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Caso Elba en día de AMLO

Yuriria Sierra

Es simple: la PGR no armó un caso sólido, por eso el juez desechó las acusaciones. Eso pasó con Elba Esther Gordillo. No es la primera vez. La procuración de justicia en nuestro país es un tema tan ausente que nos asombramos cuando ésta tiene un correcto final. A Maquiaelba (siempre me ha gustado llamarla así por su agudísimo sentido de lo político) se le acusaba de los delitos de crimen organizado, lavado de dinero, operaciones con recursos de procedencia ilícita y defraudación fiscal. ¿Qué podría salir mal? Se trataba de uno de los primeros casos “gordos” de esta administración que, aunque pareciera que sí, todavía no termina. La evidencia era casi del dominio público: el derroche, los excesos. Sólo había que documentar y tener registro de las operaciones con las que Elba Esther se aseguró lujos y propiedades. Pero salió mal. Otra vez, todo salió mal. Una a una, las acusaciones se fueron cayendo. Y la maestra regresará a la escena pública el próximo 20 de agosto, el día que inicia el ciclo escolar, porque habrá perdido cinco años de libertad, pero no el sentido de la ironía.

Los responsables de esta nueva pifia de la justicia mexicana ahí están. Sólo basta recordar a quienes se ufanaron de la detención del caso, quienes presumieron el operativo en el aeropuerto de Toluca, quienes afirmaban que no se violaron sus derechos ni se le quiso humillar exhibiéndola con esposas en mano. Jesús Murillo Karam ofrecía entrevistas, daba conferencias, precisaba detalles de la captura de la líder magisterial. Era máxima de la entonces recién nueva administración combatir la corrupción. Hoy, Murillo Karam está fuera de la escena pública, y los procesos judiciales que encabezó tuvieron mal final. Todos. Y no sólo los expedientes que armó, también los que la PGR armó tras su reemplazo. No es por asustar, pero Javier Duarte o Guillermo Padrés, por ejemplo, más allá del juicio mediático, no han tenido sentencia, por el contrario, han encontrado amparos y absoluciones de algunos de sus cargos. Así de mal armados los expedientes. Al del exgobernador de Veracruz le han salido más causas, pero, como no fueron incluidas en la solicitud de extradición, se quedará sin pagarlas.

La libertad de Elba Esther Gordillo no debería sorprendernos. No es la primera vez que se cae un caso. No a este gobierno, al menos.

Lo que vale la pena preguntarse es la razón por la que ésta se dio el mismo día en que Andrés Manuel recibió su constancia como presidente electo. ¿Hubo acuerdo? ¿Hubo mala leche? ¿Quién quiso opacar el día que AMLO esperó, más que en el último mes, los últimos años? Coincidencia histórica, dijo Olga Sánchez Cordero. La amnistía ya empezó, dijeron los panistas. Resultan interesantes las varias reacciones y lecturas que se le da a la absolución de Maquiaelba. Fue durante la madrugada, cuando los periódicos ya habían cerrado sus planas, pero a una hora que le aseguró convertirse durante la mitad del día en la noticia principal, cuando su abogado dio lectura a un mensaje de su clienta. El anuncio estuvo planeado así. ¿Alguien dentro del Poder Judicial le quiso cargar la libertad de Elba Esther a AMLO? ¿Mandarle un mensaje con ello? ¿Algún juez molesto ante el posible recorte de salario? ¿O quién querría que el caso de la maestra se resolviera antes del 1 de diciembre? ¿Ninguna de las anteriores?

El 20 de agosto sabremos lo que tiene que decir; Elba Esther, además de maestra, es maestra en política a la mexicana. Pero ahora, libre está, como escribí el día de su detención: “la vitalicia, la de la influenza y de las influencias, la del sindicato, la de las cuotas; la de los mil y un maestros, mil y una jugadas, la de las mil y una caras, literales y figuradas; la despiadada, la amiga y enemiga de todos y de ninguno, la autoproclamada guerrera, la autoproclamada invencible, la autoproclamada perpetua… La que entró por las cloacas y por las cloacas se fue…” y la que por los excesos y fallas de las cloacas de la justicia mexicana libre se encuentra ya.

ADDENDUM. Entre las mil y una teorías de la conspiración, a nadie se le ocurrió pensar y preguntar si no fue la propia Elba Esther (a quien se le informó a las 23:30 horas del martes que quedaba en libertad), dado que es la campeona de la forma y por lo tanto del fondo (y toda una vieja loba de mar), la que pudo operar la fecha del sobreseimiento de su caso. Porque guardó silencio, pero su nombre sobrevoló todo el día por los cielos de la constancia de mayoría. Y ese tipo de metáforas sabemos que le encantan.

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