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Después de la euforia, la realidad

Sin Protocolo

Una vez pasada la euforia del Congreso Nacional de la CNC y la visita de grandes personajes como la del Presidente Peña Nieto, de Manlio Fabio Beltrones, de seis gobernadores, de dos o tres gobernadores electos, de gente de gabinete agropecuario, líderes y exlíderes, continúa la realidad del campo mexicano que se debate en condiciones por demás angustiantes, alguien decía que los campesinos se van diluyendo de la realidad nacional.
Antes de entrar en el tema, diremos que si a los priistas actuales les gusta llamarle al PRI el nuevo partido, diríamos que Augusto Gómez Villanueva es de los del PRI viejo, pero es de los hombres que dominan el arte de la política, personajes de cultura y conocimiento profundo que saben que la forma es fondo.
Me detuve a ver a Gómez Villanueva cuando accidentalmente lo vi salir del Museo de Villa -antes palacio de gobierno- vi a un hombre grande pero lleno de fortaleza, lúcido, arrastrando leyendas y secretos, conocedor de los laberintos de la política mexicana. Augusto Gómez Villanueva estudió la secundaria en Durango, cuando la secundaria seis estaba por 20 de Noviembre entre Hidalgo y Zaragoza, pocos hay que conocieron esa escuela, prueba de la longevidad de quien fuera secretario de la Reforma Agraria y con un gran recorrido por los recitos parlamentarios. Sin duda, e independientemente de si estamos o no de acuerdo con él, es muy interesante conocerlo, ojalá que podamos leer su libro.
Regresando a nuestro tema, el México rural de principios del siglo pasado hizo que la Revolución Mexicana la realizaran los hombres y las mujeres del campo fundamentalmente. Los campesinos llevaban sobre sus espaldas el rencor contra los hacendados, no perdían nada si quedaban en medio de la batalla con el corazón partido por un tiro federal, su vida de penuria en verdad no se podía llamar vida y se fueron a la “bola” a intentar construir una esperanza para su vida pobre y la de sus familias.
La Revolución terminó, se hicieron nuevas leyes agrarias, se dieron más garantías a los campesinos, se les concedieron más derechos, Lázaro Cárdenas entregó miles y miles de tierras que pertenecieron a arbitrarios hacendados, los campesinos se vieron dueños de la tierra que había pertenecido a sus ancestros y a la que tenían derecho, y creyeron que la Revolución, les había hecho justicia… no fue así.
El campo se fue convirtiendo en mina de oro de vivales y políticos ladrones, del campo mexicano se amasaron y aún se siguen haciendo grandes fortunas, mientras los campesinos y sus familias se hunden en la miseria, no de gratis la guerra contra el hambre se orienta a las comunidades rurales e indígenas, los pobres entre los pobres que compiten en pobreza con los países africanos.
Los campesinos han caminado por senderos de penuria, sin recursos, sin tecnología, sin insumos, sin garantía de precios para sus productos, siempre victimas de gente sin escrupulos. La política agraria ha sido un fracaso en México, los resultados de años y años de discursos solo han construido un campo miserable.
El Tratado del Libre Comercio los enfrentó a una nueva problemática que les dio el tiro de gracia, los colocó ante una competitividad por demás desventajosa, competir con los agricultores americanos que tienen alta tecnología, insumos de alta calidad, altos subsidios y total certidumbre. Los campesinos mexicanos fueron diezmados lentamente hasta dejar su tierra, buscar en los grandes centros urbanos la posibilidad de sobrevivir con sus familias, millones de ellos se fueron a emplearse de peones con los americanos, perdieron su tierra, su patria y su vida.
En ese contexto se realizó el LXXVII Congreso de la CNC, su marco es la crisis del campo mexicano, grandes personalidades, importantes acuerdos, buenos discursos, apretones de manos, la lucha por salir en la foto, por saludar a los importantes, por codearse con los del poder, sentirse por unos minutos parte de ellos.
El sistema político mexicanos es experto en negar la realidad, en manejar discursos que distorsionan, ocultan, niegan. Por ello, rescatamos que el Presidente Peña Nieto reconoció la pobreza y el abandono de los campesinos, esto abre una esperanza de que los que están en el poder realmente atiendan el abandono del campo, una tarea pendiente desde hace siglos. O no.

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