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El Chapo y sus circunstancias

Joaquín Guzmán Loera (El Chapo) será un hombre histórico, enriquecerá la leyenda mexicana, un personaje de corridos, de novelas, de cine, de anécdotas sin fin. Una amiga me envió el mensaje de su detención, le contesté que no me parecía confiable la información, luego la nota recorrió el país, el continente, el mundo.

Envié el mensaje de su detención a amigas y amigos, en la mayoría de los casos se recibía con escepticismo, con incredulidad, con resistencia a considerar que esto fuera cierto. Así pasa con esos hombres leyenda, tiene más credibilidad y aceptación en el pueblo que cualquier político del rango que sea.

El Chapo tiene una aureola no de santo, pero sí de afecto, simplemente fue un niño de campo nacido en la profundidad de la sierra, en el rancho la Tuna, dice su biografía, un caserío en medio de la nada. La pobreza no lo derrumbó, pero lo fue devorando por la única manera que los campesinos de esos lugares del llamado triangulo dorado tiene para ser alguien, la siembra de enervantes y el narcotráfico, la delincuencia. Así le pasó en la misma región a Heraclio Bernal, a Justino Nevárez Sánchez (Tino), único que nunca fue detenido a pesar que a finales de los cincuentas del siglo pasado más de dos mil soldados los perseguían por la sierra.

Tuve la oportunidad de recorrer en una campaña política de un candidato que posteriormente sería diputado federal amplias zonas del municipio de Tamazula, me sentía en como en otro país, las armas son cosa común, las personas de lo más amable y cálidas, las historias  sorprenden.

Los lugareños no se sienten delincuentes por sembrar lo que siembran o andar en lo que andan, son gente que lo entiende como parte de un trabajo de sobrevivencia, al gobierno lo ven como un enemigo del cual hay que defenderse y atacar si es necesario. La muerte violenta y la cárcel es parte de su riesgo diario.

Por eso hay identificación con la gente, porque no nacieron delincuentes, el sistema los hizo, los tolera, los protege y luego se ensaña con ellos y hasta con sus familias. De ninguna manera son blancas palomas, se convierten en torvos asesinos, descienden al nivel de bestias salvajes para sobrevivir, envenenar, para defenderse, para huir, para soportar.

El Chapo no es más que uno más, quizá ni el más importante, no es el engrane, es solo una muesca, una pieza de todo un corporativo complejo del cual, cundo menos nosotros así lo creemos, ni el tiene él control de todo, es solo un gerente más que ha servido de distractor mediático y a veces de pretexto para reprimir, perseguir, desaparecer, matar, cobrar venganzas.

De los detalles de la rerecaptura del Chapo lo están detallando los medios, la mayoría con criterios funcionales al gobierno, se difunde hasta el cansancio la versión gubernamental, se pasa una y otras vez la imagen  triunfante del estado, de los gobernantes, de los lideres, los mismos que sufrieron la vergüenza del escape, también de la salida de Caro Quintero por la puerta principal y debidamente autorizada su libertad, firmada y sellada, un gobierno que sabe a la perfección  la mezcla de intereses entre partidos políticos y delincuencia en Veracruz, en Chihuahua, en Guerrero, en Michoacán, en Coahuila, en Tamaulipas, en el mismo Sinaloa y en muchos otros estados de la república.

De ahí que surja otro elemento que hace empatía entre el Chapo y el pueblo, el Chapo y los que andan como él se la juegan, saben que el peligro los persigue, en cualquier momento mueren o se pasarán el resto de sus vidas en un penal de México o de Estados Unidos, mientras que los grandes vividores enquistados en el poder político, de izquierda o derecha, y los parásitos que viven de la administración pública, esos que comen sapos sin hacer gestos, se llevan grandes fortunas si arriesgar el pellejo, sin ningún riesgo, y así, de la manera más cómoda y confortable se transforman de miserables en príncipes bajo el grueso manto de la impunidad que los arropa.

Pero hay muchas cosas más, el pueblo sabe que la captura del Chapo no resuelve nada de sus múltiples apremios seguirán, la violencia continuará, el narcotráfico también. La captura del Chapo se convierte en un trofeo de estado, para presumir, para alardear, para fanfarronear y los memes, convertidos en expresión social burlándose de ellos, apostándole a la próxima fuga, quizá no para ver libre al Chapo, sino para ver el ridículo del gobierno.

Por supuesto que hay ingenuidades, como la de la izquierda boba que maneja la captura del Chapo como cortina de humo, no sabemos cortina para qué si el gobierno hace lo que quiere y considera bien hecho, aunque perjudique a la gran mayoría de los mexicanos, y para ello no necesita ni pretextos, ni cortinas, ni nada, solo ejecuta y ya.

Nosotros creemos a medias las versiones del gobierno, tanto ha mentido que simplemente no es fácil creerle, nos quedamos en que detrás de cada palabra, de cada explicación, de cada declaración, de cada sonrisa y felicitación, hay otra verdad que irá surgiendo poco a poco y a pesar de quienes la ocultan. O no.

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