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El uso electorero de los indígenas

En el marco del Día del Maestro, vino hacia mí un recuerdo de Gabino Martínez Guzmán, profesor universitario que me brindara su amistad, la cual me demostraba con el obsequio permanente de sus diversas obras literarias y ejercicios de investigación histórica.
Justo el día de ayer me encontraba organizando mi biblioteca y hallé dos de sus libros; uno donde relata la investigación histórica que realizó en torno al conflicto territorial en la zona indígena de Bernalejo, que a principios de siglo se suscitó una controversia limítrofe entre los estados de Durango y Zacatecas por la disputa territorial de un predio boscoso que reclamaba el gobierno zacatecano de Monreal, aduciendo que estaba en su territorio.
Relata el maestro Gabino Martínez, que el entonces gobernador de Zacatecas, Ricardo Monreal, no le importaba pisotear los centros ceremoniales de los indígenas tepehuanos establecidos en esa zona limítrofe entre las entidades federativas en cuestión, por lo que los indígenas se crisparon en la defensa de sus usos y costumbres, obligando a autoridades administrativas y jurisdiccionales a resolver la controversia; Gabino Martínez resalta la labor conciliatoria que hizo en la línea de fuego, el entonces secretario de Gobierno, José Miguel Castro Carrillo.
Esta lectura me llevó a reflexionar sobre la explotación política y económica de las que son víctimas los integrantes de las diferentes etnias; no ha sido suficiente la creación de un derecho indígena para proteger sus usos y costumbres, dado que la clase política siempre ha buscado la manera de mantener sumidos en el atraso y la pobreza a los indígenas para sacarles raja electorera.
Precisamente, otro de los libros del maestro Gabino Martínez Guzmán que encontré entre los estantes de mi librero, se titula Memoria Periodística, y se compone de un conjunto de artículos que publicó en diferentes periódicos de la localidad. La mayoría de sus escritos giran entorno a su participación como candidato a gobernador de Durango por el PT en el año 2010.
El entonces investigador universitario, describe el oportunismo y la conveniencia política de Gonzalo Yáñez, que en ese entonces supo engañarlo para la postre entregar su candidatura en negociaciones económicas tanto con Ismael Hernández Deras como con José Rosas Aispuro Torres.
Esto nos lleva a reflexionar, que el actual candidato a senador de la República por la coalición que encabeza Morena, es un diestro embaucador, pues así como engañó a Otniel García Navarro prometiéndole el oro y el moro, ahora lo pretende hacer con los indígenas de la zona del Mezquital, a quienes les promete crear un distrito y un municipio indígena, que se rija de exclusivamente con sus usos y costumbres tal y como sucede en estados como Oaxaca y Chiapas. Desde luego que esto se trata de un ardid publicitario.
Las comunidades indígenas tienen que jugar un papel trascendental en este proceso electoral, no como parte fundamental del clientelismo, del condicionamiento de sus votos a cambio de los múltiples programas asistenciales, sino como actores fundamentales en el cambio de estado de cosas; los indígenas tienen que ser incluidos en los procesos de toma de decisiones y no en estrategias electoreras que los lleve a seguir igual, apartados del mundo y enclaustrados en la extrema pobreza.

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