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Daños estructurales… en el sistema de partidos


Los terremotos de septiembre pueden dejar algo bueno: el derrumbe o la demolición del actual esquema de sostenimiento de los partidos políticos; o por lo menos el reducirles sustancialmente sus ingresos.
Parece haber un acuerdo generalizado desde hace bastante tiempo, en que los partidos políticos deben recibir menos dinero de los impuestos de los mexicanos; nadie discrepa sobre que nuestras elecciones son demasiado caras, que las campañas suelen ser dispendiosas y que el presupuesto destinado a mantener el sistema político es ofensivo para la población.
El actual sistema parece diseñado para que en cada elección los políticos repartan despensas, baratijas y llenen de promesas las bardas, espectaculares y pantallas. Lo expertos en mercadotecnia política han conseguido producir redentores, caudillos y “líderes” capaces a quienes equipan con discursos y promocionales capaces de dar esperanza. Pero el sistema está agotado, la gente parece resignarse y aceptar la situación, pero va cada vez menos a las urnas y si lo hace no es para apoyar a alguien sino para expresar su descontento a través de su voto.
Esta realidad debería ser suficiente para dar vergüenza a los políticos de todos los partidos, quienes desde hace mucho deberían haber emprendido la reconstrucción del deteriorado y caduco sistema político que tenemos. No lo han hecho porque no les conviene modificar ese modus vivendi de privilegios para ellos.
Los sismos recientes han mostrado a esos enormes segmentos de la población desprotegidos y ahora necesitados de ayuda; la ocasión ha permitido también entender que mientras muchos sufren, unos pocos disfrutan de las millonadas que les permiten tener sueldos de primer mundo, vehículos, casas, oficinas, viajes, personal a su servicio y toda esa serie de beneficios de sobra conocidos.
La reacción ha sido espontánea, natural, obvia… que se les quite dinero a los partidos y al INE, y se destine a reconstruir el país.
Y no se confundan, no se está pidiendo a los partidos que donen su dinero; no es de ellos. Se está exigiendo que regresen dinero que es del pueblo.
Ha sido lastimoso ver cómo el mesías de Macuspana con su conocida habilidad se adelantaba a anunciar que donaría parte de los recursos de su franquicia el Morena, para ayudar a los damnificados.
Excelente táctica para darse publicidad, para quedar bien pero en ese momento lo hacía mañosamente sabiendo que el sistema no lo dejaría, que no era procedente, que un partido no puede desviar recursos etiquetados para operación del parido o para campañas.
Igual lo hizo, obviamente sin intención verdadera de dar un centavo. Se le volteó el chirrión por el palito cuando desde todos los frentes la gente comenzó a pedir, a exigir, que se les quite a los partidos el dinero que reciben. Cuando pasó de ser una ocurrencia a una posibilidad real.
El sistema, a través de los organismos electorales insistía en que no es posible, que sería violatorio a la ley.
Nosotros cuestionamos ¿no son los partidos los expertos en violentar las normas cuando les conviene? Ellos siempre encuentran resquicios y formas de salirse con la suya.
Finalmente comienzan a aceptarlo, aunque tratan de poner trampas. Unos ofrecen terminar con el financiamiento público, pero no explican que su idea sería aplicable hasta dentro de seis años.
Finalmente comienzan a reconocer que sí es posible, y no se trata de donar o desviar recursos; sino simplemente de no ejercerlos y, que de acuerdo con la ley los recursos no ejercidos se regresen al erario para que el ejecutivo los destine al gasto público y, en este caso habría un acuerdo de por medio; un acuerdo al que nadie podría negarse, de que los recursos regresados por no ejercidos por los partidos se destinen a la reconstrucción.
Hacerlo hoy por la emergencia es casi inevitable, ningún partido se atreverá a exhibir mezquindad al negarse. Se obligarán a hacer campañas austeras, tal vez incluso a reducir gastos operativos en sus organismos e incluso hasta bajar los sueldos que se pagan a sí mismos todos quienes viven de la política.
La gran reto es hacer esto definitivo y permanente; que de una vez por todas se ajuste el esquema de financiamiento público; que se ajusten las fórmulas de reparto del botín; que se limite y se fiscalice la forma de vida y los gastos de quienes viven de nuestros impuestos.
En esta coyuntura los dirigentes han reconocido que los partidos sí pueden funcionar y hacer campañas con la mitad e incluso con menos de los recursos que tienen presupuestados. Entonces es viable.
El petate del muerto con el que hace años vienen justificando las carretadas de dinero que reciben ha sido que si no se les mantiene con dinero del pueblo, caerán en la tentación de recibir dinero ilícito; ya sea de los gobiernos o de los criminales.
Justificación absurda, pues es ahí donde deberían operar con firmeza las instituciones de investigación y persecución de delitos electorales; la fiscalización en origen y destino de recursos y gastos de campaña. Es cosa de que las instituciones funcionen y ese pretexto no vale. Sueño guajiro, sí; pero se vale soñar cuando el país está harto.
Después de los terremotos deberán ser demolidos los edificios que tienen daños estructurales. El sistema de partidos tiene daños estructurales; es inaplazable demolerlo.

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@MCervantesM