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De “conservadurismo” y diputados pequeños


Tengo muchos años escuchando el pretexto de que “Durango es conservador” para justificar el atraso económico, social, cívico y de convivencia que prevalece en la sociedad y en las instituciones públicas que deberían ser laicas como establece la Constitución y no instrumentos para mantener en el subdesarrollo cultural a la gente, a la cual se le siguen imponiendo leyes con las perspectivas prejuiciosas del siglo pasado con la finalidad de negar derechos que son plenamente reconocidos por los organismos internacionales, es decir, “por el mundo civilizado”, incluso, por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Yo recibí la formación más conservadora que puede haber en Durango y no tengo los candados mentales ni los prejuicios que los diputados han mostrado en las últimas legislaturas; fui monaguillo con los Carmelitas, pertenecí a los “Scouts”, estudie con los Lasallistas y con los Franciscanos, mis primeros estudios superiores los cursé en una de las universidades más conservadoras del país, así que tengo bastante experiencia para entender el “conservadurismo” duranguense, que por cierto es muy peculiar, distinto a como se da en otras partes de la República.
Lo cierto, es que en lo últimos años los diputados han creído que el mundo y sus procesos culturales se van a detener hasta que ellos rompan con sus prejuicios, ya deben dejar de utilizar como pretexto el “conservadurismo” para justificarse por sus limitaciones de pensamiento y su falta de compromiso social, su única responsabilidad es darle funcionalidad al orden jurídico y apegarlo a la realidad, en cambio, se han esmerado en frenar las perspectivas más progresistas en cuanto al respeto y a la promoción de los derechos humanos que son parte de la normalidad en las democracias más avanzadas.
Los diputados son muy importantes en una sociedad porque de ellos depende la convivencia, las oportunidades y las opciones para que las personas puedan desarrollar sus potencialidades, realizarse y ser felices, ese es el sentido de las leyes y es evidente que los partidos políticos han sido sumamente irresponsables en relación a que postulan a cualquier persona, sin importar si tienen la preparación humana y profesional para comprender siquiera los temas que se debaten, sus alcances jurídicos y las consecuencias sociales.
Parece ser que a los diputados no les queda claro que la gente considera a la política y a los partidos políticos como las instituciones más desprestigiadas y que más desconfianza generan y no solo es una percepción generalizada, son cifras oficiales, basta que apliquen un poco el sentido común para que comprendan que los ciudadanos no solo los ven como inútiles para transformar la realidad, sino que no los respetan ni los consideran unos representantes válidos.
Cada vez que los diputados ponen como pretexto el “conservadurismo” para frenar cambios que le permitan a Durango estar en una posición más avanzada, por no decir menos arcaica, o cuando argumentan que “la sociedad no está preparada” para esos cambios, realmente se muestran pequeños, mediocres y retardatarios tratando de contener los procesos globales que empoderan los derechos de los ciudadanos que pertenecen a los grupos mal llamados “minoritarios”.
Los diputados deben dejar a un lado sus argumentos moralinos para debatir temas como el reconocimiento del derecho de las personas del mismo género a contraer matrimonio civil y a adoptar hijos; deben superar sus prejuicios en su actuar público y dejar de creer que las personas que no son heterosexuales deben estar permanentemente limitadas en sus derechos como ciudadanos; el debate legislativo debe circunscribirse a lo que es justo y legal, sus limitaciones para entender la realidad deben aplicarlas solo en sus asuntos privados.
Ver el entorno en blanco y negro siempre va a propiciar estancamiento y miedo al cambio, se tienen que buscar los contrastes, Durango debe empezar a tener avances más progresistas, los diputados deben romper esos candados mentales que los tiene sometidos a votar en contra de lo que es correcto por el miedo a perder poder con las cúpulas de sus partidos y con algunos segmentos sociales por no mostrarse públicamente “conservadores”.
Lo menos que deben hacer también los diputados de esta Legislatura es ser facilitadores para que se apruebe la iniciativa de “Sin voto no hay dinero”; la cual es una forma equitativa para quitarles prerrogativas económicas a todos los partidos políticos, ya que ninguno de los ciudadanos que votaron por ellos a cambio de una promesa o una despensa se los van a reclamar, al contrario, se los reconocerían, porque la gente está harta de los abusos y el dispendio económico de las improductivas burocracias partidistas; denle prestigio a sus cargos, sean coherentes entre lo que dicen en sus discursos y lo que votan en el Congreso.
Las leyes para el “empoderamiento” de las mujeres también están en la incoherencia y más las que tratan de equidad de género, ya que son una expresión del feminismo machista que minimiza sus fortalezas y capacidades porque las siguen concibiendo como a personas inferiores y vulnerables a las que hay que darles facilidades para que convivan y compitan con los varones; afortunadamente cada vez hay más mujeres conscientes de su valor a las cuales no les interesa recibir tratos preferenciales para cumplir sus objetivos sociales, personales y profesionales.
las sociedades que sobreviven y evolucionan no son las más fuertes, sino las que mejor se adaptan a los cambios; evidentemente Durango cada vez es menos conservador en sus distintos estilos de vida, aunque sus leyes y sus convencionalismos públicos siguen siendo igual de racistas, clasistas y machistas que hace décadas, precisamente porque los diputados insisten en conservarlas así ya que no han podido superar sus prejuicios ni están conscientes de su responsabilidad social y del valor que deben darle a la dignidad de todos los ciudadanos al momento de votar las leyes, aunque muchas de la veces ni siquiera las entiendan.

@ernestoescobosa