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Crimen y Castigo

Desde aquel primero de diciembre de 2012, día en que tomó posesión como jefe del Estado de Mexicano y recibió la banda presidencial, Enrique Peña Nieto cometió un crimen imperdonable; atentar contra los intereses de los poderes fácticos.
Así como Raskolnikov, joven personaje de la célebre novela de Fior Dostoievski; “Crimen y Castigo”, el presidente inicio su mandato cometiendo un crimen, mismo que plasmo en su frase de “Mover a México”, pues su visión reformadora trajo consigo una serie de secuelas que transgredieron los beneficios de quienes se sentían los dueños de país.
En la novela antes descrita, el protagonista es un hombre tan inexperto en estas lides (las del crimen) que, no sólo no roba dinero, pues sustrae joyas fácilmente reconocibles de las que no puede sacar ningún provecho, sino que incluso están a punto de atraparlo, pues deja la puerta abierta mientras comete el asesinato.
Paradójicamente, Peña Nieto pensó que gobernar el País, sería tanto como gobernar el Edo. de México e inició una política centralista, que no fue del agrado de muchos Gobernadores que durante los sexenios panistas, habían visto incrementar su poder, de igual forma emprendió una serie de reformas estructurales que afectaron a un buen número de personajes que resultaban favorecidos por el “establishment”.
Las reformas político electoral, energética, fiscal, educativa y de telecomunicaciones, son las joyas sustraídas por Peña, joyas que no le han traído ningún beneficio hasta el momento, pero sí muchos enemigos, sobre todo las últimas dos quienes le ganaron la enemistad de la CNTE, organización que cuenta con cerca de 100 mil integrantes y que desde sus inicios se ha caracterizado por exigir, a través de marchas, plantones y paros laborales, lo que ellos consideran arbitrariedades a sus derechos constitucionales y por supuesto la del hombre más rico de México y uno de los más poderosos del mundo, Carlos Slim.
Tanto el magnate, como la CNTE han encontrado una alianza muy productiva con las huestes Lópezobradoristas, aprovechado la puerta abierta que ha dejado expuesta el mismo presidente, para desprestigiarlo y desestabilizar su gobierno. No se malinterprete, de ningún modo intento justificar o defender lo indefendible, el equipo del presidente y él mismo han y siguen cometiendo errores imperdonables, pero resulta obvio como dicha alianza ha rendido frutos.
Así, el resto del libro de Dostoievski se centra en el castigo, empezando por la tortura psicológica a la que él mismo Raskolnikov se somete y que le lleva inevitablemente a la enfermedad física y terminando por el castigo real.
Del mismo modo el castigo para Peña es real y no ha cesado, los casos de tráfico de influencias con el grupo HIGA, el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa, el aumento del dólar que llego a los $20.07 pesos en ventanillas bancarias, la caída de los precios internacionales del petróleo, que ha deteriorado el entorno económico internacional afectando severamente a nuestro país, con la caída de la mezcla mexicana a 37.90 dólares por barril y la aún recordada visita del candidato republicano Donald Trump, constituyen en su conjunto, una loza pesadísima para cualquier gobernante en el mundo.
Fue éste último acto, el que marco la destitución de Luis Videgaray como secretario de Hacienda y Crédito Público y el arribo de José Antonio Meade, a quien le tocó anunciar un recorte histórico por más de 230 mil millones de pesos al presupuesto del año entrante, equivalente al 1.2% del PIB.
Las medidas adoptadas por el Gobierno Federal son en mi percepción, un grito desesperado por tratar de dar respuesta inmediata a una crisis interdisciplinaria, económica, de seguridad y quizá la más importante para todo gobernante, la de credibilidad.
Es claro que el Presidente, como Raskolnikov, ha dividido a la humanidad en dos grupos: la de hombres comunes que se oponen a su visión y la de personajes excepcionales que la comparten. El asesinato de la vieja usurera en la novela, no es más que una prueba por la que Raskolnikov ha de pasar para convencerse a sí mismo de que pertenece a la segunda especie, a los elegidos. La defensa férrea e incorregible de las políticas del Gobierno de la República frente a la crisis, es la prueba que Peña ha decidido enfrentar para convencerse a sí mismo que no estaba equivocado. De tal suerte que la única justificación moral que pueden tener las acciones tanto de Raskólnikov como del presidente, es que sean hombres superiores, en cuyo caso no han de sentir ningún tipo de arrepentimiento por sus acciones.
Para el personaje de Dostoievski, el crimen de la vieja no resolvió nada, el dinero robado fue muy poco para satisfacer su ideal de justicia; por tanto, no perteneció a los elegidos. Sencillamente se equivocó y su espíritu no le reprochó el crimen, sino el error. Confiemos en que ésta historia, que es la de México, tenga un final diferente y no seamos condenados a sufrir un castigo por los crímenes de nuestra clase gobernante.

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