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Campañas, las respuestas que queremos…


Decepcionantes han resultado las precampañas de precandidatos presidenciales, en ellas no hay ninguna propuesta y nosotros buscamos las respuestas que queremos escuchar de ellos. Y seguimos quedándonos con nuestras dudas sobre sus propósitos en caso de arribar a la Presidencia de la República.
Los ciudadanos queremos respuestas claras a grandes preguntas que han quedado sin respuesta en las últimas décadas. Sin embargo, cuál sea la propuesta de Andrés Manuel López Obrador, de Ricardo Anaya, de José Antonio Meade, y de las y los precandidatos independientes, constituye todavía una incógnita que deberá resolverse en los siguientes tres meses. Después de eso, quien gane, irá ya muy tarde, porque resolver cada una de ellas requiere de amplios consensos nacionales. Algunas son las siguientes:
¿Cómo abatir la desigualdad? En nuestro país hay una grosera concentración del ingreso. De acuerdo con el estudio presentado en 2016 por Oxfam, (es un movimiento global que trabaja en 94 países para poner fin a injusticia de la pobreza y poner fin a la desigualdad), sólo cuatro familias concentraban casi el 9 por ciento del Producto Interno Bruto nacional. Por supuesto que alterar las relaciones de desigualdad implica modificar las relaciones de poder, que se traducen en medidas como una reforma fiscal progresiva (que incluya impuestos a la propiedad, a la renta y a las ganancias del capital financiero), el replanteamiento del pacto fiscal de la Federación, y un cambio de 180 grados en las prioridades y objetivos asumidos al momento de diseñar el Presupuesto de Egresos de la Federación.
¿Cómo reducir la pobreza? A lo largo de los últimos 100 años se ha acreditado que sólo hay dos vías, y que deben darse de manera simultánea: a) generar empleos dignos, en contextos de pleno empleo; y, b) construir un poderoso estado de bienestar, sustentado en dos pilares: educación de calidad gratuita, laica y universal, desde el preescolar hasta el posgrado, y un sistema universal de salud, público, de calidad y gratuito, capaz de enfrentar las epidemias que están determinando las tendencias de mortalidad en exceso evitables que hoy privan en el país.
¿Cómo reconstruir un Estado social de derecho? Lo cual implica la acelerada reducción de la violencia; controlar y reducir significativamente la corrupción y reducir drásticamente la impunidad. Todo ello implica llevar a cabo la permanentemente pospuesta reforma de las instituciones de seguridad pública, a fin de dar cumplimiento al Nuevo Sistema de Justicia Penal.
¿Cómo reinventar al gobierno? Es decir, cómo se construye un andamiaje institucional con la capacidad de cumplir con el nuevo paradigma constitucional en derechos humanos y, particularmente, los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales (Desca). Una nueva estructura del gobierno tal, debe responder además a criterios de democracia en su integración, transparencia, así como mecanismos efectivos para la rendición de cuentas y el gobierno abierto.
¿Cómo armonizar el marco jurídico para lo social? Pues en nuestro país conviven leyes de distinta “generación”, que no responden, necesariamente, al nuevo andamiaje constitucional anclado en el paradigma de los derechos humanos; en ese sentido, es urgente reformar, al menos, las leyes generales de salud, de educación, de asistencia social, de desarrollo rural sustentable y de cambio climático, a fin de armonizarlas entre sí, y respecto de la Constitución.
¿Cómo consolidar la democracia, entendida como una forma de vida en diálogo, civilidad y solidaridad? Lo cual implica un renovado aliento al fracasado sistema de partidos que hoy tenemos y que requiere reformarse con urgencia ante la crisis de credibilidad y representatividad que hoy le caracterizan.
Ahora con el enfrentamiento de los gobiernos Federal y el de Chihuahua es obligado revisar el federalismo mexicano que ya está rebasado y requiere urgentemente de una revisión y adecuación necesarias a los tiempos que corren. El federalismo mexicano resulta obsoleto y requiere de reformas que lo vigoricen y de un nuevo sentido a la República Mexicana.
Éstas son sólo algunas de las cuestiones estructurales que deben discutirse sin demora, debemos transitar del voluntarismo expresado por los precandidatos, a un esquema de propuesta política que respete la inteligencia de la ciudadanía y que convierta a la acción política en ejemplar para la ciudadanía. No hacerlo, implica una renuncia al espíritu mismo de la democracia, cuyos costos continuaremos pagando, de manera preocupante e innecesaria, por mucho tiempo más.

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