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El gobernador Dupré no convenció a los estudiantes de bajar del Cerro

13:30 horas… En escasos minutos, quienes encabezaban este hecho se ponen de acuerdo para orientar a los diversos grupos, a fin de que se instalen en puntos estratégicos; democráticamente, cada uno escogió el suyo, se toman también las primeras disposiciones que les permite mantener el control de: seguridad, acceso a las instalaciones, patrullaje, primeros auxilios, distribución de alimentos, así como el aseguramiento del polvorín, ya que representaba un altísimo riesgo de incal¬culable catástrofe si llegara a explotar.
La coordinación estudiantil en ese yacimiento, por parte de los universitarios estuvo a cargo de Antonio Villarreal, Luis Sergio Soto y José Refugio Vargas y por parte del Instituto Tecnológico, Manuel Peyro Carreño y José Luis Machado.
14:15 horas… Hasta las puertas de tubulares, que era la entrada principal al cerro, llegaron el Gobernador Enrique Dupré Ceniceros y el Comandante de la Zona Militar, General Salvador Rangel Medina, para disuadir a los muchachos de esa medida de presión que habían adoptado. Una charla, por cierto, que no fue muy prolongada. Obviamente los líderes ahí apostados, no aceptaron dicha recomendación.
17:00 horas… Vívidamente recuerdo a los primeros responsables que desde esta hora se hicieron cargo de la puerta de acceso a este histórico mineral, a través de un retén de control, el cual era custodiado, entre otros, por Manolo Peyro, Pedrito Medina y Pancho Cazares, con el manejo también del teléfono que estaba colocado en la caseta de ese lugar.
Para resguardar el polvorín se comisiona a los alumnos de la Escuela de Medicina de la UJED, comandados por Juvenal Sida, Rafael “Raíles” Ortiz, Víctor Manuel “La Chilindrina” Quiñones, Ismael Lares Assef y Arturo Daher, siendo uno de los primeros campamentos que se instalaron desde el primer día. Hoy, todos ellos gozan de un bien ganado prestigio profesional como galenos.
18:00 horas… Sin sentir, habían transcurrido las primeras cinco horas ahí asentados, la emoción y los primeros preparativos nos habían hecho perder la noción del tiempo, pues fue hasta que el hambre hizo sus primeras manifestaciones, cuando los estudiantes en tropel sacamos los víveres del almacén y del comedor, mismos que estaban instalados en la planta baja, para ser repartidos entre todos.
Ha caído la noche después de un espléndido crepúsculo en el Valle del Guadiana, la masa estudiantil que ha recibido plenariamente el beneplácito popular, sigue vitoreando, cantando, alborozada de alegría por la odisea emprendida. Así, siguen las lentas y primeras horas nocturnas en esa augusta y rojiza montaña, iluminada por decenas de improvisadas fogatas.
21:40 horas… Mientras que desde gran parte de la ciudad los duranguenses contemplaban a lo lejos las luces de esas fogatas, simultáneamente, en el interior del Palacio de Gobierno se iniciaba una segunda reunión presidida por el mandatario estatal Enrique Dupré, con la dirigencia estudiantil, pero este diálogo sí fue extenso, pues terminó ya entrada la madrugada, además de que ahora estuvo acompañándolos el Ing. Mariano Cuéller Guerrero, Director del Instituto Tecnológico.
En dicha plática se tomó el acuerdo de plantear a la empresa explotadora del Cerro de Mercado, la necesidad de instalar una planta siderúrgica en esta Ciudad y que además propusiera algunas alternativas para industrializar el mineral de Durango. Esto se haría con la intervención personal del gobernante. Así quedó asentado.
Es cierto que un cambio profundo dentro de una comunidad, puede ser interpretado en las diferentes formas en que el poder se distribuye y busca su reacomodo entre las fuerzas sociales que se dan.
El poder y el liderazgo se iban a compartir entre los estudiantes, las Cámaras de Comercio, de la Industria, y la sociedad civil. Dupré Ceniceros hacía esfuerzos desesperados para no ser rebasado y tomar o controlar el liderazgo, en aras de conservar el poder.
6:30 horas… Quemando algunas llantas de los camiones extractores del hierro, que habían sido desbarrancados en la euforia del día anterior, lograron los estudiantes mitigar el frío de la madrugada, reunidos en círculo por grupos de 50 a 60 estudiantes; así nos sorprendió un nuevo día, creo que muy pocos compañeros lograron dormir.
Era de amanecida y ya se arremolinaban centenares de padres de familia preguntando preocupados por sus hijos, quienes la noche anterior no habían ido a dormir a sus hogares. El rumor, rápidamente transformado en una noticia confirmada, daba cuenta a ricos y a pobres de la toma del cerro, pues como un reguero de pólvora se había extendido la información en pocas horas, desde el día anterior, por toda la ciudad.
Como en pasto seco, esta inédita acción prendió de inmediato en las conciencias de un pueblo oprimido y marginado del desarrollo nacional, pero que se volcó desde el día 3 de junio de ese año, a hacer “cola” en las innumerables filas en la entrada del cerro, para entregarles a sus hijos e incluso también a quienes no lo fueran, refrescos, frutas, viandas; todo un espectáculo de solidaridad y cariño para los arrojados jóvenes.
A pesar de ser un estado rico por sus inmensos recursos naturales, la pobreza era ancestral entre los duranguenses, pero que acentuada en los 60’s, fue el pasto, y el corazón del pueblo fue la mecha; de la gasolina se encargaron los organismos del sector privado y clubes sociales, así prendió esa explosión popular, como lo veremos más adelante.
A la Universidad pertenecían el mayor número de líderes naturales, por lo que los dirigentes técnicos inteligentemente propusieron, a través de Emiliano Hernández Camargo, que quienes integraran el Consejo de Gobierno Estudiantil fueran únicamente los que tuvieran formalmente en ese momento la representación oficial estudiantil; a 3 por institución educativa. Al principio esto le dio un equilibrio y garantía a los trabajos del Consejo. Lo dicho, también entre dirigentes estudiantiles, liderazgo y poder se ponían en juego.
Continuará…

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