Loading

El futuro

Yuriria Sierra

Nos extinguimos. Los humanos construimos nuestro fin, trabajamos todos los días para reducir un futuro del que poco sabemos, pero del que mucho imaginamos. Más allá de lo que socialmente generamos y que, pareciera, es lo único que importa o lo único a lo que centramos atención, nuestro alrededor está plagado de señales que nos dicen que nos queda poco tiempo, que, aunque se vea lejano, nuestra extinción es más probable de lo que creemos.
¿Se imagina usted un mundo sin agua? Con los mares tan llenos, pensamos que jamás sería posible. Pero lo es. Esos mares nuestros están llenos de basura y, aunque no fuera así, es agua salada para la que no existe tecnología que la vuelva potable a la velocidad que lo exigen nuestras necesidades. Ciudad del Cabo es la primera localidad en el mundo que ha tenido cerca su hora cero, pero aprendió con el riesgo, ese que le decía que estaba a punto de quedarse sin agua. Eso los llevó a modificar hábitos, lograron retrasar ese que, todavía, es un inevitable momento. Lo mismo sucede en la Ciudad de México, en una jugada irónica de la naturaleza, una ciudad construida sobre un lago, una ciudad que se hunde, también cuenta sus crisis de abastecimiento de agua. Y sin agua, nada, absolutamente nada sobrevive.
Y si poco nos hemos preocupados por algo tan elemental como el agua, menos aún por otros aspectos en la vida de cualquier individuo. O al menos no aquí, en nuestro país. Según datos del Consejo Nacional de la Población: “El riesgo medio de fallecer subió presumiblemente debido más a la delincuencia organizada y a su combate, que a los magros avances en la detección y atención oportuna de padecimientos crónicos y degenerativos, como la diabetes mellitus, los tumores malignos y las afecciones cardiovasculares…”. Es la realidad mexicana. La violencia, junto con las enfermedades crónicas (cuyo cuidado o padecimiento mucho tienen que ver con el abastecimiento de agua), han reducido la expectativa de vida. Los mexicanos vivimos menos y si no hay un cambio en la dinámica social, cada vez moriremos más jóvenes. El riesgo de muertes por violencia subió en 5.2% en hombres de entre 15 y 44 años. Para el año 2050, nuestro país sufrirá una disminución considerable de su población, tanto como en la Revolución, según el pronóstico de Conapo. Esto porque los nacimientos de los próximos años no podrán reemplazar a la población que hoy se cuenta: cada vez seremos más viejos y habrá menos niños: y también cada vez moriremos más que antes, más rápido, al menos. Hoy, las condiciones de violencia, salud y demás aspectos del entorno, dan como expectativa de vida 72 años, cuando antes era de 74.
Qué sintomático que la violencia ya aparezca como causal de muertes dignas de una estadística. Sobre todo cuando los temas de salud tampoco ayudan para mejorar el trazo del futuro. Y si lo juntamos con una problemática como el abasto de agua… híjole, vale la pena darse un momento para analizar lo que hasta hoy hemos hecho, lo que hacemos, todos los días, como individuos y como parte de la sociedad.
Muchos factores son los que construyen el futuro. En Japón, por ejemplo, acaban de batir su propio récord: hoy viven casi 70 mil japoneses mayores de 100 años. Si bien el gobierno impulsa la investigación científica y tecnológica, también se esfuerza en políticas sobre el cuidado de la salud, políticas que tienen efecto en la población. Por ello, pronostican que para la próxima década, ya no serán 70 mil ciudadanos centenarios, sino 170 mil. ¿Cuál será la expectativa de vida de los mexicanos en ese entonces? El Inegi dio a conocer que entre 2000 y 2017, la cantidad de autos en la CDMX se duplicó cuando la población sólo creció 2%, ¿Qué dice eso del cuidado de nuestro propio entorno? Si bien un tema como la violencia es de estricto y cuidadoso protocolo de las autoridades, la salud, el manejo del agua o la contaminación sí es algo en lo que podemos contribuir para reducir los efectos, ya no sólo en el planeta, sino en nuestra propia expectativa de vida.

Comenta con Facebook