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Díaz Ordaz negó la explotación del bosque y el Cerro de Mercado para los duranguenses

Enteran al presidente de la pobreza en Durango; en el mes de octubre de 1965, la población duranguense, estaba representada por cerca de 50 exponentes de lo más diverso, organizada por ejemplo en la Unión de Madereros, en el frente defensivo citado, líderes estudiantiles técnicos y universitarios; ahí se encontraba por cierto, Emiliano Hernández Camargo, entonces líder del ITD, Luis Sergio Soto y José Refugio Vargas, líderes naturales universitarios, y el “Oso” Gallegos.
Estos, meses después se convirtieron entre otros, en artífices del movimiento estudiantil. Máximo Gámiz Parral, operador de lo que más adelante se denominó Comité de Abastos en pleno movimiento del cerro, que lograron por fin, entrevistarse con el Presidente de la República. Dupré, como lo expuse, fue empujado a lograr esta audiencia.
Los representativos de los clubes sociales, empresariales y comerciales asistieron a esta audiencia en Palacio Nacional, todos encabezados por el mandatario Dupré Ceniceros. Ante Gustavo Díaz Ordaz expusieron la inquietud latente en la comunidad duranguense por la pobreza y falta de empleos, por lo que le expresaron la urgencia de impulsar la industrialización del Estado, vía “Bosques y Maderas de Durango” y a través de la cancelación a la concesión otorgada desde 1920, a la Compañía Fundidora de Acero de Monterrey, así como la instalación de una planta siderúrgica en las faldas del Cerro de Mercado, el cual está ubicado en el lado norte de nuestra ciudad.
El Presidente dijo en aquella ocasión, entre otras cosas: “Entiendo el doloroso impacto que sufre el durangueño que sale de su casa y ve que el Cerro de Mercado ha sido víctima de una nueva tajada”, y en relación a los bosques expresó su confirmación de cancelar la concesión a Bosques Mexicanos, pero sin dejar de explotar íntegramente el bosque y su negativa a entregarlo a personas ajenas a los durangueños.
Tengo la firme convicción de que el asunto del cerro fue incluido como punto a tratar en la audiencia presidencial, sólo para revestirla de un sano propósito para industrializar a Durango, pero el fondo de todo, el punto central era convencer a Díaz Ordaz de que mantuviera firme la voluntad de levantar la veda forestal en favor de Bosques Mexicanos, y es que era un fabuloso negocio de copiosas ganancias, pues los bosques, hoy por hoy, son el recurso económico más importante de nuestra entidad. Este era el contexto. No perdamos el dato que también le fue planteado al Primer Mandatario, el establecimiento de un Plan de Emergencia para el Estado de Durango, dada la prolongada sequía que padecíamos.
En contraparte a Bosques Mexicanos y luego a Bosques y Maderas de Durango, nació también un organismo integrado por profesionistas y estudiantes duranguenses, llamado Movimiento Cívico Durangueño, para oponerse a la citada pretensión de Gilberto Rosas. Lo presidía el Lic. Octavio “Pimpo'” Álvarez y como oficial mayor, Roberto Aguilar Vera; formaban también parte, José Luis “La Bolita” de la Rosa, Raúl Ramírez Gamero, Leodegario Soto, Moisés Moreno, Enrique Arrieta Silva, Rubén Vargas Quiñones, Víctor Arrieta Milán. Sergio González Santacruz, Javier Aviña, Jorge Contreras Casas y Teodoro Acosta.
Ese liderazgo puso de relieve las características del grupo, dejando al descubierto la cercanía de algunos de ellos, con el rector universitario de aquel entonces. Aquí surgieron líderes sobresalientes que más tarde compartirían el liderazgo y el poder con otros dirigentes. Desde luego, en este hecho, al apoyarlos, jugó un papel determinante el abogado postulante y además representante legal de otro grupo de propietarios de bosques: José G. Favela Campos, conocido también como el “Chicles” Favela.
Este movimiento cívico -identificado como anti “chibetista”- se expresó mediante un desplegado en El Sol de Durango, con fecha del mes de agosto de 1965, en el que consideraban contraria al interés público la planeación de la explotación de los recursos forestales a través de Bosques Mexicanos; se referían particularmente a los municipios de Canatlán, Canelas. Guanaceví, Otáez, Santiago Papasquiaro, San Dimas, Tamazula, Tepehuanes y Topia.
Sin embargo, hay que añadir que este segundo organismo referido, no trascendió como se esperaba, sólo hizo un par de marchas con escasa asistencia y con poca capacidad de convocatoria. Pero hay que destacar que sus integrantes se mantuvieron fieles a sus principios, antes, durante y después del movimiento estudiantil de 1966.
Se empezó a dividir la opinión pública en torno al aprovechamiento de nuestros bosques, pero después de la negativa presidencial, quedó en indefinición la manera como finalmente iban a ser aprovechados los recursos silvícolas de nuestro Estado. En ese entonces era todo un suspenso saber cómo se le daría forma a un programa de explotación boscosa.
También estaba otro punto pendiente en la agenda económica que se le planteó a Díaz Ordaz, el asunto del Cerro de Mercado, el cual se convirtió en bandera, incluso del sector privado, cuando en enero de 1966, fueron notificados de la respuesta definitiva del Presidente Gustavo Díaz Ordaz, que cancelaba toda posibilidad de otorgar la concesión del aprovechamiento de nuestra riqueza boscosa a la asociación “Bosques y Maderas de Durango”, como lo pretendía Don Gilberto Rosas Simbeck.
Así, se potenció la demanda por la instalación de una siderúrgica. Los comerciantes y empresarios de Durango, en despecho a la cerrazón presidencial desahogaron toda su simpatía a la defensa del cerro, aun cuando todavía no se contemplaba la forma de lucha para retener en beneficio de Durango ese mineral.
Tiempos eran en que como gerente de los madereros fungía Luis Landero Arenas; también como Presidente de la Cámara de Comercio se desempeñaba don Alejandro de la Parra y el Presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación era el Sr. Guillermo González, como Vicepresidente y Secretario Gerente de ésta, figuraban Carlos García Cruz y Máximo N. Gámiz Parral, respectivamente. Presidía el Club Campestre, Don Eduardo León de la Peña Lares y como gerente de la Canaco estaba el infaltable Roberto Reyes y al frente del club Sembradores de Amistad, el bien recordado Sr. José María Franco López.
Ya estaba abonado el terreno. Las condiciones objetivas y subjetivas, como se decía entonces, estaban dadas. La pobreza de los duranguenses y la conciencia para rescatar nuestros recursos naturales estaban en su máxima expresión, ya que desde un año antes, en el 65, se gestó la convicción por la industrialización de Durango; por un lado, genuinos universitarios y técnicos que desde sus órganos de expresión estudiantil, como fueron las revistas: “Miras técnicas”, “Vida Estudiantil”, y un programa radiofónico, “La hora universitaria”, en el que tuve por cierto el privilegio de participar, y que se llevaba a cabo sábado a sábado a las 8 de la noche el cual tenía una gran audiencia entre la juventud, y que se difundía a través de la XEDU, y también los concursos de oratoria en donde se sembraba la inquietud sobre el asunto del cerro, incitando a un despertar que estaba por darse: el Movimiento Estudiantil pro-Liberación del Cerro de Mercado.

Continuará…

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