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¿Cuál debate?

El evento de la semana fue el debate entre Hillary Clinton y Donald Trump. Más de 100 millones de personas lo vieron. Todas tienen su opinión sobre quién ganó. En EUA y México algunos medios aseguraron que ganó Clinton. Y es que es difícil evaluar un debate, ya que su naturaleza es muy discutible. ¿Qué es debatir? Fuera del típico lugar común de decir que es un intercambio de razones entre dos o más personas sobre un tema determinado, no hay mucho que agregar. Lo que sí se puede hacer es tratar de encontrar algunas claves que nos permitan evaluar el debate del pasado lunes. Veamos.
Lo que hay que dejar claro es que el debate no es un ejercicio mayoritariamente argumentativo. El orador en un debate no busca ligar una serie de premisas con sus conclusiones -como sería el caso, por ejemplo, de una sentencia judicial- sino que la propia dinámica le imprime un sello muy espontáneo en el que las conclusiones y las premisas se entremezclan y no necesariamente van de la mano ni siguen un orden. Esto cambia totalmente la atmósfera discursiva de los participantes. Es decir, la calidad de sus argumentos pasan a un segundo plano y lo que cuenta es el mensaje que transmiten a su auditorio. Aquí está la clave. Si uno quiere evaluar el debate del pasado lunes con base en un análisis cualitativo de las propuestas, o de los contenidos que se pusieron en la mesa, hará un ejercicio fútil. Ni Hillary ni Trump buscaron darnos los mejores argumentos sobre tal o cual tema, sino proyectar una imagen, una concepción, de ellos mismos. Clinton buscaba que la viéramos menos acartonada e intelectual. Quiso dar una imagen más cálida y cercana. De Trump nunca me atrevería a decir qué pasa por su cabeza. Sin embargo, antes del debate algunos comentaristas coincidían que debía proyectar una imagen más seria y presidencial, ya que así conquistaría a la parte del electorado dudoso de su figura. Lo real es que eso era pedirle peras al olmo (es decirle a Trump que sea menos Trump). Por este simple hecho -el saber de antemano que Trump no iba a dejar de ser él- yo digo que Hillary debía haber arrasado. Pero no.
Y esto es lo que me preocupa. Estoy de acuerdo que ha de ser un verdadero calvario preparar un debate contra alguien como Trump. Me imagino ha de ser el equivalente a debatir con un niño de 4 años: caprichoso, contradictorio, y sin ningún sentido de responsabilidad. Sin embargo, por lo que está en juego –que es, sin exagerar, el futuro del mundo- me preocupa que Clinton no haya encontrado la manera de exponer al payaso que tenía al lado y darle un giro a su imagen de insensibilidad y acartonamiento (con todos los recursos que tiene a su mano, antes de la campaña, por un momento la imaginé en el cuarto de guerra de la campaña con los mayores expertos en psicología y técnicas discursivas preparando el debate). Me preocupa más que el debate no fue el punto de quiebre de la campaña que muchos esperábamos y el despunte de Clinton. Hay quienes dicen que ganó Clinton. Yo creo que por no arrasar, perdió.

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