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El dinero no lo es todo, pero cómo ayuda

Carlos Elizondo Mayer-Serra

Mientras, la Fiscalía autónoma contra delitos electorales, uno de los grandes cambios de la reforma electoral, parece no existir. Mal augurio para la tan cacareada y aún no aprobada Fiscalía autónoma anticorrupción.
Este año pareciera que el gasto fue aún mayor, según la información que circula y por el miedo a la derrota, que para más de uno olía a cárcel. Sólo tres gobernadores tuvieron éxito en su “inversión”: Puebla, Hidalgo y Tlaxcala.
Tampoco determinó el resultado del uso de grabaciones de procedencia ilegal ni las acusaciones de todo tipo contra los opositores. Como sucedió en Nuevo León el año pasado, el hartazgo contra la corrupción y la ineficacia selló el destino de los gobernadores derrotados.
El dinero, quizá, incluso terminó engañando a los gobernadores. Al depositar la confianza en que el dinero es suficiente para ganar con la estructura del partido, se desdeña al votante. Y éste parece estar mintiéndole al encuestador. Si le dieron dinero o tinacos a cambio de votar por un partido y no lo hizo, no le va a confesar al encuestador su voto.
El electorado salió a votar. Cuando se trata de elegir a quién gobierna, conviene hacerlo, aunque sea votar por el mal menor. Con alta participación ciudadana, el peso relativo de las maquinarias electorales que se mueven con dinero es menor. Un ejemplo, en Quintana Roo, en la elección de 2015 de diputados federales que ganó el PRI, participó el 39.6%, cifra mucho menor al 54% del domingo pasado.
El nuevo mapa del poder es casi el inverso al de hace seis años, donde el PAN y el PRD, separados o en alianza, gobernaban la mayoría de los estados de la costa del Pacífico y el PRI los del Golfo. Después del domingo, todos los del Pacífico están en manos del PRI y los de Golfo están en las del PAN y del PRD, ya sea en alianza o solos, salvo Campeche y Yucatán. En la frontera norte, con el triunfo del PAN en Chihuahua y Tamaulipas, sólo queda como territorio priista Sonora y Coahuila. Pero el peso específico del PAN es ahora mayor. El PRI y el PAN, sin contar a sus aliados, terminaron con casi los mismos votos. Inusitado en una elección de gobernadores.
En todas las elecciones que ganó el PRI lo hizo con una menor proporción de votos que hace seis años. Incluso en estados como Oaxaca, donde perdió entonces la elección a gobernador con poco más del 40% del voto, ahora ganó con el 32 por ciento. En Sinaloa, hace seis años, perdió con el 46% del voto y ahora ganó con el 41. El sistema de partidos sigue fragmentándose.
El PAN fue el gran ganador, con siete victorias. En cuatro estados ganó solo y con candidatos emanados del PAN. En los otros tres lo hizo en alianza con el PRD y con candidatos que, en su momento, eran militantes del PRI.
El PAN y su aliado, el PRD, capturaron el enojo contra los gobernadores priistas de esas entidades. Sin embargo, de las tres gubernaturas que ganó el PAN en 2010 en alianza con el PRD, donde también estaban enojados, perdió dos, Oaxaca y Sinaloa.
El PRD, gracias a las alianzas con el PAN, participará en tres nuevos gobiernos estatales. Pero obtuvo 1.6 millones de votos, frente a los 2.3 de Morena. Para Morena, la gran ganancia estuvo en Veracruz, donde obtuvo 720 mil votos, más de los que ganó en cualquier otra entidad y que le dio el 30.8% de los votos totales que cosechó el domingo.
A pesar de que Morena no ganó ninguna de las gubernaturas, en tres estados, Veracruz, Zacatecas y Oaxaca, obtuvo más del 22% de los votos. En Quintana Roo y Puebla obtuvo alrededor del 10%, en Hidalgo y Tlaxcala cerca del 7% y en cinco estados menos del cuatro por ciento. Su triunfo en la Ciudad de México, con el 30% del voto, es muy importante en los símbolos, pero sus 23 diputados no le dan para vetar las decisiones en la Asamblea de 100 constituyentes.
Después del domingo, hay un nuevo mapa del poder. Veremos cómo más de uno de los ganadores lo usarán para tratar de meter a la cárcel a su antecesor. La elección del domingo es también un primer paso en la redefinición del control del dinero para la elección de 2018. Sin embargo, faltan aún tres elecciones para gobernador el año entrante, Estado de México, Coahuila y Nayarit, todas controladas por el PRI.
La clave, sin embargo, lo vimos en esta elección, es la evaluación de la ciudadanía sobre su gobierno. Esto no es buen augurio para el presidente Peña Nieto, quien tiene muy bajos niveles de aprobación.

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