MINUTO X MINUTO

Decadente ejercicio de la política…


Vemos cómo cada día la decadencia de la política es más manifiesta, por una parte, los partidos políticos adoptan las decisiones cupulares cerrando toda posibilidad a los ciudadanos, por la otra, observamos con tristeza el pobre comportamiento de los políticos por en su ansia de ser nominados por su partido a un puesto de elección popular.
Dice el político y escritor irlandés Jonathan Swift que para trepar se toma la misma postura que para arrastrarse. Y sí, los hay que, para ascender se arrastran y arrastran consigo todo a su paso, lo que han sido, los que son y lo que pudieran llegar a ser, y lo hacen así sin miramientos, convirtiendo la sana ambición en una terrible enfermedad.
La enfermedad del que, por tenerlo todo, está dispuesto a perderlo todo, incluso su dignidad. Y lo hacen así sin miramientos, convencidos de que eso que tendrán les hará acreedores de una felicidad absoluta y completa. Y lo hacen así vendiéndose, rentándose, arrastrándose; desintegrando su personalidad para mimetizarse con la de aquellos que puedan hacerles más fácil el camino a su objetivo, mintiendo, negando, justificando, olvidando; llamando la atención engullidos en una tremenda hipocresía. Y lo hacen así intercambiando valores, prioridades y principios y lo hacen a su manera, nunca con un compromiso real; si lo consideran necesario, prostituyen sus pensamientos, sus ideas, sus creencias y todo lo que son y lo hacen así sin miramientos.
Y lo hacen así con la intención de tenerlo todo y bajo los principios del mínimo esfuerzo, máximo rendimiento y en el menor tiempo posible. Por eso cambian de posición, de lugar, de intereses, de amistades. Sus cambios son despiadados, fríos, calculados, e incluyen metamorfosis física, mental y emocional. Y lo hacen así sin miramientos, con tal de sentir lo que nunca han podido sentir siendo quienes son. Y lo hacen así buscando alcanzar la cima trepándose y arrastrándose sin miramientos.
Acceden a la desintegración y a la reunificación con total facilidad porque a ellos les es fácil cambiar, forma parte de su esencia el cambio de propietario, de arrendador, de superficie por la cual arrastrarse y trepar a lo más alto, pero siempre a partir del otro, de alguien que esté dispuesto a pagar el precio.
La ambición no es mala, es sólo eso ambición: el deseo ardiente de conseguir algo con vehemencia. El deseo es bueno, luchar por conseguir algo es bueno y hacerlo con pasión también lo es, el problema no es la ambición, el problema es el ambicioso que se convierte en un miserable, cuando sus deseos adquieren un valor superior a su propia vida y a la de todos quienes le rodean. La ambición se convierte en enfermedad cuando se quiere tener más, en lugar de ser más y mejor ser humano de lo que se es.
La ambición es sana cuando se sustenta en la ética, en la moral, en los valores y en el bien común; cuando te hace sentir vivo y querer ser cada día mejor ser humano. La ambición se necesita para ser feliz, para hacer que los deseos se conviertan en realidad de todos los días la ambición es buena sólo en manos del bondadoso, que sabe aquilatar en su justa proporción sus deseos y la integridad para alcanzarlos.
La ambición es sana, cuando se piensa, se trabaja, se vive y se comparte en grande y en primera persona y, sobre todo, cuando se sabe ser agradecido en todo momento, cuando no se olvida el consejo, la mano amiga, el apoyo, la contención, la compañía e incluso el desafío al que lo motivan los que siempre han estado ahí.
En Durango nuestros políticos emulan en muchos de los casos aquello que sucedió entre el águila y el gusano: resulta que el águila y el gusano eran buenos amigos desde que nacieron, los huevos que los engendraron, coincidentemente habían rodado juntos de por la ladera de una montaña, desde ahí su amistad, al crecer, el águila busco su entorno natural y se instaló en la cima de la montaña, mientras que el gusano vivía en la planicie en la sima de la montaña que era si hábitat. Un día el gusano decidió subir a los alto de la montaña para ver a su amiga el águila y por días y meses fue ascendiendo poco a poco arrastrándose hasta que llegó al nido del águila, sorprendida esta le dijo al gusano, cómo te atreves a venir hasta acá si no es tu hábitat y el gusano respondió, arrastrándome aguilita, arrastrándome.

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