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Campaña de Valores: a recuperar la parte humana de la sociedad

Ayer en uno de los bellos edificios del Bicentenario, se realizó el encuentro anual entre los directores de los medios de comunicación (prensa, radio y televisión), y la presidenta del DIF Estatal, Tere Álvarez del Castillo, teniendo como testigo de honor al gobernador Jorge Herrera Caldera. El objetivo: renovar la alianza sobre la campaña de valores.
Antes de estampar las firmas del nuevo compromiso, los representantes de los medios escuchamos con interés los mensajes de las dos personalidades. Y entre los elementos que tanto Tere Álvarez como Jorge Herrera resaltaron en sus respectiva exposición de ideas fue la necesidad de seguir trabajando unidos (medios y gobierno estatal) en la promoción de los valores, hoy tan urgidos en nuestra sociedad.
Y mientras los escuchaba se desprendió mi siguiente reflexión: ¿Por qué sigue siendo urgente la necesidad de continuar con una campaña a favor de los valores? La respuesta, también, fue inmediata. Cuando se exige una campaña de valores en la sociedad, es porque la sociedad está desvalorizada; devaluada. Está desmotivada para seguir adelante, en el crecimiento como sociedad; carece de brújula. No tiene rumbo.
Y recordé uno de los elementos que el documento de Aparecida ( escrito por los obispos latinoamericanos en su reunión de mayo de 2007) presenta en su diagnóstico, sobre la situación de la sociedad del Siglo XXI:
“La avidez del mercado descontrola el deseo de niños, jóvenes y adultos. La publicidad conduce ilusoriamente a mundos lejanos y maravillosos, donde todo deseo puede ser satisfecho por los productos que tienen un carácter eficaz, efímero y hasta mesiánico. Se legitima que los deseos se vuelvan felicidad. Como sólo se necesita lo inmediato, la felicidad se pretende alcanzar con bienestar económico y satisfacción hedonista.
“Las nuevas generaciones son las más afectadas por esta cultura del consumo en sus aspiraciones personales profundas. Crecen en la lógica del individualismo pragmático y narcisista, que suscita en ellas mundos imaginarios especiales de libertad e igualdad. Afirman el presente porque el pasado perdió relevancia ante tantas exclusiones sociales, políticas y económicas. Para ellos, el futuro es incierto. “Asimismo, participan de la lógica de la vida como espectáculo, considerando el cuerpo como punto de referencia de su realidad presente. Tienen una nueva adicción por las sensaciones y crecen, en una gran mayoría, sin referencia a los valores e instancias religiosas. En medio de la realidad de cambio cultural, emergen nuevos sujetos, con nuevos estilos de vida, maneras de pensar, de sentir, de percibir y con nuevas formas de relacionarse. Son productores y actores de la nueva cultura.
“Surge hoy, con gran fuerza, una sobrevaloración de la subjetividad individual. Independientemente de su forma, la libertad y la dignidad de la persona son reconocidas. El individualismo debilita los vínculos comunitarios … Se deja de lado la preocupación por el bien común para dar paso a la realización inmediata de los deseos de los individuos, a la creación de nuevos y, muchas veces, arbitrarios derechos individuales, a los problemas de la sexualidad, la familia, las enfermedades y la muerte” (Dcto. Conclusivo de Aparecida PP 58,59,60, párrafos 44, 50, 51, 52).
Considero que el tema de los valores, dentro de una sociedad devaluada, desvalorizada, es un verdadero reto de largo plazo. Y es que el objetivo primordial es el recuperar la parte humana de la persona.
Hoy, el mundo de la posmodernidad, marcado por la revolución digital y las redes sociales, sólo cree en lo que ve. Se ha olvidado de lo trascendente, porque, simplemente no hay alguien que le hable sobre ello.
Hoy, la familia, principal centro cultural de la sociedad, ha dejado su papel formador de la persona humana. Hoy, la preocupación es sólo la instrucción técnica de la persona.
El factor humano casi ha desaparecido y con ello, el contenido esencial del HOMBRE.
Los que vivimos en esta época, estamos divididos por una muralla invisible: de un lado estamos los que creemos en el humanismo y los valores que lo contienen (respeto de la vida desde su gestación; el matrimonio entre un hombre y una mujer; la economía social con rostro humano y la justicia). Del otro lado está la inmensa mayoría que apoyado en un individualismo excluyente, proclaman a diario derechos de todo tipo y se apoderan de los recursos naturales despojando a la gran mayoría de ellos).
De un lado estamos los que creemos en la trascendencia humana y del otro los que, sostienen que la vida debe gozarse hoy, porque mañana se acaba: de un lado estamos los que consideramos que el ser humano proviene de una razón fundante y del otro lado, los que sostienen que procedemos del caos y por lo tanto no hay mañana; no hay esperanza sólo el hoy y ahora.
Entonces, la campaña de valores deben ir encaminados a recuperar a ese centro cultural humanista, que conocemos como Familia.

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