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Censura en la radio


Al iniciar el mes de octubre, corrió la noticia de que el periodista Leonardo Curzio había renunciado a la titularidad del noticiero radiofónico Enfoque y a la dirección de noticias de Núcleo Radio Mil (NRM). ¿El Motivo? Edilberto Huerta, dueño del citado grupo radiofónico le pidió que despidiera a dos de sus colaboradores, María Amparo Casar y Ricardo Raphael, protagonistas de la mesa de discusión llamado La Tertulia.
Los distinguidos colaboradores discutieron al aire y se opusieron a las propuestas del presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa, de eliminar el financiamiento público de los partidos y de desaparecer a los diputados y senadores plurinominales. Esa postura al parecer incomodó a Edilberto Huerta y por eso exigió a Curzio el que los despidiera. Al no estar de acuerdo, el periodista optó por la renuncia.
En Núcleo Radio Mil ya había sucedido anteriormente otro caso, aunque con otros concesionarios. En 1993, el célebre periodista Miguel ángel Granados Chapa fue destituido del espacio informativo matutino, La Ciudad, por hacer duras críticas al Tratado de Libre Comercio y por conceder un importante espacio para entrevistar al entonces candidato presidencial, Cuauhtémoc Cárdenas. Un año más tarde, corrió con la misma suerte Enrique Quintana, por difundir por tiempo prolongado, por la frecuencia de Stereo Cien, una entrevista con el líder del movimiento estudiantil de 1968, Eduardo “El Buho” Valle.
El caso más paradigmático de censura en este sexenio definitivamente fue la salida de Carmen Aristegui de MVS Noticias, por ventilar el tema de la tristemente célebre “Casa Blanca”, de la primera dama, Angélica Rivera. En el sexenio de Calderón la misma Aristegui fue despedida de W Radio. En ese entonces se dijo que por presiones del hermano de Margarita Zavala, Juan Ignacio, fue que la empresa no le renovó el contrato a la periodista.
Por su parte, con Vicente Fox, el caso más sonado fue la desaparición del espacio noticioso en radio, “Monitor” conducido por José Gutiérrez Vivó. El gobierno de Fox impuso un cerco publicitario que terminó por extinguir a tan notable espacio. En ese mismo sexenio, por cierto, se le permitió a Ricardo Salinas Pliego que se apoderara de la señal, la torre de transmisión y las instalaciones de lo que fue CNI canal 40, despojando a la familia Moreno Valle de la concesión.
De acuerdo a la Ley Federal de Radio y Televisión, corresponde a la Nación el dominio directo de su espacio territorial y, en consecuencia, del medio en que se propagan las ondas electromagnéticas. El uso, aprovechamiento o explotación de las bandas de frecuencias del espectro radioeléctrico para prestar el servicio de radiodifusión sólo podrá hacerse previos concesión o permiso que el Ejecutivo Federal otorgue. Esta última parte es la que da pie para que en ocasiones el Estado se siente con el derecho de ejercer su voluntad y retirar programas del aire o exigir a los permisionarios el que destituyan a tal o cual comunicador. Pero también es verdad que en aras de quedar bien con el gobierno el concesionario censura a nivel interno a sus líderes de opinión.
Esta situación es más común verla en los medios impresos. No son concesiones, como lo son las señales de televisión y radio, y esto les da más facilidad para ejercer la libertad de expresión, pero en ocasiones, son muy dados los directivos de los medios impresos a cuidar los contenidos para no irritar y quedar bien con gente allegada al poder.
No se puede aspirar a la democracia si no existe y si no se difunde una autentica pluralidad en los medios de comunicación. Se tendría que ejercer a plenitud la libertad de expresión y el derecho de las audiencias, en este caso, las de la radio.
De lo contrario, seguiremos cayendo en el juego de la simulación, y eso, a nadie nos beneficia.

ladoscuro73@yahoo.com.mx
@ferramirezguz