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Diez reflexiones sobre el temblor

Pascal Beltrán del Río

1. Pese a los avances que se dieron en materia de construcción después de los sismos de 1985, la Ciudad de México sigue siendo vulnerable a estos movimientos. La naturaleza no olvida la osadía de levantar una ciudad de concreto sobre un suelo fangoso a la mitad de un eje volcánico. No se puede bajar la guardia y creer que todos los riesgos han sido atajados.
2. El México viejo y el nuevo, tan presentes en muchos aspectos de nuestra sociedad, se manifiesta también en la arquitectura urbana. Edificios vetustos coexisten al lado de maravillas de la ingeniería. Debemos aspirar a un solo estándar de seguridad para todos los inmuebles, a fin de evitar que haya citadinos de primera y de segunda.
3. Habrá que ampliar nuestro concepto de peligro sismológico en la porción centro-sur de la república. Un desastre de las dimensiones que el temblor del martes causó en Morelos no aparecía en los planes de contingencia. Ver a Jojutla (51 mil habitantes) convertido en la zona cero de esta tragedia implica redibujar el atlas de riesgo del país.
4. A reserva de que se haga un peritaje técnico sobre las razones por las que colapsó el edificio de la calle Torreón esquina con Viaducto, en la colonia Del Valle Norte, parece insensato que el inmueble estuviese coronado por un anuncio espectacular de la mitad de su altura. La reglamentación de la publicidad exterior en la capital ha sido insuficiente.
5. El enojo social no es una fuerza incendiaria. Cuando la sociedad enfrenta algún peligro, el ánimo colectivo se modula y gira hacia la autoprotección. La solidaridad de los mexicanos con los mexicanos ha vuelto a manifestarse, y se muestra perfectamente capaz de trabajar al lado de la autoridad. Una conclusión parece ser que se respeta a la autoridad que hace su trabajo.
6. En septiembre de 1985, los soldados tuvieron que abrirse paso entre las cuadrillas de voluntarios que salieron a las calles a remover escombros y salvar vidas ante la inacción del gobierno. Un joven, que tiene la edad que yo tenía cuando participé en esas labores, me contó ayer que los actuales voluntarios han trabajado hombro con hombro con los militares.
7. Las Fuerzas Armadas se han consolidado como una institución fundamental en la vida pública del país. A la maledicencia que les dedica rutinariamente una minoría radicalizada, soldados y marinos responden siempre con sacrificio y eficiencia desinteresados. Lo han vuelto a demostrar en la forma en que se han movilizado para atenuar la presente desgracia.
8. Hace 32 años, el PRI no había perdido aún una sola gubernatura. Las principales autoridades de entonces emanaban todas de ese partido. Hoy, en cambio, el mapa político es multicolor. Y, sin embargo, los actuales funcionarios se han coordinado mejor ante la tragedia, pese a proceder de partidos distintos, que aquellos que, siendo todos priistas, se quedaron pasmados en 1985.
9. El sismo habrá tirado el Monumento a la Madre, pero no nos dio en ella. El país posee una reserva de fortalezas, morales y materiales, que no son patrimonio de nadie en particular, sino de todos. Lo saben los políticos, que no han tenido –al menos hasta ahora– la desfachatez de tratar de afincar su futuro inmediato en ellas. La solidaridad es una de esas fortalezas, pero también la credibilidad de sus finanzas públicas.
10. En tiempos en que la vida humana parece no valer nada, por las acciones desalmadas de grupos criminales y terroristas, es un bálsamo para el espíritu que se dediquen horas y horas a una minuciosa operación para salvar la vida de alguien que la enorme mayoría no conoce –como sucedió en el Colegio Enrique Rébsamen– y que todos están con el corazón en vilo.

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