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Cuando la porquería se impone al derecho

Al primer minuto de este jueves entró en vigor, la veda, el silencio o el paréntesis de reflexión ciudadana para emitir el voto este cinco de junio. No es otra cosa que la suspensión de la propaganda electoral por partidos y candidatos, solo para ellos, los comunicadores, generadores de opinión y medios de comunicación seguiremos haciendo nuestra chamba siempre y cuando no induzcamos el voto ni manejemos encuestas, según tenemos entendido.
El agotamiento del modelo político trae como consecuencia que las formas y métodos de disputar o conservar el poder se deterioren también, hoy juega un papel importante la guerra sucia, aventarse lodo con singular algarabía, buscar cosas escabrosas en la vida privada de los candidatos y hacerlas públicas o inventarlas, infiltrar campañas, espiar con instrumentos electrónicos sofisticados, buscar entre el lodazal elementos de agresión.
Para la ejecución de las campañas sucias se traen especialistas que cobran una millonada, pueden ser nacionales o extranjeros, gente muy requerida y altamente cotizada, quizá a futuro, si este declive sigue, abra en especialidad en guerra sucia en las escuelas de comunicación, el futuro promisorio para la actividad profesional. Que horrible.
El pragmatismo dice que pasaron los tiempos de ser mojigato, se lucha por el poder y para el poder, si concesiones, sin titubeos, también sin ética y sin moral. El objetivo es terminar con el enemigo, no darle una sola posibilidad, para ello, Maquiavelo se queda en caricatura, si para llegar al objetivo hay que matar, pues hagámoslo, así de fácil.
Comprar conciencias, destruir honras, calumniar, difamar, chantajear, amedrentar, amenazar, acosar, perseguir, tejer intrigas, mentir, distorsionar, espiar; solo es algo del menú de los estrategas de la guerra sucia. De manera hipócrita los triunfadores piden a la ciudadanía se conduzca con valores, imagínese usted los niveles de la crisis política que impactan en la sociedad de manera muy directa.
El proceso electoral de Durango se vio inmerso en la guerra sucia donde participaron todos los partidos y candidatos e incluso arrastraron a este espacio sucio a una parte de la sociedad que se regocija con memes alejados del ingenio o la denuncia para entrar a la vulgaridad. “Los ciudadanos no nos merecemos este chisme de lavadero” me decía una persona con toda la razón del mundo.
Pese a ello, la guerra sucia en nuestro estado estuvo lejos del los niveles de Sonora, Colima, actualmente en Veracruz y Tamaulipas, podemos decir que nuestros políticos fueron decentes en relación a los niveles de vulgaridad, suciedad y hasta perversión de otros estados en donde lo único que se exhibe es la estatura ética del futuro gobernante y su grado de peligrosidad social.
En Durango tampoco se han expresado organizaciones sociales de manera tan beligerante como en Oaxaca y Chiapas en donde se han violentado los derechos humanos y constitucionales de quienes piensan diferente, como fue el caso de los maestros humillados en Chiapas. Dios nos libre que esa gente llegara a tomar el poder.
No solo la guerra sucia aniquila a los grupos, partidos y candidatos enemigos, surte un efecto desastroso en la sociedad, causa hastío en el ciudadano, lo aleja de las urnas, también el daño que causa en los jóvenes que inician su vida ciudadana y votan por primera vez es terrible.
La guerra sucia se convierte en una onda expansiva que va carcomiendo todo, simplemente es una agresión a un derecho, el de votar y ser votado, el Instituto Nacional Electoral (INE) es omiso y hasta tolerante, los diputados y senadores no legislan al respecto, ni siquiera lo intentan, les conviene. Los que pueden legislar y garantizar la constitucionalidad de un proceso electoral terminan aceptando que al derecho lo desplace la porquería.
Así se gasta el dinero de los ciudadanos que administra y distribuye en prerrogativas el INE, incapaz de intervenir, ni siquiera emitir una opinión, solo dejar hacer y dejar pasar. La guerra sucia también desplaza los interese de la población. En esta lucha perversa la sociedad queda excluida, su voz se acalla con la suciedad, las propuestas de los candidatos y partidos pasan a segundo o tercer plano para hacer de la porquería su prioridad.
No obstante es importantísimo ir a votar, el ciudadano que vota tiene derecho a exigir, a protestar, a señalar, a proponer y a oponerse, hay una frase que se usa en las manifestaciones : “un pueblo callado jamás será escuchado” es muy cierto, pero un pueblo que no vota, un ciudadano que no hace uso del derecho a sufragar también esta callando y aceptando todo y no debemos caer en la trampa de no votar, el voto es una arma ciudadana que debemos empuñar, usémosla. O no.

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