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El desafío de la Corte

Arturo Zaldívar llegó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación postulado por el gobierno de Felipe Calderón. El entonces secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, quien por la práctica de abogado privado conocía a Zaldívar y confiaba en él, convenció al presidente de que lo apoyara y así fue. 

Arturo Zaldívar Lelo de Larrea tomó posesión del cargo de ministro en 2009. El primer asunto importante que le cayó fue el de la Guardería ABC. Todo mundo pensaba que, siendo un ministro impulsado por Calderón, encontraría la manera legal de salvar al gobierno de cualquier condena. Lo pensaba el entonces presidente y desde luego lo pensaba su secretario de Gobernación. 

Pero cuál fue la sorpresa, que el ministro Zaldívar se dio a conocer con un proyecto durísimo (en lo personal, me gustó la sacudida) en contra del gobierno y sus funcionarios, exigiendo que asumieran la responsabilidad al más alto nivel por la tragedia. Al final el proyecto fue votado en contra por la Corte, pero ahí quedó el golpe. En los pasillos de la política contaban que eso le había valido a Gómez Mont un fuerte reclamo de su jefe, el presidente Calderón. Zaldívar se sacudió el prejuicio de que era calderonista. 

Dos sexenios más tarde, Zaldívar Lelo de Larrea creció de ministro a presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, impulsado por el gobierno del presidente López Obrador. Empató con el jefe del Ejecutivo el discurso de austeridad, de anticorrupción, de limpiar el Poder Judicial, pero no fue al mitin de Tijuana para festejar el arreglo con Trump ni tampoco acudió al Zócalo a la conmemoración del aniversario del triunfo electoral. Hasta ahí, rounds de sombra. 

En los círculos políticos se le percibe cercano al presidente AMLO, pero un asunto en concreto le va a dar de nuevo la oportunidad de sacudirse el prejuicio: el aeropuerto de Santa Lucía. 

Hasta ahora, han ido avanzando en juzgados las suspensiones contra el aeropuerto de Santa Lucía, como parte de la estrategia legal de un colectivo de ONG llamado #NoMásDerroches. El presidente López Obrador se ha mostrado muy enojado con esos obstáculos a su aeropuerto. Tan enojado que raya en lo errático. Primero se quejó de que todo se esté haciendo por la vía legal. Vaya, vaya. Luego dijo que exhibirá los nombres de quienes están detrás de los amparos. Pero no son anónimos. Añadió que publicaría quiénes eran los jueces. También se sabe. Y más recientemente amagó —a la Donald Trump— con declarar a su aeropuerto un asunto de seguridad nacional para que se haga su voluntad. 

Es muy importante que los expedientes que están armando estos organismos de la sociedad civil estén muy robustos, para que no se caigan por deficientes y para que no se pueda pretextar que por eso no ganaron. 

Porque si están bien armados, el Poder Judicial, y en particular su cabeza, el ministro Arturo Zaldívar, serán puestos a prueba para mostrar su autonomía e independencia. Otra vez. Ya veremos de qué lado se inclinará la balanza.  

historiasreportero@gmail.com

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