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Defensa de la democracia

Luis Wertman Zaslav

El primero, la especulación instantánea que se produce en las redes sociales. Imágenes falsas, teorías de la conspiración, información cuyo único propósito es crear suposiciones que lleven al miedo, llegan en segundos a nosotros.

El segundo factor es el odio que se deriva de estos intentos por dividirnos. Insisto en que es una absoluta mentira el que no podamos ponernos de acuerdo; usaré una de las expresiones que, de tanto repetirse, está perdiendo significado, pero que es cierta: ya se acabó la campaña presidencial y es momento de avanzar.

Para quienes alimentan la polarización, casi por cualquier cosa que sucede, esta tragedia fue un tétrico regalo. Como sociedad, sólo podemos rechazar estos impulsos, cada vez más frecuentes, por ahondar en nuestras diferencias. Lo que en realidad queremos los ciudadanos es un país mejor y en paz, donde todos podamos expresarnos libremente y tengamos las mismas oportunidades (las aprovechemos o no) de progresar y obtener justicia; en resumen, una auténtica democracia.

Porque este sistema, el democrático, es el que necesitamos defender en México. Aun con sus carencias, el sistema de elecciones libres, de partidos políticos, de economía abierta, de respeto a la propiedad privada, de derechos civiles garantizados, es el que ha permitido los avances de este país. Es cierto que el camino no ha estado exento de trabas y obstáculos, que a la par se crearon intereses tan fuertes que aumentaron la desigualdad y redujeron las oportunidades para la mayoría, pero la democracia ha sido la ruta más estable para nuestra República.

México es una nación joven si la medimos por los episodios de equilibrio que ha tenido a lo largo de su historia. Recordemos que, antes del acuerdo provocado por Plutarco Elías Calles, el país era un conjunto de facciones y de fuerzas militares que poco habían aprendido de la cruenta revolución en contra de Porfirio Díaz. Crear instituciones básicas y dejar de resolver todo por la violencia fue el paso decisivo para construir una nueva realidad después del caos que significó una guerra interna como la que vivieron nuestros abuelos.

Por ello desestimo que nuestra falta de consenso sea por una batalla permanente entre conservadores y liberales; somos una sociedad mucho más diversa e intrincada que eso. Nuestras ideas, e ideales, tienen puntos en común que es importante fortalecer; no tenemos que estar de acuerdo en todo, simplemente llegar a un piso mínimo desde el que podamos partir.

Es innegable que los abusos de un sistema de poder político y económico caduco impulsaron a una mayoría de mexicanos a buscar un cambio urgente, sin embargo, como ciudadanos debemos llamar a la unidad y al respeto de las ideas. Ninguna nación ha logrado prosperar dividida. Eso sólo lo han conseguido las mismas élites y grupos de interés de las que precisamente queremos alejarnos. Estados Unidos y Brasil son ejemplos recientes de lo que puede acarrear una sociedad enfrentada.

A la pregunta sobre lo que podemos hacer los ciudadanos, mi respuesta es sencilla: no nos prestemos a la manipulación. Tomemos dos segundos antes de compartir información que no hayamos verificado con fuentes confiables, evitemos comentarios de odio y bloqueemos (en toda la extensión de la palabra) a quienes busquen separarnos.

Y enviemos un mensaje claro y firme a nuestros políticos y servidores públicos de los tres poderes: los ciudadanos queremos una nación libre, abierta y que mire hacia adelante. Eso es lo que defenderemos, por el bien de todos los que aquí habitamos.

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