Contexto político a un año de la elección presidencial


Grave lo que nos dice la última encuesta de ayer que hace GEYSA. EPN se estanca por debajo de los dos dígitos con un 19 por ciento de aceptación; 80% de la población dice que va mal el país; y, más de la mitad de la población creé que habrá fraude en el 2018.
Una regresión terrible después de los comicios del 4 de junio en el estado de México y Coahuila. Por otro lado, dice la citada encuesta que el PRD retiene sólo el 7% de las preferencias.
A estas alturas del partido, todavía hay voces desesperadas que insisten en que se instaure legalmente la segunda vuelta electoral, cuando ni siquiera hemos reglamentado la última reforma política sobre el tema de los gobiernos de coalición y la reelección de diputados locales y alcaldes, ya contemplados en la Constitución General de la República.
Por otro lado, todavía no se finiquita el proceso electoral del 2017 por las impugnaciones presentadas en el Estado de México y Coahuila, y ya tenemos encima el proceso electoral del 2018, por lo que se habrán de empalmar ambos.
Desde hace semanas iniciaron los trabajos para la conformación de dos frentes opositores propuestos por el PAN (Frente Amplio Opositor) y PRD Frente Amplio Democrático), para ir hermanados en una paradójica alianza electoral al más estilo pragmático, haciendo a un lado sus respectivas ideologías, sumar sus diluidos votos duros en aras del poder, pero sin hablar de propuestas que compartan entre sí, ni de los grandes temas nacionales de las que teórica e históricamente tienen visiones diametralmente opuestas.
Nunca en mi vida había visto una alianza tan absurda como la del pretendido acuerdo de un frente de izquierdas y derechas, donde de manera grosera sus cúpulas imponen contra viento y marea una forzada “alianza”, sin un programa de gobierno común consensuado con sus respectivas militancias y sin el nombre de un candidato definido, sólo el hambre de ganar el poder, de asegurar los privilegios y prerrogativas otro sexenio más para las burocracias políticas.
No es tampoco en busca de la alternancia que la justificaría, porque el PAN ya estuvo en el poder 12 años y falló. Y al interior del PRD, se ha desatado una insurgencia entre sus bases y se acogen a su fundador Cuauhtémoc Cárdenas para que evite ésa arbitraria y obligada alianza a la que los quieren llevar, y se suman a ese rechazo el senador Alejandro Encinas y el Alcalde de Guadalajara por el M.C. Aristóteles Sandoval.
Lo que queda del PRD, aliado con sus verdugos, los que le robaron la presidencia a su ex candidato Andrés Manuel López Obrador. Los perredistas de abajo no se imaginan haciendo campaña por la señora Margarita de Calderón o por el joven panista Ricardo Anaya. Ni yo me imagino a Felipe Calderón o Gustavo Madero pidiendo el voto por Alejandra Barrales en la Ciudad de México o por Miguel Mancera o Juan Zepeda para presidente.
Una vulgar y ambiciosa negociación de espacios políticos, no de programa de gobierno, con una sola prioridad, detener a AMLO. Sin pensar en el país ni en sus militancias. Imponer la alianza a como dé lugar.
Haciendo sus cuentas alegres de que sólo se trata de hacer una simple suma de los menguados votos duros de ambos partidos que ellos deciden por sus simpatizantes, y algún otro partidito, pero su gran error es que, piensan, en su arrogancia, que lo sociedad no razona, que los ciudadanos no cuentan. Será una réplica, creen ellos, de otro “Pacto por México”. Subestiman al elector.
En tanto que, en el PRI, se encuentran muy agitadas sus aguas, en el preludio de su XXII asamblea nacional, los demonios andan sueltos y hay una lucha intestina entre su histórica clase política mayoritariamente y los priístas sexenales o de dudoso cuño, (Videgaray, Nuño y Meade) forjados en el molde de la tecnocracia y de las élites, que nunca han sudado la camiseta del partido pero son los que detentan su propiedad.
Los últimos detonantes en este campo de guerra son, los tres misiles lanzados por dos ex presidentes del CEN del PRI, Manlio Fabio y Roberto Madrazo Pintado, a los que se sumó el líder de la fracción priísta en el Senado, Emilio Gamboa Patrón, en franca guerra con el Canciller Luis Videgaray, por posiciones políticas en el estado de Nuevo León, lo que viene a contribuir al agitado escenario del tricolor en el país de cara al año que viene, que no está fácil, sino todo lo contrario.
Dice Manlio Fabio, que lamenta que haya fracasado el modelo del “Nuevo PRI” que quiso darles oportunidad a los jóvenes en las grandes ligas, poniéndolos de gobernadores, cuando primero se les debió probar en cargos de menor envergadura; fallaron y la decepción es enorme, el desfalco causado en las arcas públicas de sus estados fue terrible. Y la apuesta es que el PRI regrese a sus orígenes, no improvisar cuadros ni aceptar impostores, respetar sus estatutos y recuperar su identidad”.
Y no pasó desapercibida la mofa que hizo de Enrique Ochoa, cuando agregó: “Para nadie es ajeno que el actual presidente del partido es dueño de una flotilla de taxis, el partido no puede seguir siendo un taxi que traslade de un lugar a otro a personas que no conocemos y que no sabemos si van a cumplir…” refiriéndose a aquellos sin militancia priísta. “Y hasta parece taxi de delincuentes” En lo que coinciden los ex gobernadores de Yucatán y Oaxaca, Gloria Ivonne (Alianza generacional), Ulises Ruiz (Democracia interna) y César Augusto Santiago (Alternativa Política).
Y en esta batalla campal, sale el ex candidato presidencial y ex líder nacional del PRI, Roberto Madrazo, a declarar en rueda de prensa: “Con EPN el PRI perdió 4 millones 800 mil votos porque el partido desde hace algunos años se desconectó de las bases sociales y se dedicó sólo a la grilla… y gústenos o no, el único que puede ganar sólo, es AMLO, a todos los partidos, ésa es la fotografía hasta el día de hoy”. Remató Madrazo. Ojo: son palabras del que le robó la gubernatura de Tabasco a AMLO en los 90s.
Es éste el contexto en el que nos encontramos a un año exactamente de los comicios presidenciales del 2018.