En el PRI “el horno no está para boyos”


El cometido que debe cumplir la XXII Asamblea Nacional del PRI, no es sólo dilucidar sus reglas internas rumbo al 2018, debe ir en dos vertientes, la primera de ellas, es dar desde ése cónclave, un mensaje claro a la sociedad, privilegiar la humildad, la autocrítica y dar respuesta a las insatisfacciones y demandas nacionales y la segunda, una necesaria catarsis y aliento a su militancia, con pleno respeto a su libre expresión.
Primero. Es obligado hacer un ejercicio de disculpa pública sincera a los mexicanos, la cual se les está debiendo, por los escandalosos actos de corrupción que han protagonizado algunos priístas al frente de distintas responsabilidades, particularmente por el caso de los ex gobernadores señalados y aceptar que el partido se equivocó al postularlos.
Muchos militantes nos sentimos avergonzados por esos excesos en que incurrieron y el partido debe deslindarse públicamente de ellos desde su asamblea nacional, todavía es tiempo de dejar en claro, con contundencia, que el partido no comparte ni solapa dichos actos deshonestos, caro hemos pagado esa factura política con la pérdida de millones de votos en los últimos cinco años. De lo contrario se presume complicidad.
El PRI debe inscribirse y dar pruebas del combate frontal a la impunidad, si queremos ser creíbles. Debe emanar de ése gran encuentro nacional priísta, un discurso crítico y de censura incluso a sus militantes que incurren en actos que deshonran a su partido y que se sumará a la condena pública y a la exigencia de justicia y castigo.
El PRI debe abandonar el discurso demagógico de la autocomplacencia y autojustificación y culpar a los adversarios de nuestra mala racha, asumir nuestra responsabilidad histórica, la sociedad ya está divorciada de los discursos triunfalistas y de cuentas alegres, los ciudadanos están escépticos y han perdido la confianza y eso lo debemos entender para reconquistarla. Sin la arrogancia del CEN del PRI.
La Asamblea Nacional debe ocuparse, más allá de dirimir asuntos de consumo interno, ha demostrar que es un partido con visión de Estado y exponer con claridad el México que queremos y dar respuesta a los nuevos retos, como es el agotamiento del modelo económico liberal y aceptar el desgaste de nuestro sistema político y de la incredulidad de los mexicanos hacia los órganos electorales, la gente quiere escuchar qué pensamos hacer para abatir de verdad la pobreza y cómo vamos a defender nuestra soberanía nacional ante la acechanza permanente de los Estados Unidos.
Eso es lo que los ciudadanos quieren escuchar, cuál va a ser el proyecto del PRI para detener la descomposición social y cuáles serían sus ofertas para nuevas políticas públicas. Estamos quizá ante la última oportunidad que tenemos para recuperar la confianza ciudadana y ya no estar perdiendo el tiempo en dedicarnos sólo a denostar a los adversarios con guerras sucias y no ser capaces de vernos hacia dentro, hacia nosotros mismos.
No debemos ganar por campañas sucias, si vamos a ganar, será porque somos las mejores y más serias propuestas, no porque fuimos los que más descalificamos y denostamos a los demás. Ocuparnos más en construir el nuevo proyecto del México.
En segundo término. Claro que es importante ponernos de acuerdo en las reglas que se van a seguir al interior del PRI para participar en los comicios, y esa es la otra vertiente en la que debe transitar la asamblea nacional, pero después de darle una puntual lectura de lo que pide la sociedad. Ser respetuoso de los reclamos de su militancia para que sean participativos, sin trucos ni maniobras para querer imponer arreglos cupulares previos, ni mayoritear con delegados arreglados.
Si no hace un esfuerzo real para propiciar la expresión de su militancia sin cortapisas, quedará sólo en una asamblea cosmética, controlada y acotada, en donde sólo haya delegados a modo, escogidos desde la cúpula y perdería sentido esta asamblea nacional, lo que puede obligar a muchos militantes, a recurrir a tribunales electorales en defensa de sus derechos, toda vez que, los derechos políticos electorales, son ya considerados, como derechos humanos.
Una asamblea que no dé resultados de renovación y que no cumpla con las expectativas de sus militantes y de la opinión pública, será contraproducente y tendrá costos electorales. Amén del desencanto y ahuyentismo en la jornada electoral que se avecina. Si bien hay “tambores de guerra”, creo que no habrá ruptura, falta un líder que amalgame a los insurrectos. Aunque los “rebeldes” obtengan algunas candidaturas, el roll más importante lo jugará Manlio Fabio Beltrones.
Es cierto que con el puro voto “duro” del PRI no le alcanza para ganar las elecciones, que necesitamos figuras externas. Pero también es cierto, que la imposición de un candidato presidencial, dividiría y ahuyentaría el voto “duro” y sin él, menos ganamos.
De ahí la importancia de que esas propuestas externas y alianzas se sometan también a una consulta abierta con los militantes y simpatizantes y compitan con los de casa. Que no sean decisiones cupulares y verticales. Y el que gane, se vaya legitimado a competir a las urnas constitucionales.
Con la última encuesta ordenada por Los Pinos y realizada por el Cisen, en la que el PRI ocupa un tercer lugar en las preferencias electorales, obliga a este partido a ya no equivocarse, ni hacer ejercicios de simulación. Lo veremos en la XXII Asamblea Nacional. El Horno no está para boyos, prevalece la amenaza de una falsa unidad para el 2018.