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El PAN en su encrucijada

El pasado Consejo Nacional del PAN, celebrado el fin de semana anterior, arrojó como resultado lo que ya muchos anticipaban: un decepcionante ejercicio, carente de autocrítica y que muestra un partido extraviado en su misión y visión, que le ha dado la espalda a sus fundamentos y copado por  gente afín a la persona que los condujo a la derrota más estrepitosa en su historia.

Cuando llegó a la presidencia de la República Felipe Calderón, impuso a dos presidentes nacionales del PAN: el hoy miembro de MORENA, Germán Martínez y  César Nava, dos perfiles entregados al primer panista del país y a través de los cuáles Calderón impuso su voluntad al interior de ese partido.

El Consejo Nacional de diciembre de 2010 marcaría el principio del final del grupo, los calderonistas, que se habían apropiado del PAN. Gustavo Madero y Roberto Gil Zuarth contendieron por la presidencia nacional blanquiazul. Una fractura en el seno del grupo calderonista provocó que el primer mandatario hiciera trabajo para cerrarle el paso a quien fue se secretario particular, Roberto Gil, y hacer ganar a Madero y, posteriormente, se evitó que gente cercana a él formaran parte del Comité Ejecutivo Nacional, entre ellos la duranguense Patricia Flores Elizondo.

Madero asumió la presidencia nacional y de a poco fue quitando de posiciones claves a personajes ligados con Calderón. Además, realizó cambios en los estatutos para asegurar su reelección. En 2014, enfrentó a Ernesto Cordero por la presidencia nacional de Acción Nacional. En esta ocasión, el método fue a través del voto libre y directo. Tener el control del presupuesto y de las estructuras en el país contribuyó a que Madero saliera victorioso.

Después de Madero, apareció Ricardo Anaya con el signo de la traición a cuestas. Siguiendo la escuela de Calderón, Anaya centralizó el poder se convirtió en juez y parte del proceso de selección interno de candidato a la presidencia de la República, utilizó los recursos y los spots promocionales para realizar un culto a su imagen y fue el principal interlocutor con el gobierno de Peña Nieto.

A eso hay que agregarle el tema de la llamada coalición Por México al Frente que resultó todo un fracaso en lo electoral y un despropósito desde lo ideológico: partidos con visiones de país diametralmente opuestas como son las del PAN y PRD, unidos por objetivos, según decían, iba más allá de lo meramente electoral. Hoy en día, el Frente está por desaparecer, al igual que el PRD y a punto estuvo de quedar sin registro el partido Movimiento Ciudadano, con todo y el niño Yuawi y su popular canción de “Movimiento naranja”.

Después de las elecciones presidenciales de julio los datos duros ponen sobre la mesa los resultados del PAN bajo la presidencia de Anaya y bajó su candidatura, tan solo poco más de 80 legisladores tendrán al inicio del sexenio de López Obrador, cifras similares a las que tenían a mediados de los años ochentas del siglo pasado.

Por lo que se pudo ver y escuchar en el pasado Consejo Nacional, el PAN no tiene mucho nuevo que ofrecer. Las voces críticas de la actual dirigencia fueron maltratadas, en el mejor de los casos, o simplemente no tenidas en cuenta.

El PAN proyecta una imagen de un partido confrontado en lo interno y que le dio la espalda a los principios establecidos por sus fundadores. Necesitan dar un cambio radical si pretenden jugar un rol de una oposición comprometida. El descredito de Ricardo Anaya los pone en una posición muy endeble para negociar o pactar con el gobierno de López Obrador por la imagen que se ha ganado, entre otras cosas, de traidor.

El PAN llegó a la hora de tomar definiciones. Lo que mostró el fin de semana no abona en lo absoluta para lavar su rostro.

El PAN llegó a su encrucijada y al parecer no se dio por enterado.

ladoscuro73@yahoo.com.mx

@ferramirezguz

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