Loading

¿Compartir violencia?

“Ante la mirada del público, un acontecimiento brutal se vuelve más real cuando hay imágenes que lo exponen… pero una exposición reiterada también lo vuelve menos real”

Difundir o no las imágenes de una tragedia es en mi caso y en el de muchas personas a quienes respeto, una decisión simple.
En las últimas horas he leído y escuchado con insistencia voces que defienden la publicación de los videos o fotografías de contenido violento, escabroso o escatológico, con el argumento del rechazo a la autocensura y con la justificación de que “de todas formas esos contenidos ya están al alcance de todos”. No puedo estar más en desacuerdo con eso.
Es verdad que siempre habrá alguien dispuesto a compartir materiales morbosos mientras exista alguien dispuesto a consumirlos; del mismo modo que hay alguien que asesina, ofende o simplemente es víctima de un suceso violento.
Pero que haya personas dispuestas a lanzar o a consumir mierda no significa que sea correcto ponerla en exhibición, compartirla y hacer con ella un espectáculo “para asumir que esa es la realidad” o para “no cerrar los ojos a lo que está pasando”.
No se equivoquen, hablar de los peligros del mundo, prevenirlos y formar jóvenes sanos no se hace compartiéndoles imágenes violentas. Detrás de muchas de las justificaciones veo el deseo morboso de hacer un espectáculo con un hecho espeluznante… es la oportunidad para esas mentalidades “abiertas” de ver en la vida real lo que parecería una película.
¿De verdad alguien cree que compartir el video de una tragedia ayuda a prevenir o tiene algún valor instructivo?
Para compartirlo no encuentro una sola razón. Y no se trata de censurarlo, el video está ahí y habrá quienes quieran verlo cualesquiera que sean los motivos que tenga. Pero… ¿compartirlo?
¿Es necesario ver el video y hacerlo circular para convencernos de que eso realmente ocurrió, para indignarnos o para tomar conciencia?
Entre las razones para no compartir ese material hay algunas con las que coincido; de entrada por respeto a las víctimas. No creo que se necesite abundar demasiado en esto, pero hay personas inocentes quienes están viendo como un momento terrible en sus vidas se ha convertido en un espectáculo.
También porque es ilegal, en las imágenes aparecen menores de edad y nuestras leyes señalan que no deben exponerse.
En esta época en que la moralidad es tan cuestionada y subjetiva, aún es posible decir que compartir ese tipo de materiales es inmoral. Cuestión semántica.
Que los niños y jóvenes tienen materiales peores a su alcance no justifica que alguien ponga más y ayude a normalizarlos.
En mi área de influencia alguien consideró que el tema era “de interés público” y subió el video a las redes… pedí bajarlo. No necesitamos de imágenes grotescas para informar.
Muchos de quienes han estudiado periodismo y de quienes nos hemos formado en este oficio, analizamos alguna vez el ensayo de Susan Sontag –Ante el dolor de los demás- ahora cobra sentido.
Eso sí lo comparto con gusto, en la esperanza de que quienes nos decimos reporteros, comunicadores o periodistas, recordemos ese asunto fundamental; los derechos y las libertades no son absolutos, tienen límites. Y, el dolor de los demás debe ser un límite para nuestras acciones.
Del ensayo de Sontag comparto algunas frases que he rescatado de su relectura:
“La conmoción puede volverse corriente… Al igual que se puede estar habituado al horror de la vida real, es posible habituarse al horror de unas imágenes determinadas”.
“… Tales imágenes solo nos incapacitan un poco más para sentir, para que nos remuerda la conciencia”.
“… La apetencia por semejantes imágenes es vulgar o baja… es necrofagia comercial”.

Comenta con Facebook