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Conmoverse, indignarse, decepcionarse y frustrarse

Las fotografías que nos llegaron por redes seguramente también les llegaron a ustedes, son impresionantes. Dos fotografías dramáticas, la primera: La toma de un campo de concentración nazi en la que niños judíos, quizá algunos hijos de comunistas o de gitanos están tras una alambrada. Niños separados de sus padres, de su familia, de sus amigos, de sus juegos, de su escuela.
Abajo, otra fotografía, niños morenos, hijos de mexicanos, o guatemaltecos, quizá de salvadoreños u hondureños, miradas tristes tras una alumbrada, en un campo de concentración neoliberal, estadounidense, separados de sus padres, de sus hermanos, de sus amigos, de su escuela, de sus juegos.
La deshumanización extrema, los niños como instrumentos de la intolerancia, la exclusión, la persecución implacable contra indocumentados. Niños hijos de acosados que buscan, unos, cambiar sus vidas trabajando, otros, buscando espacios académicos para prepararse, otros, no pocos, huyen de la violencia. Todos buscan un lugar para vivir, una posibilidad que sus países de origen niegan.
Los Estados Unidos, los mesiánicos, a los que “dicen” Dios los guía para imponer la democracia, imponer gobernantes cómodos, ordenar sanciones económicas, abrogarse el derecho de tener armas atómicas, o químicas, como el napalm con el que rociaron a miles de vietnamitas. Estados Unidos, el que promueve golpes de estado, impone gorilas incondicionales, asesora el manejo de métodos de tortura con el beneplácito de los gobiernos dóciles.
Hoy, a Estados Unidos lo gobierna un demente que defiende a los ciudadanos de su país abriendo guerras comerciales, y con esa irracionalidad reactiva la economía, genera empleos, va buscando reyertas internacionales, y millones de americanos que piensan que mientras entre dinero a su billetera lo demás no interesa, aunque lo demás sea aberrante, el pensamiento clásico del individualismo neoliberal extremo.
La presión internacional protestó por el trato a los niños separados de su familia y contra la política “trumpiana”, “trumpiosa” o “trumpuda” de “cero tolerancia”, aplicada a los indocumentados. La condena casi unánime, la protesta social mundial hizo que Donald Trump tuviera un repliegue y firmara una orden ejecutiva para suspender la separación de las familias indocumentadas, pero no para darles libertad, los niños seguirán en prisión, pero con sus padres. Su orden ejecutiva solo una manera de sacudirse la presión internacional.
El gobierno mexicano protestó de manera suave y tersa, como no queriendo incomodar la siesta del señor Trump. Incapaz de apoyarse en la sociedad, en el federalismo, ni siquiera en la diplomacia expresada con energía.
Estamos inmersos en un proceso electoral que en este tema me ha decepcionado por la pobreza de quienes aspiran a la Presidencia de la República, por sus posiciones pobres, débiles, irrelevantes. Incapaces de hacer un alto en el camino para formar una protesta conjunta, exigir alto a la política de “cero tolerancia”, demandar la intervención inmediata de los órganos internacionales y convocar a una movilización de todos los mexicanos. Nada de eso, los niños en campos de concentración estadounidenses solo merecen una declaración, pero nunca una acción, están más ocupados en los cierres de campaña; quizá son temas que no les producen ganancia electoral, lo cual nada los diferencia de Donald Trump.
La CONAGO existe para despilfarrar, para encerronas inútiles y ostentosas, para la grilla vulgar. En cada reunión se gastan ocho millones de pesos, nunca se les ocurrió convocarla para emitir un documente de condena. Quizá los gobernadores están ocupados buscando la manera de triangular recursos para apoyar candidatos, o para quedarse con la lana.
De los candidatos a diputados o senadores ni se diga, esos temas no existen, solo la lucha demencial por el poder, prometer absurdos, llenar su discurso de lugares comunes, cabalgar sus campañas sobre la mediocridad. La situación de los niños encerrados y la impotencia de sus familias por reunirse con ellos conmueve e indigna. La respuesta de nuestro gobierno y de quienes aspiran a gobernarnos decepciona y frustra. O no.

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