encima del segundo lugar que es el Frente Ciudadano con Anaya o con Miguel Ángel Mancera, quienes tienen empate técnico para ser el candidato frentista.
Hace unos día en una gira por el Estado de Guerrero, López Obrador externo una reflexión en torno a una amnistía para los narcotraficantes a cambio de que disminuyan a violencia incontrolable. Habló de una consulta para ver que opinaban al respecto, nunca planteó el tema como una decisión, ni siquiera como una propuesta, fue solo una posibilidad que se tendría que analizar.
Esta reflexión fue utilizada para pegarle a López Obrador, es normal, es el enemigo a vencer. Le dijeron desde loco hasta narco, pero más allá del interés político por debilitarlo, nos parece que su reflexión se debe ver con interés y no descalificarse del todo.
La violencia ha superado al estado, la militarización del país está siendo muy cuestionada tanto por organizaciones nacional como internacionales, por eso es necesario que se abran todo tipo de posibilidades para frenar la violencia que se dispara para ser este año el más violento en dos décadas.
Lo más curioso es que quienes se oponen a siquiera discutir esta posibilidad, tienen la sospecha de haber negociado con grupos delictivos en varias ocasiones, inclusive quizá ahora lo estén haciendo y no solo eso, sino que han recibido dinero para hacer las campañas electorales con las que ganaron elecciones.
Ricardo Anaya dirigente nacional del Partido Acción Nacional (PAN) olvida que siendo diputado federal sus compañeros de bancada bailaban, tomaban, se divertían con damas en compañía de gente dedicada a la delincuencia, esto fue en Puerto Vallarta, Jalisco, se hizo gran bronca, se dijo que expulsarían a los fiesteros, no pasó nada. En Monterrey se manejó mucho que los propietarios de casinos patrocinaban campañas de candidatos panistas, no pasó nada, es más, algunos de los señalados fueron legisladores federales después del escandalito.
Ricardo Anaya se escandaliza, pone el grito en el cielo, acusa a López Obrador de loco, pero hay indicios de que el PAN ha negociado con malos; eso le resta credibilidad al pretenso a la candidatura a la Presidencia de la República por el Frente Ciudadano, que de ciudadano por supuesto no tiene nada.
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) también ataca, se une a los que casi se infartan con la reflexión de López Obrador, pero ni siquiera es necesario escarbar, sino solo rascar un poco para que salgan a relucir grandes casos de la narcopolítica, lo más reciente en Nayarit y Coahuila, pero podemos citar Tamaulipas, Chihuahua, Sinaloa, Guerrero, Michoacán, Jalisco en donde connotados priistas se han visto involucrados con los narcotraficantes.
Nosotros decimos que es válido analizar la propuesta de López Obrador, profundizarla, no se trata de abrir las puertas de los penales a los delincuentes, sino hacer una ley, con su reglamentación muy precisa y no andar haciendo pactos y estableciendo acuerdos por la libre y en lo oscurito, eso es mucho más peligroso. Finalmente hay que buscar caminos para parar la masacre. O no.

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