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Edomex: el resultado sí importa

Ivonne Melgar

La suerte electoral que este domingo tenga el Estado de México será definitoria en la estrategia y capacidad de competencia de los protagonistas del 2018.
Minimizar el saldo dominical para lo que viene es una pretensión que ignora los dos modelos del quehacer político que ahora están en pugna: el del PRI y el de Morena.
Porque más allá de que Edomex es la entidad del presidente Enrique Peña, mañana sabremos qué tan efectiva sigue siendo la capacidad del PRI para mantenerse en el poder como minoría mayor, gracias a su talento para pulverizar el voto opositor.
Simultáneamente, conoceremos la fuerza electoral de Morena, después de una campaña estatal en la que Andrés Manuel López Obrador fue protagonista y en la que retomó su estilo de confrontación directa con el gobierno federal, el resto de la oposición, empresas y periodistas.
Así que en el caso de ganar Alfredo del Mazo, el gobierno federal, el PRI, el presidente Peña y el gobernador Eruviel Ávila compartirían el éxito de un esquema aún vigente y probado en esa entidad en los últimos tres sexenios: la administración de los opositores.
Se trata de un mecanismo que ha sido benéfico para el PAN y el PRD locales, cuyas dirigencias hicieron arreglos con los gobiernos estatales, a fin de conservar algunas parcelas de poder.
Vale la pena recordar que las primeras conversaciones que derivaron en el diseño del Pacto por México en 2012 se dieron a raíz de la defensa que, ante el gobierno electo de Peña, hicieron los altos mandos perredistas del triunfo de Juan Zepeda en la presidencia municipal de Nezahualcóyotl.
La dirigencia entonces de Jesús Zambrano solicitó al equipo de transición del futuro Presidente que se frenara el intento priista de fraude, luego de la violación de algunas urnas.
Las gestiones perredistas prosperaron más allá de la confirmación de Juan Zepeda como ganador. Porque además, se abrieron las puertas para negociar con el PAN la agenda de las reformas constitucionales.
Gracias a esa interlocución permanente entre el gobierno estatal y las oposiciones, la resistencia del PRD local frenó la alianza con el PAN para estos comicios.
Es con ese telón de fondo que el PRI logró en el Estado de México la fragmentación del voto de descontento.
Y es que a juzgar por las tendencias señaladas por las encuestas, la pelea terminó polarizándose entre Del Mazo y la candidata de Morena, Delfina Gómez.
Si bien habrá que esperar a cómo queda el reparto de los votos, PAN y PRD habrían contribuido a fragmentar al electorado antiPRI.
Y desde un tercer y un cuarto lugar en la competencia estatal, panistas y perredistas confirmarán su desplazamiento por el partido de López Obrador, quien incluso en el contexto de una derrota mexiquense habría confirmado su proceso de fortalecimiento como primera opción opositora a nivel nacional.
Este eventual escenario de triunfo del partido en el poder colocaría al PAN y PRD ante el dilema de seguir en el esquema de la pulverización opositora hacia 2018 o construir el ya esbozado frente amplio opositor ciudadano.
Mientras la moneda mexiquense está en el aire, se da por descontado que la permanencia del PRI en la entidad desataría un conflicto poselectoral a cargo de AMLO, quien pondría en jaque la estabilidad política del país al reclamar fraude.
Si nos atenemos a lo sucedido en 2006 y 2012 con las denuncias de elección de Estado de López Obrador, podemos prever mucho ruido mediático que finalmente se desvanece.
Pero ahora, de cara a 2018, cabría la posibilidad de que la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, se sumara a la solicitud de anulación. Y de darse ese escenario, no sería descabellado un frente con Morena para exigir la reposición de los comicios.
Sin embargo, el nivel de explosividad de posibles jaloneos poselectorales es mera especulación.
Porque a menos que logre probarse un desaseo descomunal o una pifia pública de funcionarios a favor del abanderado del PRI, en nuestra democracia electoral gana quien tiene más votos, así sea el 0.56 % de ventaja con la que Felipe Calderón llegó a Los Pinos.
Y esa máxima de elemental peso numérico podría favorecer a Morena y a su candidata Delfina Gómez, quien habría conseguido la percepción de posible triunfo en amplios sectores, un factor que la hace potencial beneficiaria del voto oculto, útil e indeciso que hasta el miércoles, según mediciones, era al menos del 20 por ciento.
Y si la continuidad del PRI en Edomex obligaría a las oposiciones a redefinirse hacia 2018, el escenario de la alternancia encabezada por el partido de AMLO podría tener el efecto del mercurio, aglutinando a significativos segmentos de todas las fuerzas políticas.
No se trataría sólo de una derrota política del gobierno federal y el PRI. Claro que un éxito estatal de Morena inauguraría el trillado principio del fin del partido en el poder.
Lo grave para el resto de los partidos es el desprendimiento de liderazgos y potenciales votantes en torno al delantero en la carrera presidencial.
La idea de algunos sectores del PAN y PRD de armar un gobierno de coalición hacia el 2018 sería vulnerada con un triunfo de Morena en Edomex, porque las expresiones perredistas afines a sumarse a Morena presionarían para concretar esa adhesión. Lo mismo ocurriría con Movimiento Ciudadano.
Pero hay más: el mercurio de una victoria de Morena en Edomex acabaría dividiendo a los priistas, al atraer a muchos inconformes.

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