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De corrupción, impunidad y fiscalías


No termina de convencerme que las fiscalías anticorrupción vayan a frenar la arraigada, tolerada y fomentada tradición de abusar impunemente del erario, debido a que el Ministerio Público es una de las instituciones más antiguas del país y se ha caracterizado por no perseguir estos delitos y cuando eventualmente lo hacen sus actuaciones han obedecido por lo regular a venganzas políticas.
El caso de Elba Esther Gordillo es el más actual, la maestra no está en la cárcel por corrupta, sino porque desafió abiertamente al Presidente de la República cuando empezó a promover su reforma educativa, que en la vía de los hechos no ha funcionado debido a que las instituciones no tienen la fuerza suficiente para aplicarla y los vicios que mantienen a México disputando el último lugar en la evaluaciones, en vez de decrecer se siguen multiplicando.
El presidente Peña en gran medida tiene razón cuando afirma que la corrupción es cultural, sencillamente porque desde que México se independizó y se fundó la nueva nación ya estaba totalmente corrompido por los casi 300 años de dominación española, que representaba uno de los sistemas más corruptos e improductivos de Europa; nada es fortuito, todo tiene una explicación.
El siglo XIX se caracterizó por la inestabilidad política que propiciaban las continuas rebeliones y golpes de estado con la intención de usufructuar el poder y disfrutar del tesoro público, prácticamente todas las batallas internas, el ascenso y caída de imperios, repúblicas federalistas y gobiernos centralistas fueron para obtener privilegios, no para construir una nación libre y progresista como dice la historia oficial y hasta en ese ámbito hay corrupción, ya que algunos personajes intrascendentes, delincuentes o deshonestos fueron convertidos en “próceres de la patria”.
El porfiriato fue una etapa de paz social, crecimiento económico y fortalecimiento institucional que le dio estabilidad al país por primera vez, la cual fue interrumpida abruptamente por la revolución, cuya principal consecuencia fue que volvieron permanentemente improductivo al campo y frenaron la industrialización del país debido a que básicamente se dedicaron a pelear entre revolucionarios por el control del poder y del dinero.
No es fortuito que los caudillos terminaran ocupando las haciendas, apropiándose de las mejores tierras cultivables, bosques y minas, es decir, tomaron los negocios más lucrativos, pero lo más importante y lo que realmente motivó tanta violencia, fue que buscaban el poder público y todos los privilegios; el partido creado por Plutarco Elías Calles vino a ponerle fin a la violencia política pero institucionalizó la corrupción, la cual ha llegado a niveles escandalosos por la impunidad que protege a quienes saquean los bienes públicos.
Un profesor de primaria que tras su paso por la política murió siendo multimillonario acuñó la frase “un político pobre es un pobre político” y vaya que su inspiración ha tenido trascendencia porque evidentemente la principal motivación del político común y corriente es enriquecerse desde los puestos públicos, ya que para muchos es la única forma concebible de escalar económica y socialmente sin la necesidad de tener muchas aptitudes.
Lo que más produce la política hoy en día no son beneficios para la sociedad, sino nuevos ricos que aparecen de la nada al amparo de los gobernantes, haciendo negocios desde el gobierno y con el gobierno, ni los diputados federales pudieron resistirse a esta forma de autofinanciarse, al grado tal que inconstitucionalmente se autoasignan montos presupuestales para ejercer obra pública y desde la primera ocasión se evidenció que solicitaban porcentajes a los ayuntamientos para otorgarles ese dinero.
En los hechos los mexicanos ya perdieron la capacidad de asombro ante la corrupción de los políticos y sus socios, debido a que se convirtió en parte de una “normalidad” tolerada; cómo enfrentar la corrupción si las corporaciones policíacas son las instituciones más corruptas y desprestigiadas del país, cuya principal técnica de investigación sigue siendo la tortura y la fabricación de delitos como lo ha documentado ampliamente la ONU.
Las fiscalías especializadas históricamente han sido un fracaso, basta ver los resultados que han obtenido las de Colosio, Ruiz Massieu, Acteal, la de la guerra sucia, protección a periodistas y demás; realmente es muy necesario que las nuevas fiscalías anticorrupción si funcionen porque los niveles de impunidad en todos los ámbitos son cada vez más increíbles. Lo cierto, es que se debe partir de la idea de que si un gobierno no sanciona a los corruptos o les facilita evadir la ley termina siendo cómplice, por cierto, en Durango ya se debe crear un tribunal administrativo autónomo al Tribunal Superior de Justicia.

@ernestoescobosa