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El juicio de la Historia

El presidente López Obrador siempre está pensando en la Historia. Así, con mayúscula. La palabra aparece constantemente en sus discursos y hasta sus lemas de campaña. Ha leído sobre el tema, tiene su versión de la historia mexicana y la divulga constantemente. Él se ve a sí mismo en la historia. 

Es tempranísimo para hablar de cuál será el juicio de la Historia sobre la figura política de Andrés Manuel López Obrador. Pero hay algo que debería preocuparle al presidente. Hay algunos párrafos que pueden empezar a escribirse y estoy seguro que no es así como quiere entrar a los libros. 

El despliegue de más de 20 mil militares contra la migración “irregular”, como se le llama en este gobierno, es algo inédito, inaudito. El propio Donald Trump —el mandatario estadounidense más racista y antimexicano del que se tenga registro— afirma que las leyes mexicanas de migración son muy duras y felicita a México por cómo trata a los centroamericanos. Eso debería darnos una pista de dónde está alineado el país. 

Si Peña Nieto le hizo la campaña a Trump invitándolo a Los Pinos para darle trato de jefe de Estado, López Obrador le está haciendo la reelección dándole el principal argumento de campaña: gracias a que presioné a México, sí pude con la migración, los demócratas no. 

“Ellos pueden hacer muchas cosas”, dice Trump sobre los gobernantes mexicanos. Sabe que en Estados Unidos no podría poner a militares a detener migrantes ni a detener personas nomás para pedirles sus documentos. Una lluvia de amparos lo frenaría. Es una lucha añeja de las organizaciones defensoras de migrantes, a las que solía acompañar el gobierno mexicano. Eran otros tiempos. Pero el actual gobierno de México sí puede hacer eso y lo está haciendo. Lo vimos en las fotos de la AFP, sabemos lo que pasa en los camiones, nos llegan noticias de militares que detienen al que tenga cara de migrante y le exigen sus documentos. Hasta donde me quedé, eso no sólo viola los derechos humanos: eso viola la Constitución. Si esto estuviera sucediendo en Estados Unidos, habría un escándalo mayúsculo. 

El presidente evade con su discurso de que “respetan sus derechos humanos” como si violar los derechos humanos sólo fuera matarlos o golpearlos. ¿Qué estaría diciendo López Obrador si fuera opositor? ¿Qué diría del pacto con Trump, del uso de las fuerzas armadas para detener migrantes? ¿Qué diría de los albergues donde mujeres y niños sobreviven hacinados, sin comida, devorados por zancudos? 

El riesgo de derechos humanos asoma la cara. Es la represión generalizada de la migración indocumentada. Ni más ni menos. Que el lopezobradorismo no entienda el significado de represión es otra historia. Los periódicos estadounidenses así lo manejan: “Mexico’s crackdown on ilegal immigration”. Si la mayoría de la población está de acuerdo con este trato a los migrantes, si el gobierno se da terapias de autoayuda convenciéndose de que no había de otra frente a la amenaza de aranceles, eso no les otorga un cheque en blanco. 

¿Así quiere pasar a la Historia el presidente?

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